Pisando las huellas de la
misericordia en los gestos y palabras del Papa
El papa Francisco invita a preparar el Año Santo que iniciará el próximo 8 de
diciembre a través de las 7 obras de misericordia (corporales y espirituales).
En este itinerario exploramos las obras corporales a través de los gestos y las
palabras de Francisco. A continuación, en esta última entrega, nos
focalizaremos en dar de comer al hambriento como una urgencia
que demanda a la comunidad internacional y a cada uno de nosotros.
En su
mensaje, el Pontífice confirma que la Iglesia nos enseña qué es la misericordia.
Entendida además como una urgencia espiritual y la necesidad de caridad
organizada y estrategias concretas, todas contrapuestas a la que llama “la
globalización de la indiferencia”.
En el discurso que realizó
por primera vez en la sede de la FAO el 20 de noviembre de 2014, el Sucesor de
Pedro dijo que el “hambriento nos pide dignidad, no limosna”.
La Organización para Agricultura y la Alimentación de la ONU, sintió la voz
fuerte y critica del Papa sobre el destino de millones de personas,
especialmente niños que sufren el hambre en el mundo.
“Hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos", clamó ante la Asamblea de la Segunda Conferencia Internacional sobre nutrición de la FAO.
"Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva", aseguró.
La agresión bélica y económica entre naciones atenta contra los hambrientos
El Papa destacó que "vivimos en una época en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido". "Lo sabe bien quien carece del pan cotidiano y de un trabajo decente", agregó, al subrayar que "el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición".
El mercado no puede especular con la comida
En su alocución ante el foro de las naciones unidas recordó que "hoy día se habla mucho de derechos, olvidando con frecuencia los deberes; tal vez nos hemos preocupado demasiado poco de los que pasan hambre.Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la «prioridad del mercado» y por la «preeminencia de la ganancia», que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera", dijo.
"Y mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna", agregó entre aplausos.
Sucesivamente, Francisco pidió que se respetan en todas las circunstancias los derechos fundamentales de la persona humana "y, en nuestro caso, la persona con hambre".
La paradoja de la abundancia
Así habló del interés “por la producción, la disponibilidad de alimentos y el acceso a ellos”, pero “la primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia", denunció.
“Hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos", clamó ante la Asamblea de la Segunda Conferencia Internacional sobre nutrición de la FAO.
"Las personas y los pueblos exigen que se ponga en práctica la justicia; no sólo la justicia legal, sino también la contributiva y la distributiva", aseguró.
La agresión bélica y económica entre naciones atenta contra los hambrientos
El Papa destacó que "vivimos en una época en la que las relaciones entre las naciones están demasiado a menudo dañadas por la sospecha recíproca, que a veces se convierte en formas de agresión bélica y económica, socava la amistad entre hermanos y rechaza o descarta al que ya está excluido". "Lo sabe bien quien carece del pan cotidiano y de un trabajo decente", agregó, al subrayar que "el derecho a la alimentación sólo quedará garantizado si nos preocupamos por su sujeto real, es decir, la persona que sufre los efectos del hambre y la desnutrición".
El mercado no puede especular con la comida
En su alocución ante el foro de las naciones unidas recordó que "hoy día se habla mucho de derechos, olvidando con frecuencia los deberes; tal vez nos hemos preocupado demasiado poco de los que pasan hambre.Duele constatar además que la lucha contra el hambre y la desnutrición se ve obstaculizada por la «prioridad del mercado» y por la «preeminencia de la ganancia», que han reducido los alimentos a una mercancía cualquiera, sujeta a especulación, incluso financiera", dijo.
"Y mientras se habla de nuevos derechos, el hambriento está ahí, en la esquina de la calle, y pide carta de ciudadanía, ser considerado en su condición, recibir una alimentación de base sana. Nos pide dignidad, no limosna", agregó entre aplausos.
Sucesivamente, Francisco pidió que se respetan en todas las circunstancias los derechos fundamentales de la persona humana "y, en nuestro caso, la persona con hambre".
La paradoja de la abundancia
Así habló del interés “por la producción, la disponibilidad de alimentos y el acceso a ellos”, pero “la primera preocupación debe ser la persona misma, aquellos que carecen del alimento diario y han dejado de pensar en la vida, en las relaciones familiares y sociales, y luchan sólo por la supervivencia", denunció.
Tras evocar a san Juan Pablo II, que en la inauguración de la Primera
Conferencia sobre Nutrición, en 1992, puso en guardia a la comunidad
internacional ante el riesgo de la “paradoja de la abundancia”, Francisco
remarcó que no han cambiado demasiado las cosas.
Las mentiras
sobre el hambre y la falta de solidaridad
El Papa señaló tres
retos urgentes para la comunidad internacional y para cada persona que puede
aplicar soluciones y acciones concretas contra el hambre:
“Hay pocos
temas sobre los que se esgrimen tantos sofismas como los que se dicen sobre el
hambre; pocos asuntos tan susceptibles de ser manipulados por los datos, las
estadísticas, las exigencias de seguridad nacional, la corrupción o un reclamo
lastimero a la crisis económica. Este es el primer reto que se ha de
superar”.
“El segundo reto que se debe afrontar es la falta de
solidaridad”, indicó Francisco en medio de más aplausos de la Asamblea.
“Nuestras sociedades se caracterizan por un creciente individualismo y por la
división; esto termina privando a los más débiles de una vida digna y provocando
revueltas contra las instituciones.
Cuando
falta la solidaridad en un país, se resiente todo el mundo, advirtió. En efecto,
la solidaridad es la actitud que hace a las personas capaces de salir al
encuentro del otro y fundar sus relaciones mutuas en ese sentimiento de
hermandad que va más allá de las diferencias y los límites, e impulsa a buscar
juntos el bien común” sostuvo.
Acto seguido, en el tercer reto, el
Pontífice habló de la necesidad creciente de amor, justicia y
paz en las comunidades y naciones.
“A los Estados, concebidos
como una comunidad de personas y de pueblos -continuó- se les pide que actúen de
común acuerdo, que estén dispuestos a ayudarse unos a otros mediante los
principios y normas que el derecho internacional pone a su disposición",
indicó.
"Una fuente inagotable de inspiración es la ley natural,
inscrita en el corazón humano, que habla un lenguaje que todos pueden entender:
amor, justicia, paz, elementos inseparables entre sí", afirmó.
"Como las
personas, también los Estados y las instituciones internacionales están llamados
a acoger y cultivar estos valores, en un espíritu de diálogo y escucha
recíproca. De este modo, el objetivo de nutrir a la familia humana se
hace factible” añadió.
Fuente: Aleteia