FUE CANDIDATA DE LA CUP Y ATEA: LO QUE VIVIÓ DURANTE LA CONSAGRACIÓN LA HIZO VOLVER A LA FE

Isabel Gómez llevaba años alejada de Dios cuando entró casi sin saber por qué en una catedral. Lo vivido durante la consagración cambió su vida.
Isabel Gómez, de ser candidata de la CUP
a abrazar el catolicismo. Dominio público

Durante años, Isabel Gómez vivió completamente alejada de la fe católica. Profesora de profesión, había perdido la fe durante su paso por la universidad pública catalana y llegó incluso a participar brevemente como candidata de la CUP

Sin embargo, dos acontecimientos acabarían removiendo profundamente unas convicciones que entonces parecían asentadas: el nacimiento de su hijo y una inesperada entrada en la catedral de Terrassa.

Gómez ha relatado su proceso de conversión en una entrevista concedida a Javier Navascués y publicada originalmente en InfoCatólica. Su historia, explica, no fue una transformación repentina, sino un regreso que comenzó muchos años antes de que ella misma fuera consciente.

Un latido que empezó a cambiarlo todo

El primer punto de inflexión llegó con su maternidad. Durante la primera ecografía, a las ocho semanas de embarazo, escuchó el corazón de su hijo.

«Ahí empieza a cambiar todo. Mi conversión lenta empieza en ese instante, gracias a Dios y a través de mi hijo», recuerda.

Aquella experiencia modificó especialmente su postura ante el aborto. La idea de que legalmente pudiera acabar con la vida del hijo cuyo corazón acababa de escuchar le produjo horror. El posterior nacimiento prematuro del niño, con apenas 1,6 kilos, y su paso por una unidad neonatal terminaron de consolidar ese cambio.

Pero todavía estaba lejos de la Iglesia.

El momento decisivo llegaría años después, un sábado mientras paseaba sola por Terrassa. Al pasar frente a la catedral sintió interiormente una palabra: «Entra».

Su primera reacción fue marcharse. Sin embargo, aquella llamada interior se repitió y finalmente entró. Para su sorpresa, estaban celebrando Misa.

Se sentó en el último banco sin saber prácticamente qué estaba ocurriendo.

Un llanto inesperado durante la consagración

Entonces llegó el momento que marcaría definitivamente su regreso.

«En un momento dado veo que el sacerdote alza las manos sujetando algo», recuerda. Hoy sabe que estaba asistiendo a la consagración.

Sin entender por qué, comenzó a llorar de manera incontrolable.

«No sabía qué me estaba pasando pero no podía parar de llorar». Cuando finalmente cesó el llanto, asegura que experimentó «una Paz y una Felicidad» que no podía describir y que nunca había sentido antes.

Fue una experiencia tan intensa que durante un tiempo decidió guardársela.

Más adelante apareció otra persona decisiva en su camino: Ignasi Martínez, vinculado a la parroquia de la catedral de Terrassa, que anteriormente la había apoyado en momentos difíciles y la animó a acercarse a la comunidad parroquial.

Allí empezó prácticamente desde cero.

«Casi ni sabía rezar, iba a Misa con el librito para poder seguirla, no podía comulgar», recuerda.

Los miembros de la parroquia le explicaron la Eucaristía, los sacramentos y la confesión, y la animaron a leer y meditar diariamente el Evangelio, una costumbre que asegura mantener hasta hoy. También inició la catequesis y posteriormente recibió la Confirmación.

«Estaba ciega y ahora veo»

Hoy Isabel Gómez intenta que la oración y la Misa formen parte habitual de su vida. Su próximo propósito es rezar diariamente el Rosario y llegar a participar en Misa cada día.

También colabora como voluntaria con Ayuda a la Iglesia Necesitada, dando charlas en colegios sobre los cristianos perseguidos, y participa como costalera en la Semana Santa de Terrassa. Además, tiene previsto contraer matrimonio por la Iglesia con su prometido católico.

Cuando Javier Navascués le pregunta por qué ahora se siente verdaderamente feliz, Gómez resume en pocas palabras todo aquel recorrido iniciado con el latido de su hijo y continuado inesperadamente en el último banco de una catedral:

«Porque he conocido la Verdad y el Bien verdaderos y el Amor de Dios, que es el mayor de todos».

Y añade una frase que resume su regreso a la fe: «Porque estaba ciega y ahora veo».

Fuente: ReL