Hoy ocupa ese mismo despacho el cardenal Stanislaw Dziwisz
(Raba Wyzna, 1939), quien fue ordenado sacerdote por el arzobispo Wojtyla en
1963 y en 1966 se convirtió en su secretario personal hasta su muerte el 2 de
abril de 2005.
-¿Qué significa para usted haber
convivido casi toda su vida con un santo?
-La vida era muy normal. Fue
un santo muy normal, pero dentro de esa normalidad… excepcional. Si hablamos de
él y la gente con la que trabajaba, era un hombre de una gran sencillez.
Un santo hace que la vida sea más fácil e intenta entender las
debilidades de otras personas.
-¿Qué fue lo que hizo a Juan
Pablo II querer ser un Papa misionero que viajaba por todo el
mundo?
-Él imitaba a Jesucristo. Y si no hubiera viajado, no habría
seguido su ejemplo. El buen pastor conoce a sus ovejas y ellas le conocen a él.
Y el viajar le ayudaba a ser un buen pastor. Y al viajar él prestaba su
voz a los pueblos que sufrían. Hablaba en nombre de los pobres y se
dirigía a los ricos. Porque él condenaba el marxismo y el capitalismo
salvaje. Los dos. Todo esto quedó claro en sus encíclicas
sociales.
-En los
viajes de Juan Pablo II en los que veíamos a multitudes que salían a aclamarlo,
¿no veíamos que le querían mucho pero le escuchaban poco en cuestiones
doctrinales?
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-Se puede decir eso, pero después de sus visitas dejaba
señales muy fuertes.
Las dictaduras desaparecieron. Había un
renacimiento de las iglesias, reforzadas. También se dice en Polonia
que le seguían poco en lo doctrinal. Recordemos
la Teología de la
Liberación. Desapareció gracias a Juan Pablo II. Él explicaba que el
marxismo no ayuda a resolver los problemas sociales. Le gustaba
citar al
Papa León XIII: «Que el remedio no sea peor que la enfermedad». Tuvo un
intercambio con el presidente Vaclav Havel cuando lo recibió en el aeropuerto de
Praga y le dijo: «No sé qué es un milagro. Pero que el Papa esté en la República
Checa, eso es un milagro». Esas son las transformaciones que él
hizo.
-Juan Pablo
II visitó España cinco veces. Sólo visitó más veces Polonia, Francia y Estados
Unidos. ¿Qué era España para él?
-Desde el punto de vista de la
Iglesia, España era -y es- un país muy importante. Es difícil hablar de
la evangelización de América Latina sin España. La posición de la
Iglesia allí es muy importante hoy. Él quería ocuparse de los problemas sociales
y de los problemas morales. Y, como polaco, quiero decir que Polonia
necesita a España, pero una España sana y fuerte.
-Juan Pablo II fue el Papa de un
tiempo. ¿Cree que habría actuado hoy de una manera distinta a como lo hizo en
aquel tiempo?
-Cada Papa tiene su carisma. ¡Y qué importante es,
siendo Papa, tener presentes las circunstancias del mundo en cada momento! Juan
Pablo II fue un observador muy atento a los cambios. Seguro que hoy en día se
comportaría tal como el mundo lo necesitara en este momento.
-¿Por qué cuando se designa a
Wojtyla arzobispo de Cracovia la dirigencia política polaca de esa época cree
que se entenderán con él mejor que con el cardenal Wyszynski?
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| Dziwisz, cardenal de Cracovia |
-Los
comunistas en Polonia querían dividir a la Iglesia católica. Unas veces
preferían a Wyszynski, y otras a Karol Wojtyla. El arzobispo y cardenal
Wojtyla fue siempre muy fiel al cardenal Wyszynski. Durante el
concilio, en un momento dado se negaron a dar a Wyszynski un pasaporte. En esa
época tenerlo era un privilegio. Pero sí se lo dieron al cardenal Wojtyla. Y él,
en solidaridad con Wyszynski, renunció a su viaje. Después fue al revés.
Wyszynski era el «bueno», y Wojtyla era el «malo». Wojtyla tenía siempre
argumentos sólidos y esto les daba miedo.
»Antes del cónclave
en el que fue elegido le retiraron el pasaporte diplomático y tenía solo un
pasaporte común. El secretario del partido dijo que se le permitiera ir
al cónclave y que ya hablarían con él a la vuelta. Pero ya no volvió.
Tenían miedo de Wojtyla. Y tenían razón. Porque hoy podemos decir que él ganó.
Sin combatir, él ganó. Venció lo que es importante siempre: la verdad y el ser
humano. Y también la nación.
»El primer viaje
no fue fácil porque el Gobierno no quería permitir que viniera. Por eso
se pensó que el viaje a Polonia sería más adecuado después del viaje a México.
Si México, siendo un país anticlerical, abría las puertas al Papa, un
viaje a Polonia no podía ser «peor».
-Durante la década de 1980
usted, como su secretario, ¿cómo recopilaba información de lo que estaba
sucediendo en Polonia?
-Había contactos con los obispos. El
problema principal fue durante la ley marcial, cuando se cerraron las
fronteras. Pero entonces Juan Pablo II envió a Polonia a su
representante especial, el arzobispo Luiggi Poggi. Pero también existía
la información muy rica y abundante que le ofrecía el presidente
Reagan.
-¿Fue muy efectiva la alianza
entre el presidente Reagan y el Papa Juan Pablo II en su actuación frente al
comunismo? ¿Trabajaron juntos?
-Sí, trabajaron juntos. Había un
acuerdo fundado en los sentimientos de dos seres humanos. En el fondo,
ambos eran actores. Se entendieron muy bien. Analizaban la escena
internacional de manera muy similar. Pero para Juan Pablo II siempre fue
importante la autonomía. Lo importante para él era la libertad. Nunca obedeció a
la dictadura.
»Él tenía su propia línea, sus ideas, su camino. Si había
que denunciar la actuación del presidente Bush, él lo hizo públicamente. Dijo
que la guerra solo complica la situación. No arregla nada. Solo el diálogo es la
manera de resolver todos los problemas.
Fuente: ReL