Prosigue
en la misma materia. Comienza a declarar los efectos que hace en el alma este grado de oración.
Persuade
mucho a que no tornen atrás, aunque después de esta merced tornen a caer, ni dejen la
oración. Dice los daños que vendrán de no hacer esto. Es mucho de notar y
de gran consolación para los flacos y pecadores.
1.
Queda el alma de esta oración y unión con grandísima ternura, de manera que se
querría deshacer, no de pena, sino de unas lágrimas gozosas. Hállase bañada de
ellas sin sentirlo ni saber cuándo ni cómo las lloró; mas dale gran deleite ver
aplacado aquel ímpetu del fuego con agua que le hace más crecer (1).
Parece
esto algarabía (2), y pasa así. Acaecídome ha algunas veces en este término de
oración estar tan fuera de mí, que no sabía si era sueño o si pasaba en verdad
la gloria que había sentido; y de verme llena de agua que sin pena destilaba
con tanto ímpetu y presteza que parece lo echaba de sí aquella nube del cielo,
veía que no había sino sueño. Esto era a los principios, que pasaba con
brevedad.
Quédase
sola con El, ¿qué ha de hacer sino amarle? Ni ve ni oye, si no fuese a fuerza
de brazos: poco hay que la agradecer. Su vida pasada se le representa después y
la gran misericordia de Dios, con gran verdad y sin haber menester andar a caza
el entendimiento (6), que allí ve guisado lo que ha de comer y entender. De sí
ve que merece el infierno y que le castigan con gloria. Deshácese en alabanzas
de Dios, y yo me querría deshacer ahora. ¡Bendito seáis, Señor mío, que así
hacéis de pecina (7) tan sucia como yo, agua tan clara que sea para vuestra
mesa! ¡Seáis alabado, oh regalo de los ángeles, que así queréis levantar un
gusano tan vil!
3.
Queda algún tiempo este aprovechamiento en el alma: puede ya, con entender claro
que no es suya la fruta, comenzar a repartir de ella, y no le hace falta a sí
(8). Comienza a dar muestras de alma que guarda tesoros del cielo, y a tener
deseo de repartirlos con otros, y suplicar a Dios no sea ella sola la rica.
Comienza a aprovechar a los prójimos casi sin entenderlo ni hacer nada de sí;
ellos lo entienden, porque ya las flores tienen tan crecido el olor, que les
hace desear llegarse a ellas. Entienden que tiene virtudes y ven la fruta que
es codiciosa. Querríanle ayudar a comer.
Si
esta tierra está muy cavada con trabajos y persecuciones y murmuraciones y
enfermedades que pocos deben llegar aquí sin esto y si está mullida con ir muy
desasida de propio interés, el agua se embebe tanto, que casi nunca se seca;
mas si es tierra que aun se está en la tierra y con tantas espinas como yo al
principio estaba, y aun no quitada de las ocasiones ni tan agradecida como
merece tan gran merced, tórnase la tierra a secar.
Y
si el hortelano se descuida y el Señor por sola su bondad no torna a querer llover,
dad por perdida la huerta, que así me acaeció a mí algunas veces; que, cierto,
yo me espanto y, si no hubiera pasado por mí, no lo pudiera creer.
Escríbolo
para consuelo de almas flacas, como la mía, que nunca desesperen ni dejen de
confiar en la grandeza de Dios. Aunque después de tan encumbradas, como es
llegarlas el Señor aquí, caigan, no desmayen, si no se quieren perder del todo;
que lágrimas todo lo ganan: un agua trae otra (9).
4.
Una de las cosas porque me animé siendo la que soy a obedecer en escribir esto
y dar cuenta de mi ruin vida y de las mercedes que me ha hecho el Señor, con no
servirle sino ofenderle, ha sido ésta. Que cierto, yo quisiera aquí tener gran
autoridad para que se me creyera esto. Al Señor suplico Su Majestad la dé. Digo
que no desmaye nadie de los que han comenzado a tener oración, con decir:
"si torno a ser malo, es peor ir adelante con el ejercicio de ella".
Yo lo creo, si se deja la oración y no se enmienda del mal; mas, si no la deja,
crea que la sacará a puerto de luz. Hízome en esto gran batería (10) el
demonio, y pasé tanto en parecerme poca humildad tenerla, siendo tan ruin, que,
como ya he dicho (11), la dejé año y medio al menos un año, que del medio no me
acuerdo bien Y no fuera más, ni fue, que meterme yo misma sin haber menester
demonios que me hiciesen ir al infierno. ¡Oh, válgame Dios, qué ceguedad tan
grande! ¡Y qué bien acierta el demonio para su propósito en cargar aquí la
mano! Sabe el traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene
perdida y que todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bondad de
Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio: ¡algo le va en ello!
5.
¡Oh Jesús mío! ¡Qué es ver un alma que ha llegado aquí, caída en un pecado,
cuando Vos por vuestra misericordia la tornáis a dar la mano y la levantáis!
¡Cómo conoce la multitud de vuestras grandezas y misericordias y su miseria!
Aquí es el deshacerse de veras y conocer vuestras grandezas; aquí el no osar
alzar los ojos; aquí es el levantarlos para conocer lo que os debe; aquí se
hace devota de la Reina del Cielo para que os aplaque; aquí invoca los Santos
que cayeron después de haberlos Vos llamado (12), para que la ayuden; aquí es
el parecer que todo le viene ancho lo que le dais, porque ve no merece la tierra
que pisa; el acudir a los Sacramentos; la fe viva que aquí le queda de ver la
virtud que Dios en ellos puso; el alabaros porque dejasteis tal medicina y
ungüento para nuestras llagas, que no las sobresanan, sino que del todo las
quitan (13). Espántanse de esto. Y ¿quién, Señor de mi alma, no se ha de
espantar de misericordia tan grande y merced tan crecida a traición tan fea y
abominable? Que no sé cómo no se me parte el corazón, cuando esto escribo;
porque soy ruin.
6.
Con estas lagrimillas que aquí lloro, dadas de Vos agua de tan mal pozo en lo
que es de mi parte parece que os hago pago de tantas traiciones, siempre
haciendo males y procurando deshacer las mercedes que Vos me habéis hecho.
Ponedlas Vos, Señor mío, valor; aclarad agua tan turbia, siquiera porque no dé
a alguno tentación en echar juicios, como me la ha dado a mí, pensando por qué,
Señor, dejáis unas personas muy santas, que siempre os han servido y trabajado,
criadas en religión y siéndolo, y no como yo que no tenía más del nombre (14),
y ver claro que no las hacéis las mercedes que a mí. Bien veía yo, Bien mío,
que les guardáis Vos el premio para dársele junto, y que mi flaqueza ha
menester esto. Ya ellos, como fuertes, os sirven sin ello y los tratáis como a
gente esforzada y no interesal (15).
7.
Mas con todo, sabéis Vos, mi Señor, que clamaba muchas veces delante de Vos,
disculpando a las personas que me murmuraban, porque me parecía les sobraba
razón. Esto era ya, Señor, después que me teníais por vuestra bondad para que
tanto no os ofendiese, y yo estaba ya desviándome de todo lo que me parecía os
podía enojar; que en haciendo yo esto, comenzasteis, Señor, a abrir vuestros
tesoros para vuestra sierva. No parece esperabais otra cosa sino que hubiese
voluntad y aparejo en mí para recibirlos, según con brevedad comenzasteis a no
sólo darlos, sino a querer entendiesen me los dabais.
8.
Esto entendido, comenzó a tenerse buena opinión de la que todas aún no tenían
bien entendido cuán mala era, aunque mucho se traslucía. Comenzó la murmuración
y persecución de golpe y, a mi parecer, con mucha causa; y así no tomaba con
nadie enemistad, sino suplicábaos a Vos miraseis la razón que tenían. Decían
que me quería hacer santa y que inventaba novedades no habiendo llegado
entonces con gran parte (16) aun a cumplir toda mi Regla, ni a las muy buenas y
santas monjas que en casa (17) había (ni creo llegaré, si Dios por su bondad no
lo hace todo de su parte), sino antes lo era yo para quitar lo bueno y poner
costumbres que no lo eran; al menos hacía lo que podía para ponerlas, y en el
mal podía mucho. Así que sin culpa suya me culpaban. No digo eran sólo monjas,
sino otras personas; descubríanme verdades, porque lo permitíais Vos.
9.
Una vez rezando las Horas, como yo algunas tenía esta tentación, llegué al verso
que dice: Justus es, Domine, y tus juicios; (18) comencé a pensar cuán gran
verdad era, que en esto no tenía el demonio fuerza jamás para tentarme de
manera que yo dudase tenéis Vos, mi Señor, todos los bienes, ni en ninguna cosa
de la fe, antes me parecía mientras más sin camino natural iban, más firme la
tenía, y me daba devoción grande: en ser todopoderoso quedaban conclusas (19)
en mí todas las grandezas que hicierais Vos, y en esto como digo jamás tenía
duda. Pues pensando cómo con justicia permitíais a muchas que había como tengo
dicho (20) muy vuestras siervas, y que no tenían los regalos y mercedes que me
hacíais a mí, siendo la que era, respondísteisme, Señor: Sírveme tú a Mí, y no
te metas en eso. Fue la primera palabra que entendí hablarme Vos, y así me
espantó mucho.
Porque
después declararé esta manera de entender (21), con otras cosas, no lo digo
aquí, que es salir del propósito, y creo harto he salido: casi no sé lo que me
he dicho. No puede ser menos, mi hijo (22), sino que ha vuestra merced de
sufrir estos intervalos; porque cuando veo lo que Dios me ha sufrido y me veo
en este estado, no es mucho pierda el tino de lo que digo y he de decir. Plega
al Señor que siempre sean esos mis desatinos y que no permita ya Su Majestad
tenga yo poder para ser contra El un punto, antes en éste que estoy me consuma
(23).
10.
Basta ya para ver sus grandes misericordias, no una sino muchas veces que ha
perdonado tanta ingratitud. A San Pedro una vez que lo fue (24), a mí muchas;
que con razón me tentaba el demonio no pretendiese amistad estrecha con quien
trataba enemistad tan pública. ¡Qué ceguedad tan grande la mía! ¿Adónde
pensaba, Señor mío, hallar remedio sino en Vos? ¡Qué disparate huir de la luz
para andar siempre tropezando! ¡Qué humildad tan soberbia inventaba en mí el
demonio: apartarme de estar arrimada a la columna y báculo que me ha de
sustentar para no dar tan gran caída! (25) Ahora me santiguo y no me parece que
he pasado peligro tan peligroso como esta invención que el demonio me enseñaba
por vía de humildad. Poníame en el pensamiento que cómo cosa tan ruin y
habiendo recibido tantas mercedes, había de llegarme a la oración; que me
bastaba rezar lo que debía, como todas; mas que aun pues esto (26) no hacía
bien, cómo quería hacer más; que era poco acatamiento y tener en poco las
mercedes de Dios.
Bien
era pensar y entender esto; mas ponerlo por obra fue el grandísimo mal. Bendito
seáis Vos, Señor, que así me remediasteis.
11.
Principio de la tentación que hacía a Judas me parece ésta, sino que no osaba
el traidor tan al descubierto; mas él viniera de poco en poco a dar conmigo
adonde dio con él (27). Miren esto, por amor de Dios, todos los que tratan
oración. Sepan que el tiempo que estuve sin ella era mucho más perdida mi vida;
mírese qué buen remedio me daba el demonio y qué donosa humildad; un
desasosiego en mí grande. Mas ¿cómo había de sosegar mi alma? Apartábase la
cuitada de su sosiego; tenía presentes las mercedes y favores; veía los
contentos de acá ser asco. Cómo pudo pasar, me espanto. Era con esperanza que
nunca yo pensaba (28) (a lo que ahora me acuerdo, porque debe haber esto más de
veinte y un años), dejaba de estar determinada de tornar a la oración; mas
esperaba a estar muy limpia de pecados. ¡Oh, qué mal encaminada iba en esta esperanza!
Hasta el día del juicio me la libraba (29) el demonio, para de allí llevarme al
infierno.
12.
Pues teniendo oración y lección (30) que era ver verdades y el ruin camino que
llevaba e importunando al Señor con lágrimas muchas veces, era tan ruin que no
me podía valer, apartada de esto, puesta en pasatiempos con muchas ocasiones y
pocas ayudas y osaré decir ninguna sino para ayudarme a caer, ¿qué esperaba
sino lo dicho?
Creo
tiene mucho delante de Dios un fraile de Santo Domingo (31), gran letrado, que
él me despertó de este sueño; él me hizo, como creo he dicho, comulgar de
quince a quince días; y del mal, no tanto (32). Comencé a tornar en mí, aunque
no dejaba de hacer ofensas al Señor; mas como no había perdido el camino,
aunque poco a poco, cayendo y levantando, iba por él; y el que no deja de andar
e ir adelante, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa perder el camino
sino dejar la oración. ¡Dios nos libre, por quien Él es!
13.
Queda de aquí entendido y nótese mucho, por amor del Señor que aunque un alma
llegue a hacerla Dios tan grandes mercedes en la oración, que no se fíe de sí,
pues puede caer, ni se ponga en ocasiones en ninguna manera. Mírese mucho, que
va mucho; (33) que el engaño que aquí puede hacer el demonio después, aunque la
merced sea cierto de Dios, es aprovecharse el traidor de la misma merced en lo
que puede, y (34) a personas no crecidas en las virtudes, ni mortificadas, ni
desasidas; porque aquí no quedan fortalecidas tanto que baste, como adelante
diré (35), para ponerse en las ocasiones y peligros, por grandes deseos y
determinaciones que tengan... Es excelente doctrina ésta, y no mía, sino
enseñada de Dios; y así querría que personas ignorantes, como yo, la supiesen.
Porque aunque esté un alma en este estado, no ha de fiar de sí para salir a
combatir, porque hará harto en defenderse. Aquí son menester armas para
defenderse de los demonios, y aún no tienen fuerzas para pelear contra ellos y
traerlos debajo de los pies, como hacen los que están en el estado que diré
después (36).
14.
Este es el engaño con que coge el demonio: que, como se ve un alma tan llegada
a Dios y ve la diferencia que hay del bien del cielo al de la tierra y el amor
que la muestra el Señor, de este amor nace confianza y seguridad de no caer de
lo que goza; parécele que ve claro el premio, que no es posible ya en cosa que
aun para la vida es tan deleitosa y suave, dejarla por cosa tan baja y sucia
como es el deleite; y con esta confianza quítale el demonio la poca que ha de
tener de sí; y, como digo, pónese en los peligros y comienza con buen celo a
dar de la fruta sin tasa (37), creyendo que ya no hay que temer de sí. Y esto
no va con soberbia, que bien entiende el alma que no puede de sí nada, sino de
mucha confianza de Dios sin discreción, porque no mira que aún tiene pelo malo.
Puede salir del nido, y sácala Dios; mas aún no están para volar; porque las
virtudes aún no están fuertes, ni tiene experiencia para conocer los peligros,
ni sabe el daño que hace en confiar de sí.
15.
Esto fue lo que a mí me destruyó. Y para esto y para todo hay gran necesidad de
maestros y trato con personas espirituales. Bien creo que alma que llega Dios a
este estado, si muy del todo no deja a Su Majestad, que no la dejará de
favorecer ni la dejará perder. Mas cuando, como he dicho (38), cayere, mire,
mire por amor del Señor no la engañe en que deje la oración, como hacía a mí
con humildad falsa, como ya lo he dicho y muchas veces lo querría decir.
Fíe
de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer, y no
se acuerda de nuestra ingratitud, cuando nosotros, conociéndonos, queremos
tornar a su amistad, ni de las mercedes que nos ha hecho para castigarnos por
ellas; antes ayudan a perdonarnos más presto, como a gente que ya era de su
casa y ha comido, como dicen, de su pan.
Acuérdense
de sus palabras (39) y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de
ofenderle, que Su Majestad dejó de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se
pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir.
Sea
bendito para siempre, amén, y alábenle todas las cosas.
NOTAS CAPÍTULO 19
Doble tema del
capítulo: efectos o influjo de este grado de oración en la vida del orante
(según lo prometido en el c. 18,6), y la consigna de no abandonar la oración:
compárese con el título.
1 La imagen de
"fuego y agua" hermanados, la desarrollará en Camino 19, 8-15, donde
insiste en el tema paradójico del agua que enciende más y más el fuego.
2 Algarabía: en
el sentido de lenguaje ininteligible (cf. 14, 8 nota; y Camino 20, 5).
3 Al encomenzar,
escribe la Santa (como en 4, 2 nota). Modernizamos la lectura. Texto mal leído
por los editores modernos, que omiten el artículo. También trascriben mal la
frase siguiente ("está muy más aprovechada..."). Texto bien leído por
fray Luis (p. 211).
4 Ni fue parte:
no participó o no contribuyó a...
5 Que puede:
está borrado el "que" en el autógrafo. Leemos como fray Luis (p. 211).
6 Andar a caza
(de razones) el entendimiento.
7 Pecina: cieno.
8 Reaparece la
alegoría del huerto (11, 6): repartir la fruta es comunicar a otros las gracias
propias (Cf. 17, 2; y el n. 14 de este capítulo).
9 Un agua trae
(consigue) otra agua. Especie de axioma teresiano. Aquí quiere decir que el
agua de las lágrimas consigue el agua de gracias superiores para regar el
huerto. - En el autógrafo alguien subrayó la frase anterior: lágrimas todo lo
ganan.
10 Batería:
guerra.
11 "Un año
y más", había dicho en el c. 7, 11.
12 Es el tema de
los "santos pecadores", reiterado en la narración: pról. 1; 9, 7, etc.
13 Probable
alusión a la doctrina luterana, según la cual la gracia sólo "cubre",
no "quita" (elimina) las llagas del pecado.
14 Es decir:
"personas... criadas en religión y siendo religiosas de verdad, y no como
yo que no tenía más que el nombre de religiosa".
15 Gente no
interesal: que no obra por interés.
16 Con gran
parte: ni con mucho.
17 En casa: en
la Encarnación de Avila. - A continuación: lo era yo, es decir, "era yo
parte", en la acepción de participar, contribuir a...
18 Es el salmo
118, 137: "iustus es, Domine, et rectum iudicium tuum".
19 Conclusas:
incluidas.
20 Se remite a
lo dicho en el n. 6. - En el autógrafo, la frase comienza con un signo que
prodría leerse "Oh".
21 Lo declarará
en los cc. 25-27.
22 Mi hijo:
borrado en el autógrafo (por Báñez ?). Ya había ocurrido lo mismo en el c. 16,
6. Motivo probable: juzgar demasiado confidencial la expresión. - El aludido es
García de Toledo.
23 Especie de
oración auto-imprecatoria. Ya afloró en el c. 5, 11.
24 Es decir: a
San Pedro lo perdonó, tras serle ingrato una sola vez. Sigue aludiendo a lo
referido en el c. 7, 11.
25 Imágenes ya
utilizadas en el c. 8, 1. - A continuación: yo me santiguo: me hago cruces de
asombro (cf. c. 37, 9).
26 En recto
orden: "pues aun esto no hacía bien".
27 Alusiones a
la narración de Hechos 1, 18.
28 Pensaba:
puede omitirse este verbo (así lo hizo fray Luis, p. 220), pues la frase se
reinicia tras el paréntesis. -Más de 21 años: escribe esto en 1565 (2ª
redacción), y los hechos aludidos datan de 1543/1544 (cf. 7, 17).
29 Libraba: en
su acepción financiera: "dar carta de libranza o de pago". Ironiza:
el demonio se la daría hasta el día del juicio.
30 Lección:
lectura.
31 "Fr.
Vicente Barrón", anota Gracián en su ejemplar. Ya lo narró ella en el c.
7, 17 y c. 5, 3.
32 Del mal no
tanto. A modo de exclamación: "del mal el menos". Cf. la misma
expresión en Camino 1, 4.
33 Va mucho:
importa mucho.
34 Se
sobreentiende: y "engaña" el traidor (demonio).
35 Lo tratará en
el c. 20, 22-29, y c. 21, 11. - Queda suspenso el sentido de la frase, por
estar borradas e ilegibles varias palabras en el autógrafo. No trascritas por
fray Luis (p. 222).
36 Ib.
37 Dar la fruta
sin tasa (no sólo para "gustaduras") (c. 17, 2): equivale, en la
imagen del "huerto", a preocuparse imprudentemente por las cosas de
los otros. - Reaparece enseguida la imagen del "avecica", "que
aún tiene pelo malo" (c. 13, 2; 18, 9).
38 En los nn.
3-5 y 10 de este capítulo; y en el c. 7, 11. Lo de "humildad falsa",
lo ha dicho en el n. 4.
39 Alusión a los
pasajes bíblicos en que el Señor promete el perdón: Ezech. 33, 11; Mt 9, 13;
Luc 15. - Ya el pasaje anterior ("comer de su pan") es reminiscencia
de las palabras de Jesús en Jn 13, 18.
Fuente: Mercaba