Un dogma es una verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia como tal, de modo definitivo –no se pueden revertir ni cambiar
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| Crédito: Juan Domenech/Unsplash |
Estamos cerca
de celebrar, este 15 de agosto, el día de la Asunción de la Virgen María, una
ocasión para profundizar en el amor a la Madre de Dios a través del
conocimiento del ‘lugar’ en el que Dios la ha puesto para nuestro provecho
espiritual y salvación eterna.
Que María fue
asunta al cielo es un ‘dogma’ de fe para los católicos. A continuación, un
repaso de los dogmas proclamados en torno a María y una ayuda a la memoria para
nosotros que queremos ser buenos hijos en el Hijo.
¿Qué es un
dogma?
Los dogmas
marianos no son opiniones piadosas ni expresiones devocionales opcionales, a
gusto de cada quién, sino verdades de fe que la Iglesia ha definido
solemnemente y que todo católico está llamado a creer.
Un dogma es una
verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia como tal, de modo
definitivo –no se pueden revertir ni cambiar–. El Catecismo enseña que la fe
católica acoge la verdad revelada con obediencia de fe, y que el Magisterio
tiene la misión de custodiar, explicar y proponer con autoridad lo que ha sido
revelado por Dios en la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición (cf. CEC
88-89; 2032-2035).
Por eso, cuando
la Iglesia define un dogma, no está inventando una nueva verdad, sino
declarando solemnemente que algo pertenece al depósito de la fe. Una vez
definido, el dogma no puede ser negado por una decisión posterior, porque la
Iglesia lo propone como verdad irrevocable para la fe católica.
Los dogmas de
la Iglesia abarcan verdades sobre Dios, Jesucristo, la Virgen María, la
Iglesia, los sacramentos y el destino último del ser humano. En el caso de
María, la Iglesia ha definido cuatro dogmas.
Los cuatro
dogmas marianos
1. La
Inmaculada Concepción
El dogma de la
Inmaculada Concepción enseña que la Santísima Virgen María fue preservada, por
singular gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, de toda
mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción.
El Catecismo lo
resume así: la Virgen fue “preservada inmune de toda mancha de pecado original”
y enriquecida desde el primer instante con la santidad singular que Dios le
concedió para preparar en ella la morada del Verbo encarnado. (cf. CEC
490-493).
Este dogma fue
definido por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, mediante la bula Ineffabilis
Deus. La enseñanza de la Iglesia subraya que esta gracia proviene de
Jesucristo, no al margen de Él: María fue redimida de modo ‘preveniente’ (o,
‘que precede’) y perfecto en atención a los méritos de su Hijo.
2. La
Maternidad Divina
La maternidad
divina de María significa que la Virgen es verdadera Madre de Dios, porque
Jesucristo, su Hijo, es una sola Persona divina con dos naturalezas, la humana
y la divina. Por eso, quien nació de María según la carne es el Hijo eterno de
Dios hecho hombre; en ese sentido, María es con toda verdad Theotokos,
Madre de Dios. (cf. CEC 495).
Esta verdad fue
solemnemente proclamada por el Concilio de Éfeso en el año 431, bajo el
pontificado del Papa Celestino I. En el siglo XX, el Concilio Vaticano II
reafirmó esta doctrina al recordar que “desde los tiempos más antiguos, la
Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios” (Lumen gentium,
66).
3. La Perpetua
Virginidad
El dogma de la
perpetua virginidad afirma que María fue virgen antes, durante y después del
parto de Jesús. Esta verdad forma parte de la fe católica desde los primeros
siglos.
No se trata de
señalar simplemente que María permaneció virgen hasta cierto momento, sino de
confesar que su virginidad fue perpetua. El Papa San Juan Pablo II recordó que
la Iglesia ha considerado constantemente esta verdad como parte de la fe
recibida y profundizada a lo largo de su historia.
A diferencia de
la Inmaculada Concepción y la Asunción, este dogma no fue definido en una única
bula pontificia. La virginidad perpetua de María se definió formalmente a
través del Segundo Concilio de Constantinopla (553) y el Sínodo de Letrán
(649).
4. La Asunción
de la Virgen María
La Asunción de
María enseña que la Virgen Santísima, terminado el curso de su vida terrena,
fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. La Iglesia no define el
modo exacto en que concluyó su vida terrena, pero sí proclama con certeza que
fue glorificada plenamente por Dios (cf. CEC 966).
Este dogma fue
proclamado solemnemente por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, mediante
la constitución apostólica Munificentissimus Deus. En ese documento, se
reafirma que la Inmaculada Madre de Dios fue asunta en cuerpo y alma a la
gloria celestial.
No olvidar
Los dogmas
marianos no añaden algo ajeno a Cristo; al contrario, muestran la grandeza de
la obra salvadora de Dios en la Virgen María. Por eso, la devoción mariana
auténtica nunca separa a María de Jesucristo, sino que la contempla como la
primera y más perfecta discípula del Señor.
Por Rubén León
Fuente: ACI
Prensa
