En Más allá del laberinto, Alonso advierte contra el blanqueamiento de la pornografía, una lacra que atrapa cada vez a más hombres y mujeres en nuestra sociedad: «Todo consumo es problemático, da igual si es una vez al mes o una vez al día»
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| Javier Alonso es autor del libro 'Más allá del laberinto' |
La
estadística es demoledora: el 97% de los
hombres ha consumido pornografía de forma voluntaria al menos una vez
en los últimos seis meses. Javier Alonso (Barcelona, 1977) no era una
excepción: empezó a consumir pornografía durante la adolescencia y mantuvo el
hábito como una suerte de «regulador emocional» con el paso de los años,
también tras conocer al amor de su vida, casarse y tener a sus cuatro hijos.
«Consumía
en momentos de tristeza y soledad», explica en conversación con La Antorcha este emprendedor catalán, que cuenta con el vistoso
récord de haber sido el primer empleado de YouTube en España. «Hoy –reflexiona
Alonso– la pornografía se blanquea: el verdadero tabú no es decir que la
consumes, sino que te has sentido miserable haciéndolo», y añade que, a pesar
de que haya incluso sexólogos que la recomiendan en pequeñas dosis, «la mayoría
de personas presenta un consumo problemático de pornografía, porque cualquier
consumo es problemático, da igual si es una vez al mes o una vez al día».
Alonso
cargó con el lastre de la pornografía durante una eternidad; décadas de
vergüenza, hoteles solitarios y noches
olvidables… hasta que hace ocho años todo cambió. De forma instantánea,
además. «Viví una experiencia de sanación muy fuerte, y dejé la pornografía
completamente», asegura.
El día que todo cambió
El protagonista de esta historia lo
cuenta todo en detalle en el libro Más allá del laberinto (Albada),
publicado recientemente, pero en estas páginas –y dado el tema que vertebra el
número– nos centraremos en lo que le ocurrió aquel fin de semana de marzo de
2018 en el que su vida dio un giro de ciento ochenta grados. «Estaba en
un retiro organizado por los jesuitas, con mi familia», explica.
Una vez allí, leyó por casualidad una
entrevista en la contraportada de La Vanguardia con el biólogo
molecular y escritor Raúl Eguía, y en ella él explicaba que, pese a ser un
«ateo combativo» y tener un «odio visceral» contra las religiones, llegó a su
límite. Eguía estaba lidiando con una adicción a la pornografía que lo estaba
destruyendo, y relata: «Una noche, al borde del suicidio, grité: ‘¡Si
existes, sácame de aquí ahora!’. Me rendí y quedé limpio de la adicción de
la noche a la mañana».
Cuando Alonso leyó aquello, se quedó
pensativo… Si Dios había sanado instantáneamente a un ateo recalcitrante, ¿por
qué no iba a hacerlo con un cristiano? «Estaba rezando en una salita, me acordé
de aquello y le dije a Jesús: ‘Si lo has hecho con Raúl, que era ateo… ¡Hazlo
conmigo, que yo creo en Ti!». Dicho y hecho, recuerda Alonso: «Automáticamente,
fue como si una nube negra abandonara mi cabeza y mi corazón: en
aquellos tres segundos, Jesús me había sanado».
Ciento ochenta millones de euros
Tres segundos y una infusión de gracia,
y Alonso no ha vuelto a consumir pornografía desde entonces, dice. Dios, dice,
incluso le ha sanado del deseo de recurrir a ello. «Cuando era joven
–confiesa–, yo leía este tipo de cosas extraordinarias y pensaba que solo le
pasaban a frikis o a santos, ¡pero es que lo he vivido!».
Además, señala que, aunque aquel momento
fue excepcional, también ve los frutos de la oración cotidiana en la lucha
contra el consumo de pornografía: «Recomiendo a quien se enfrente al problema
que tenía yo, que no solo rece por su sanación, sino también para que
Dios le conceda autoconocimiento, que le haga saber de dónde viene el
tema».
Al principio, Alonso llevó el tema en
secreto, pero con el tiempo empezó a explicar lo que le había pasado. Primero,
a su mujer, y más tarde fue acudiendo a colegios o a retiros para dar su
testimonio. «Tenía la sensación de que me habían tocado 180 millones de euros y
de que no podía quedarme esa riqueza para mí», apunta. ¿Y el libro? «Es mi
forma de decir al mundo que a ti también te pueden tocar estos ciento ochenta
millones».
Artículo publicado originalmente
en La Antorcha,
la revista gratuita de la Asociación Católica de Propagandistas
Guillermo Altarriba Vilanova
Fuente: El Debate
