Darío Menor. Roma
Cuando Lucio Ángel Vallejo Balda
acudió una de las primeras veces al Palacio Apostólico del Vaticano tras su
nombramiento en 2011 como secretario de la Prefectura para los Asuntos
Económicos de la Santa Sede, los Guardias Suizos que custodiaban uno de los
accesos se quedaron con la boca abierta.
Le decían que no podían entender que
un sacerdote de su edad (tenía entonces 50 años) hubiera sido elegido como
«número dos» de uno de los dicasterios de la Curia romana.
En los dos años que
lleva a la sombra de la cúpula de San Pedro, Vallejo Balda ha llamado la
atención. Y no sólo por sus relativamente pocos años, lo que le convierte en
una «rara avis» dentro de la gerontocracia que prevalece en buena parte de los
puestos de decisión del Vaticano.
La confianza que mostró en él
el Papa emérito, quien le fichó desde la diócesis de Astorga, donde fungía de
ecónomo, también se la ha brindado Francisco. Al instituir en julio la comisión
que se encarga de revisar la organización de la estructura económica y
administrativa de la Santa Sede, Jorge Mario Bergoglio eligió a Vallejo Balda
como secretario del grupo. Su labor es importante dentro de la reforma de la
Iglesia que tiene en mente Francisco, pues el sacerdote español y los otros
siete miembros de la comisión están radiografiando la burocracia vaticana para
lograr una simplificación de la misma y evitar duplicidades y gastos inútiles.
Esta doble responsabilidad hace de él uno de los hombres clave en los asuntos
económicos de la Santa Sede, pese a que nunca tuvo vocación de dedicarse a
estos temas. «Mi formación es en teología espiritual y mi tesis, sobre Gonzalo
de Berceo. La razón por la que mi obispo decidió nombrarme ecónomo no la
sabremos nunca, porque murió. Él, en un momento determinado y siendo yo muy
joven –tenía 29 años y llevaba sólo cuatro de sacerdote– me dijo que había
pensado en mí para ese cargo. A mí siempre se me dieron bien las matemáticas,
pero le pedí que me dejara un tiempo de prueba», recuerda.
Después de la decisión del
entonces obispo de Astorga, Antonio Briva Miravent, Vallejo Balda abandonó los
estudios de Derecho (tiene hechos tres cursos) que cursaba en la Uned y se
especializó en contabilidad, balances y programas informáticos propios de estos
asuntos. Aunque lleve ya más de 20 años rodeado de números, este sacerdote miembro
de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, la asociación de clérigos
diocesanos ligada al Opus Dei, tiene experiencia como pastor.
Durante sus años
como ecónomo en Astorga, donde dejó un recuerdo estupendo entre los fieles,
estuvo al frente de 13 parroquias. «El número puede asustar al principio, pero
todos teníamos que echar una mano. Son parroquias pequeñitas, con 10 ó 20
ancianos cada una. En total tenía 300 feligreses. Es la realidad de tantas
zonas rurales de España. Yo, de hecho, tenía este servicio los sábados y
domingos, pues entre semana no podía encargarme por las responsabilidades como
ecónomo. Era un trabajo de kilómetros, de recorrerte muchos montes y muchos
pueblos, lo que tiene su encanto. Es también un esfuerzo grande. A veces tienes
que hacer kilómetros para celebrar misa para tres o cuatro personas solo. Hay
que atender a esta gente también», sostiene.
Desde que está en Roma, Vallejo
Balda no se cansa de explicar que «hay un mito» sobre las riquezas del
Vaticano. «Es verdad que es probablemente uno de los lugares del mundo donde
hay una mayor concentración de arte, pero ese arte sirve para sostener a la
Iglesia. Los Museos Vaticanos son un gran pulmón para la Santa Sede. Es triste
que en manos de la Iglesia haya bienes inútiles, que no sirven para sus
necesidades, pero se necesitan recursos para vivir. Otra cosa es que estén bien
administrados», concluye.
CURRÍCULUM
Dónde y cuándo: Nació en 1961,
en Villamediana de Iregua (Rioja)
Trabajo: Estudió Teología y su
tesis doctoral la dedicó a Gonzalo de Berceo. Curso estudios de Derecho y se
especializó en temas económicos.
El presente: Es secretario de
la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede.
