Muchos sacerdotes informan de un
importante repunte de confesiones por la insistencia del Papa en el sacramento
de la Penitencia.
A veces, de una simple conversación entre amigos
durante una cena puede nacer un fruto bueno para toda la humanidad.
Bastó una simple pregunta de un católico no-practicante sobre la
importancia de la misa para que el padre Ricardo Reyes Castillo,
sacerdote de Panamá, incardinado en Roma, diese vida a una correspondencia
epistolar en la cual, gracias a sus estudios en el Pontificio Instituto
Litúrgico San Anselmo de Roma, explicara por qué, para ser cristianos, es
fundamental vivir la Eucaristía.
El resultado es Cartas entre cielo y tierra (Voz de
Papel), volumen subdividido en doce cartas, escritas con un
lenguaje accesible y que se dirige a creyentes y no creyentes para ayudarlos a
redescubrir el valor de la misa y la belleza de Dios.
El libro, ya en su
tercera edición en italiano, acaba de publicarse también en español y fue
presentado en Roma por el cardenal Antonio Cañizares Llovera,
prefecto de la Congregación para el Culto Divino, y por el Padre Giuseppe
Midili, P.Cam., director del Oficio litúrgico de la diócesis de
Roma.
-Don Ricardo,
cuéntenos ante todo como nació la idea de este libro…
-Un amigo
abogado, un hombre muy preparado, de buena cultura, un día me dijo: “Ricardo, he
estudiado en institutos católicos, conozco la misa de memoria,
pero tengo una dificultad en ir a misa; me siento incoherente, porque
pronuncio muchas fórmulas y hago algunos gestos de los cuales no conozco el
verdadero significado. Y para mí las palabras y los gestos tienen mucho
valor.
Yo no puedo ir delante de un juez y decir algo si no es con una intención
precisa, y menos aún ir delante del Señor”. Por esto me propuse explicarle cada
palabra y gesto de la misa a través de algunos correos electrónicos que después
se convirtieron en verdaderas cartas que dieron vida a este libro.
-¿Cuál es el mensaje o, si
queremos, el reto de este libro?
En el
libro traté de responder a estas preguntas a través de 12 cartas, en las cuales
mantuve tres puntos de unión: la parte litúrgica que estaba explicando, un
episodio de la Escritura que estuviera en relación con ese momento litúrgico, y
mi experiencia personal.
-¿Cuál es tu experiencia
personal?
-Me refiero principalmente a todo aquello que he vivido en
el último año durante el cual he escrito el libro. Experiencias alegres y
tristes que continuamente cito en las diferentes cartas: desde la muerte de un
querido amigo, hasta los episodios que vivo en la parroquia de San
Basilio, que es una zona muy difícil de Roma, en la cual trabajo y que
se sitúa detrás de la cárcel de Rebibbia. Está caracterizada por problemas de
drogas y delincuencia, pero al mismo tiempo es un lugar que posee una
gran humanidad.
Vivir entre estos grandes dolores y dificultades me ha
ayudado a entender la necesidad que tenemos todos de regresar a lo esencial. He
visto que todo esto es real porque muchas personas de la parroquia, gente
humilde, han leído el libro, han encontrado respuestas y han sido ayudados a
vivir aún mejor la celebración. Esto me ha consolado mucho.
-Será debido al lenguaje simple
que ha utilizado en el libro. ¿Ha encontrado dificultad para simplificar temas
tan complejos para todo tipo de público?
-Ciertamente no ha sido un
trabajo fácil. Junto a la petición de mi amigo, el libro nace también por un
reto que me hizo el cardenal Cañizares después de haber defendido mi tesis
doctoral en Sagrada Liturgia en San Anselmo. El cardenal me dijo: “Muy bien su
trabajo, pero ahora tiene que ‘traducirlo’ para que todas las personas puedan
entender lo que ha estudiado”.
En este proyecto me fueron útiles mis
estudios, pero también las obras de autores como Lewis e Tolkien, que
en sus libros lograron traducir grandes conceptos de nuestra fe con un lenguaje
atractivo para todo tipo de personas. Creo que es muy importante, sobretodo hoy,
introducir al cristiano en ciertas nociones que son la base sobre la cual se
apoya nuestra fe. He tratado de hacerlo, evitando un lenguaje infantil y
tratando de construir más bien un manual simple que pueda ser leído
velozmente, pero que al mismo tiempo pueda ser un instrumento para
profundizar.
-Un
estilo que recuerda las homilías y los discursos del Papa Francisco: esenciales,
breves, eficaces, ricos de contenido. ¿Qué piensa de este Papa?
-Su libro anterior hablaba del
tema de La unidad en el pensamiento litúrgico de Joseph Ratzinger. ¿Ve
usted aspecto de continuidad entre los dos pontífices, en particular desde el
punto de vista litúrgico?
-Lo que nos ha dejado Ratzinger sobre la
liturgia no es una modalidad, sino un equilibrio. Benedicto XVI ha abierto una
ventana hacia algunos aspectos, como por ejemplo, la dimensión escatológica de
la eucaristía, este cielo que se abre, o el concepto de orientación de la
oración dirigida hacia el este, como también el crucifijo sobre el altar, o el
latín; y así podría seguir nombrando algunos conceptos de la tradición. La
grandeza de Ratzinger ha sido la de iluminar la importancia de estos aspectos,
sin pretender volver hacia atrás, sino más bien redescubrir su valor para poder
utilizarlos en el modo de celebrar actual. Papa Francisco está llevando adelante
todo aquello que su predecesor había introducido en un modo nuevo y esencial.
Una cosa no niega la otra: hay que evitar una visión dualística de la
liturgia “o innovadores o tradicionalistas”.
La liturgia es más amplia
y ésta es su belleza; y nosotros estamos llamados a tener la capacidad de leer
la belleza de la simplicidad de la liturgia que nos está regalando Papa
Bergoglio, sin pensar que es lo opuesto a la belleza que nos abrió el Papa
Ratzinger. Más aún, pienso que Benedicto XVI no obstante fue considerado por
muchos como un tradicionalista, nos preparó a acoger lo genuino que trae consigo
el Papa Francisco.
-Usted en el libro habla mucho
de sufrimiento, afirmando que es evidente que el hombre sufre: “basta subir en
el metro de cualquier ciudad europea” para darse cuenta de esto, lo cual es
también culpa de una cultura descristianizada y sin fe. ¿Qué respuesta da su
libro a esto?
-La respuesta es que hay que regresar a la Eucaristía,
que es el corazón de nuestra fe, la fuente y el culmen de nuestro ser
cristianos. En el fondo, todos estamos llamados a ser Eucaristías vivientes, a
ser hombres y mujeres capaces de partirnos por los otros. Por ende, tenemos que
volver a descubrir este alimento espiritual. Solo si vivimos la Eucaristía en
profundidad, nosotros lograremos encontrar el sentido pleno de nuestra vida. No
es solo algo que puede ayudarnos; se trata de lo esencial; es una exigencia
primordial en la vida del cristiano; un don inmenso que el Señor nos ha dejado y
que tenemos que saborear completamente, si no queremos permanecer extraños a
nuestro bautismo y divididos profundamente dentro de nuestro ser.
Fuente. Zenit/ReL
Fuente. Zenit/ReL
