PARA DIOS VALE MÁS LA CARIDAD QUE LA CANTIDAD

No es dar lo que nos sobra, la caridad significa entregar hasta lo indispensable para vivir; y eso tiene más valor para Dios que la cantidad más impresionante.

Crédito: AnnaStills

¿Qué piensas cuando escuchas la palabra "caridad"?, quizá la relaciones con dar limosna a algún necesitado; y sí, algo hay de eso. Pero va mucho más allá de dar una moneda a aquella persona que llega a importunarnos. Dios toma en cuenta cada gesto, y si de dinero se trata, aunque sea una mínima cantidad para favorecer a esos pequeños como los llamó Jesús (Mt 25, 45), la recompensa será grande.

Ser generosos

Porque lo importante no es la cantidad sino la intención, y, sobre todo, la generosidad del corazón con que nos desprendemos de nuestras pertenencias. El mismo Señor Jesús admiró a la viuda que dio dos monedas de poco valor porque era todo lo que tenía para vivir (Mc 12 42). Su generosidad le ganó el reconocimiento de Dios. ¿No es maravilloso?

Además, compartir con otros lo que tenemos es un acto de justicia. Nada tenemos que no provenga de Dios. Como leemos en el Salmo 145:

"Dios abre su mano y nos sacia de favores" (Sal 145, 16)

El Señor no se deja ganar en generosidad, a quien confía en su Providencia nada le falta y todo le sobra

Asimismo, es necesario dar "hasta que nos duela", porque desprenderse de lo sobra, no tiene mérito. Es como echar a la basura los estorbos para que alguien más lo recoja.

En cambio, si compartimos aquello que usamos y que nos gusta con quien lo necesita, sin duda agradará a Dios.

Además, hay que dar con alegría

Y por si no fuera suficiente, también a Dios le gusta la actitud con la que hagamos nuestras buenas obras. Por eso, leemos que san Pablo motiva a los corintios:

"Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama al que da con alegría" (2 Cor 9, 7).

Aquí es en donde podemos hace un ejercicio mental y preguntarnos: "¿con qué actitud doy al que me pide?, ¿siento molestia o disgusto?" O por el contario, "¿me doy cuenta de que tengo una gran oportunidad para hacer el bien y solventar una necesidad?"

Y no importa que sea poco. A veces, con tan solo escuchar al hermano en desgracia estamos dando mucho.

Por eso, cada vez que alguien se acerque a nosotros a pedir nuestra ayuda, pongamos en su rostro el Rostro de Jesús y demos gracias porque Dios se ha acordado de nosotros para que lo auxiliemos y nos acerquemos más al cielo. Que así sea.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia