Obispado de SegoviaDiez preguntas con respuesta del Papa Francisco a los jóvenes en la JMJ de Río de Janeiro
1º ¿Qué espera y pide el Papa
a la juventud?
La juventud es el ventanal por el
que entra el futuro en el mundo. Es el ventanal y, por tanto, nos impone
grandes retos. Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay
en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio. ........
Esto significa tutelar las
condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; darle una base
sólida sobre la que pueda construir su vida; garantizarle seguridad y educación
para que llegue a ser lo que puede ser; transmitirle valores duraderos por los
que valga la pena vivir; asegurarle un horizonte trascendente para su sed de
auténtica felicidad y su creatividad en el bien; dejarle en herencia un mundo
que corresponda a la medida de la vida humana; despertar en él las mejores
potencialidades para ser protagonista de su propio porvenir, y corresponsable
del destino de todos.
2º ¿En esta sociedad que nos
ha tocado vivir podemos tener miedo?
El Papa quiere jóvenes sin miedo
a Cristo, capaces de hablar con Él confiadamente y de preguntarle qué quiere de
ellos, también cuando han cometido un error. No tengáis miedo de ir y llevar a
Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a
quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que
todos sientan el calor de su misericordia y de su amor. Evangelizar es dar
testimonio, en primera persona, del amor de Dios; es superar nuestros egoísmos,
es servir inclinándose a lavar los pies de nuestros hermanos, como hizo Jesús.
(...) Llevar el Evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar
el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la
intolerancia y el odio, para edificar un mundo nuevo.
3º ¿Por qué ser revolucionario
en la vida de la fe?
Os pido que seáis
revolucionarios, os pido que vayáis contracorriente; os pido que os rebeléis
contra esta cultura de lo provisional que cree que no sois capaces de asumir
responsabilidades, que no sois capaces de amar verdaderamente. Yo tengo
confianza en vosotros, jóvenes, y pido por vosotros. ¡Atreveos a ir
contracorriente! ¡Atreveos a ser felices!. Porque, a fin de cuentas, Dios llama
a opciones definitivas, tiene un proyecto para cada uno: descubrirlo, responder
a la propia vocación, es caminar hacia la realización feliz de uno mismo. La fe
en nuestra vida hace una revolución que podríamos llamar copernicana nos quita
del centro y pone en el centro a Dios.
La fe nos inunda de su amor que
nos da seguridad, fuerza y esperanza. Aparentemente, parece que no cambia nada,
pero, en lo más profundo de nosotros mismos, cambia todo. (...) Nuestra
existencia se transforma, nuestro modo de pensar y de obrar se renueva, se
convierte en el modo de pensar y de obrar de Jesús, de Dios. La fe es revolucionaria.
4º ¿Cómo ser felices en este
mundo?
Dios guarda lo mejor para
nosotros. Pero pide que nos dejemos sorprender por su amor, que acojamos sus
sorpresas. Confiemos en Dios. Alejados de él, el vino de la alegría, el vino de
la esperanza, se agota. Si nos acercamos a Él, si permanecemos con él, lo que
parece agua fría, lo que es dificultad, lo que es pecado, se transforma en vino
nuevo de amistad con él.
Precisamente acogiendo a Cristo,
Palabra encarnada, es como el espíritu nos transforma, ilumina el camino del
futuro y hace creer en nosotros las alas de la esperanza para vivir con
alegría.
5º ¿Rezáis y habláis con
Jesús?
Para ser un buen cristiano, o
sea, un santo, hace falta tratar con Cristo: Para estar en forma, para
afrontar sin miedo todas las situaciones de la vida, dando testimonio de
nuestra fe, hace falta el diálogo con Él, la oración. Preguntad a Jesús, hablad
con Jesús. Y si cometéis un error en la vida, si os pegáis un resbalón, si
hacéis algo que está mal, no tengáis miedo: Jesús, mira lo que hice, ¿qué
tengo que hacer ahora? Pero siempre hablad con Jesús, en las buenas y en
las malas, cuando hacéis una cosa buena y cuando hacéis una cosa mala. En una
palabra. Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en Él y no vas a quedar
defraudado.
6º ¿Cual es el lío de la
santidad?
El lío de la santidad tiene
nombre: El evangelio que no es para algunos sino para todos. El Señor hoy os
llama, no al montón, sino a ti, a ti, a ti, a cada uno. Somos parte de la
Iglesia, más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y
protagonistas de la Historia. Chicos y chicas, por favor: ¡No os metáis en la
cola de la Historia! ¡Sed protagonistas! Construid un mundo mejor, un mundo de
hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad.
(...) Seguid superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las
inquietudes sociales y políticas que se van planteando. El tener, el dinero, el
poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero,
al final, nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar
nunca satisfechos. Y terminamos empachados pero no alimentados, y es muy triste
ver una juventud empachada pero débil. La juventud tiene que ser fuerte,
alimentarse de su fe y no empacharse de otras cosas.
Todos llevamos algo de la cruz de
Jesús en la propia vida. No hay en nuestra vida cruz, pequeña o grande, que el
Señor no comparta con nosotros. (...) Llevemos nuestras alegrías, nuestros
sufrimientos, nuestros fracasos a la cruz de Cristo; encontraremos un Corazón
abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo
amor a nuestra vida, amar a cada hermano y hermana nuestra con su mismo amor.
Un amor tan grande que entra en
nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para
sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la cruz
de Cristo está todo el amor de Dios, está su inmensa misericordia. Y es un amor
del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Fiémonos de Jesús, confiemos
en Él (cf. encíclica Lumen fidei, 16). Porque Él nunca defrauda a nadie.
Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos la salvación y redención. Con
Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él
nos da esperanza y vida: ha transformado la cruz, de ser un instrumento de
odio, y de derrota, y de muerte, en un signo de amor, de victoria, de triunfo y
de vida.
8º ¿Qué significa salir
afuera?
Quiero que la Iglesia salga a la
calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea
instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea
estar encerrados en nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las
instituciones son para salir; si no salen se convierten en una ONG, y la
Iglesia no puede ser una ONG. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren
ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejéis que otros sean los
protagonistas del cambio. Vosotros sois los que tenéis el futuro. Vosotros...
Por vosotros entra el futuro en el mundo. A vosotros os pido que también seáis
protagonistas de este cambio. Seguid superando la apatía y ofreciendo una
respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando
en diversas partes del mundo. Os pido que seáis constructores del futuro, que
os metáis en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no
balconeéis la vida, meteos en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió;
no balconeéis la vida. Salid fuera.
Tiene que entrenarse y entrenarse
mucho. Así es nuestra vida de discípulos del Señor. San Pablo, escribiendo a
los cristianos, nos dice: «Los atletas se privan de todo, y lo hacen para
obtener una corona que se marchita; nosotros, en cambio, por una corona
incorruptible» (1 Co 9, 25). Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del
Mundo; Jesús nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también
un futuro con Él que no tendrá fin, allá en la vida eterna. Es lo que nos
ofrece Jesús. Pero nos pide que paguemos la entrada. Y la entrada es que nos
entrenemos para estar en forma, para afrontar sin miedo todas las
situaciones de la vida, dando testimonio de nuestra fe. A través del diálogo
con Él, ¡No le tengáis miedo! Eso es la
oración. Y con eso os vais entrenando en el diálogo con Jesús en este
discipulado misionero. Y también a través de los sacramentos, que hacen crecer
en nosotros su presencia. A través del amor fraterno, del saber escuchar,
comprender, perdonar, acoger, ayudar a los otros, a todos, sin excluir y sin
marginar. Éstos son los entrenamientos para seguir a Jesús: la oración, los
sacramentos y la ayuda a los demás, el servicio a los demás.
10º ¿Cómo vivir vuestro
futuro?
Chicos y chicas, por favor: no os
metáis en la cola de la Historia. Sed protagonistas. Jugad para adelante.
Patead adelante, construid un mundo mejor. Un mundo de hermanos, un mundo de
justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad. Jugad adelante
siempre. San Pedro nos dice que somos piedras vivas que forman una casa
espiritual (cf. 1P 2, 5). Y miramos este palco, vemos que tiene forma de una
iglesia construida con piedras vivas. En la Iglesia de Jesús, las piedras vivas
somos nosotros, y Jesús nos pide que edifiquemos su Iglesia; cada uno de
nosotros es una piedra viva, es un pedacito de la construcción, y si falta ese
pedacito, cuando viene la lluvia entra la gotera y se mete el agua dentro de la
casa.
Cada pedacito vivo tiene que cuidar la unidad y la seguridad de la
Iglesia. Y no construir una pequeña capilla donde sólo cabe un grupito de
personas. Jesús nos pide que su Iglesia sea tan grande que pueda alojar a toda
la Humanidad, que sea la casa de todos. Jesús me dice a mí, a ti, a cada uno: “Id,
haced discípulos a todos los pueblos”. Vayan sin miedo, para servir. No
esperen a que vengan. “Vayan Ustedes a la viña” “Sin miedo” aunque la misión
sea difícil. Dios está contigo. “Poneos a servir” superando nuestros egoísmos.
Llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal
y la violencia para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la
intolerancia y el odio, para edificar un mundo nuevo.
+ Ángel Rubio Castro
Obispo de Segovia

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