El arzobispo de Oviedo reclama «medidas sensatas» ante la inmigración y llama a construir la concordia sin caer en «el buenismo ingenuo»
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| Mons. Sanz Montes |
Con plantón, por
tercer año consecutivo, del presidente de Asturias,
el socialista Adrián Barbón, el
arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, ha aprovechado la celebración
de la festividad de la Virgen de Covadonga, patrona de Asturias, para lanzar un
mensaje sobre la situación social y
política de España, con especial referencia a la inmigración, la seguridad y
la convivencia.
Durante la homilía pronunciada
este martes en la Santa Cueva, Sanz
Montes ha advertido de que «cuando la inseguridad crece, la convivencia se ve
amenazada, la paz puede estar en entredicho o el relato impuesto no siempre responde
a la verdad, tenemos entonces un verdadero problema moral».
El arzobispo ha situado estas reflexiones en el marco de Covadonga, que ha definido como «un rincón del alma donde tienen hueco nuestras preguntas, heridas y esperanzas» y como «ese corazón de Asturias». En su opinión, el Santuario sigue siendo un lugar capaz de mostrar una sociedad que, pese a sus dificultades, conserva motivos para la esperanza.
Un recuerdo de la JEMJ y la peregrinación tradicionalista
Sanz Montes ha destacado en este sentido la presencia de familias y jóvenes en Covadonga y ha puesto como ejemplo los más de 2.000 jóvenes que participaron en las Jornadas Eucarísticas y Marianas, los cerca de 2.000 que participaron en la peregrinaron tradicionalista desde Oviedo durante tres días y los 800 jóvenes asturianos que le acompañaron en la subida desde Cangas de Onís hasta la Santa Cueva. A su juicio, estos grupos representan «una verdadera foto real de una gente sana que ama los valores que han heredado de sus mayores» y que sabe desenvolverse en una sociedad plural «sin renunciar a sus convicciones».
Una referencia explícita a la situación de Ceuta
El
arzobispo de Oviedo, uno de los pocos prelados en manifestarse públicamente
contra la invasión de Ceuta, se ha
referido a los "preocupantes acontecimientos"
ocurridos en la ciudad autónoma. Sanz Montes ha considerado que lo sucedido «no
parece tratarse de un flujo migratorio sin
más», sino que podría apuntar a «nuestra debilidad en el panorama geopolítico y
a la fragilidad de nuestras fronteras, que lo
son también de Europa».
El
arzobispo ha hablado de una situación que, según sus palabras, comprometería la soberanía
española y ha utilizado la expresión «guerra
híbrida» para referirse al fenómeno. Sanz Montes no ha dudado
en denunciar que "han tomado una ciudad española dejando a su población
sitiada entre el miedo, la podredumbre, la intimidación y las violaciones
de menores".
Al
mismo tiempo, ha rechazado reducir a los inmigrantes a una amenaza.
«No son simplemente “moros en la costa”», ha señalado, antes de subrayar que
muchos de esos jóvenes son también víctimas de estrategias que los empujan a
abandonar sus países.
En este punto, Sanz Montes ha dejado un recado a Marruecos al afirmar que los inmigrantes en muchos casos huyen de «infiernos políticos», hambrunas y «radicalismos religiosos» que cercenan su libertad, sus derechos y sus expectativas de futuro. Ha advertido además de que estas situaciones son aprovechadas por los países de procedencia y ha reclamado que también se afronten los problemas que provocan estos movimientos migratorios en sus lugares de origen.
Acoger, pero con medidas sensatas
El
arzobispo ha combinado esta preocupación por la seguridad y
las fronteras con una defensa de la acogida. Ha
recordado las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: «tuve hambre y me
disteis de comer, estuve desnudo y me vestisteis, fui forastero y me
acogisteis».
«Los inmigrantes
tienen nuestra agradecida acogida», ha afirmado, aunque
inmediatamente ha planteado una pregunta: «¿cuántos podemos asumir?». Para Sanz
Montes, existe el deber humano y cristiano de «ensanchar nuestra hospitalidad»,
pero también es necesario reconocer que la capacidad de acogida no
es ilimitada.
Por ello, ha reclamado «medidas sensatas, no populistas ni demagógicas» que permitan acoger a quienes puedan ser integrados teniendo en cuenta «su dignidad, su integración real y sus posibilidades laborales, educativas y sanitarias». Al mismo tiempo, ha defendido la necesidad de ayudar a resolver los problemas en los países de origen y de impedir la entrada de personas «con intenciones perversas de toda calaña inconfesables».
La visita de León XIV y el mensaje de esperanza
Ante
este panorama, Sanz Montes ha presentado la reciente visita apostólica de
León XIV a España como un motivo de esperanza.
«Con él alzamos la mirada descubriendo que hay alguien que conoce nuestros
nombres, que hace suyas nuestras lágrimas y con nosotros brinda por la alegría
que nos levanta», ha afirmado.
El
arzobispo también ha citado unas recientes palabras del Papa en el Meeting de
Rímini, en las que León XIV llamó a desenmascarar «las relaciones
injustas de poder» que están en la raíz de la pobreza,
las desigualdades y las guerras, y pidió «pioneros
valientes» capaces de reavivar los sueños frente al cansancio
y la desesperación.
El arzobispo franciscano ha unido este mensaje con el Evangelio de la Visitación proclamado en la festividad de Covadonga. María, ha explicado, emprende un largo camino para encontrarse con Isabel y descubre que, pese a la oscuridad de su tiempo, «también hay semillas de luz, de rectitud y de verdad».
Construir puentes en una sociedad plural
La
homilía ha terminado con un llamamiento a la concordia.
El arzobispo ha advertido contra quienes optan por «cavar trincheras, levantar
barricadas, arbitrar condenas y manipular las cosas con mentiras» y ha
contrapuesto esa actitud a la posibilidad de trabajar juntos «por la concordia
y el bien común».
Sanz
Montes ha precisado que esta apuesta no significa caer en «el buenismo
ingenuo», sino reconocer que las diferencias pueden convertirse en
puentes de encuentro capaces de enriquecer a una sociedad
plural.
«Puede
que sean muchas las cosas que nos resulten también a nosotros imposibles ante
el duro
panorama que se nos abre ante los ojos, pero no lo son
para Dios», ha concluido. El arzobispo ha pedido a la Santina que
ayude a los asturianos a poner sus manos, sus palabras, su corazón y su
inteligencia al servicio de «un mundo distinto».
Javier Arias
Fuente: Religión Confidencial
