"Cristo indica como elemento central de la relación con Dios la dimensión del amor"
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| Vatican News |
Amar a Dios y
amar al prójimo, no como una imposición, sino como un deseo que nace de la
comunión con Cristo; fue el mensaje prominente que dirigió el Papa León XIV a
los fieles presentes en la Plaza de San Pedro, antes de recitar el Ángelus este
domingo 25 de octubre.
El primer
precepto de la Iglesia no se trata de un mandato superfluo, sino de una
auténtica necesidad de responder al amor que Dios entrega a sus hijos, fue la
reflexión que el Santo Padre dedicó esta mañana a los feligreses congregados en
la Plaza de San Pedro, previo al inicio de la oración mariana del Ángelus.
La exhortación
del Papa León partió del Evangelio según San Mateo, en él, detalló el
Pontífice, «un doctor de la Ley, para poner a prueba a Jesús, le pregunta:
“¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (v. 36). El Maestro responde
citando un pasaje del Deuteronomio: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”».
En
consecuencia, rememoró el Sucesor de Pedro, «Cristo indica como elemento
central de la relación con Dios la dimensión del amor. No es suficiente saber
que Dios existe, que es único o que es omnipotente; el Señor nos pide una
relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios».
«En el
encuentro con Él, el mandamiento del amor no es una obligación ni una
imposición. No se puede amar “por mandato”. El amor a Dios es la exigencia
propia del deseo del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él».
Segundo
mandamiento: Una regla que surge de la misma fuente
A partir de
esta premisa, el Romano Pontífice continuó su meditación al compartir a los
presentes que el primer mandamiento no se halla aislado, sino que «El Señor une
un segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”»; por lo tanto, resulta en
una regla sagrada que, según León XIV, proviene de «la misma fuente».
«Por eso,
dice Jesús, es semejante a la primera. De la relación íntima con Dios somos
capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de
Cristo».
Es así, que el
Santo Padre manifestó que poner al poner en práctica ambos mandamientos «se
vence el egoísmo y también el amor por uno mismo se hace caridad; nuestra
existencia se dirige hacia el otro y se hace don para quien está a nuestro
lado».
Sin amor, la
esperanza es vana
Antes de
finalizar su discurso, el Papa León retomó las palabras de Santa Teresa del
Niño Jesús, quien, consideró él, comprendió la trascendencia de las dos reglas
divinas que encabezan los mandamientos de la Iglesia, al afirmar que «solo el
amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a
apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio».
Por tal motivo,
el Vicario de Cristo afirmó con vehemencia a los fieles que, «sin él -amor-, en
efecto, nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se
reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana».
Tras animar a
la Iglesia a amar, el Santo Padre pidió a Dios la gracia «de un corazón nuevo,
capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento. Que interceda por nosotros la
Virgen María, en cuyo corazón inmaculado no hay más que amor».
«Queridos
amigos, no podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde
hacia los hermanos y las hermanas. Y no podemos amar realmente a nuestro
prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo
Jesús».
Ariana Pernía
Paolini
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
