Dios es eterno desde siempre. Nosotros, sin embargo, vivimos en el tiempo, y en cada momento el Señor nos ama y nos envía el rayo de luz del Espíritu Santo
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| Crédito: Unsplash | CC0 |
Él nos ama en
todo momento, siempre, incluso cuando estamos en pecado, como dice San Juan de
la Cruz en el Cántico espiritual. Nos ama y habita en nuestro corazón, porque
no podríamos existir sin su presencia. El papa Francisco nos lo recordó en
Gaudete et exultate:
"A veces,
la vida nos plantea retos mayores y, a través de ellos, el Señor nos invita a
nuevas conversiones que permitan que su gracia se manifieste mejor en nuestra
existencia, “para hacernos partícipes de su santidad” (Hb 12, 10).
Otras veces se
trata simplemente de encontrar una forma más perfecta de vivir lo que ya
hacemos: 'hay inspiraciones que nos hacen tender únicamente hacia una
perfección extraordinaria de las prácticas ordinarias de la vida cristiana'.
Cuando estaba
en prisión, el cardenal Francisco Javier Nguyen van Thuan renunció a
desgastarse con la ansiedad por su liberación. Su decisión fue 'vivir el
momento presente, llenándolo de amor'; así es como lo ponía en práctica:
'aprovecho las ocasiones que surgen cada día para realizar acciones ordinarias
de manera extraordinaria'". (GE 17)
Todo es
pasajero
Vivimos en un
mundo en el que se margina a Dios, pero Él no se deja marginar por nadie, ni
siquiera cuando el ser humano decide no amar a Dios. Dios no puede dejar de
amar al ser humano y llama continuamente a su puerta hasta que el hombre,
cansado de oír los golpes, la abre y Dios entra para quedarse con nosotros para
siempre.
Las cosas
terrenales son todas pasajeras. Solo nuestra alma se vuelve eterna con Dios, ya
que ha sido creada por Él. Dios crea para cada persona un alma especial, única
e irrepetible. Por eso, la Iglesia se opone a la reencarnación, es decir, a la
idea de que el alma migre de un lugar a otro, de una persona a otra, mientras
haya vida en la Tierra hasta el fin del mundo. Esto no se ajusta al concepto
cristiano del amor.
Pedir a Dios la
gracia de vivir este momento
Este momento
que ahora vivo, con ese amor con el que lo vivieron los santos, Santa Teresita,
Santa Teresa y, en particular, Santa Isabel de la Trinidad. Por su parte, Santa
Teresita nos enseña y nos dice: "No recuerdo haber pasado nunca más de
tres minutos sin pensar en el Señor".
A veces, nos
vemos tan absortos en tantas tareas, en tantos quehaceres y en tantas
preocupaciones que pasamos días enteros sin siquiera acordarnos de Dios. Y esto
ocurre porque no amamos lo suficiente. Quien ama no puede olvidarse de la
persona amada. Como también nos advierte Teresita: "Pensar en una persona
a la que amamos ya es rezar por ella".
Nuestra
santidad no se construye fuera del tiempo, sino dentro del tiempo. Es en este
tiempo que Dios nos regala donde debemos realizar las obras de amor, "para
que los hombres, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que
está en los cielos".
Es el momento
de reflexionar profundamente a lo largo de nuestra vida sobre nuestro camino
hacia Dios, para descubrir la grandeza del amor y reconocer que, solos, no
podemos nada, pero que con Dios lo podemos todo. Y ese mismo Dios también nos
necesita para que el Evangelio sea anunciado y proclamado a todas las personas
del mundo.
Engendrar a
Jesús en nuestra vida
Este texto de
Gaudete et Exsultate es muy importante para la santificación del tiempo y para
comprender que nos realizamos en el tiempo, siguiendo el ejemplo de la propia
persona de Jesús, que crecía en el tiempo, en sabiduría y en gracia. Que la
Virgen María, nuestra Madre, que durante nueve meses llevó en su seno al Verbo
Eterno, nos ayude a comprender que nuestra santificación consiste en engendrar
a Cristo Jesús en nuestra vida. Debemos vivir en el tiempo, y no fuera de él.
El punto álgido
de nuestro apostolado se produce cuando participamos en la Eucaristía, momento
en el que decimos: "Por Cristo, con Cristo, en Cristo. A Él sea dada
gloria y alabanza por siempre". ¿Cómo vivimos nuestro tiempo? ¿Cómo
realizamos las obras del Señor y, sobre todo, cómo nos realizamos nosotros
mismos dentro de ese espacio que llamamos tiempo?
En todo momento
Dios nos acompaña y nos indica el camino que debemos seguir. ¡Seamos capaces de
transformar nuestro tiempo cronológico en un kairós de Dios y en el anuncio
vivo de la Palabra del Señor!
Por fray
Patrício Sciadini, carmelita descalzo
Fuente: Aleteia
