Jesús permanece categórico: "Solo la vía
del amor es la vía de la vida"
El Santo Padre inciensa la imagen de Nuestra Señora del Lago, en Castel Gandolfo
Al final de la tarde de este sábado 29 de agosto, el
Santo Padre presidió la Santa Misa en la iglesia de María Santísima del Lago,
en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes
de participar en la procesión por las aguas del lago Albano. En su homilía,
exaltó el amor como camino de vida y salvación y pidió a los cristianos que no
permitan que el mal «desfigure nuestra humanidad». Poner la otra mejilla no es
cosa de perdedores, sino Evangelio.
Este sábado 29 de agosto de 2026, en Castel Gandolfo,
las palabras del Papa León XIV sobre el amor, la entrega y la paz resonaron
junto al lago Albano, en la Iglesia de María Santísima del Lago, que forma
parte de la Parroquia Pontificia de santo Tomás de Villanueva, durante la
homilía de la santa misa votiva, "Virgen María, fuente de la
salvación".
En las primeras vísperas del XXII Domingo del Tiempo
Ordinario, el Obispo de Roma comenzó evocando que otros de sus Predecesores
habían celebrado esta fiesta. San Pablo VI "deseó y apoyó la construcción
de esta iglesia dedicada a María y la consagró", mientras que san Juan
Pablo II quiso aquí "recordar su memoria y renovar su mensaje".
La liturgia de la Palabra, observó León XIV, ofrece
textos que armonizan con esta cita tradicional. En la primera lectura, el
profeta Jeremías habla de su necesidad irresistible de corresponder a la
llamada que ha recibido de Dios.
"Me sedujiste, Señor, y me dejé
seducir", dice Jeremías. Y añade: "Había en mi corazón como un fuego
ardiente; me esforzaba por contenerlo, pero no podía".
Dios le ha revelado
que lo conocía y lo había elegido desde el seno materno. También le ha hablado
de su amor eterno por su pueblo y de su plan de salvación. Por eso, Jeremías ya
no puede callar.
Sabe que tendrá que decir y hacer cosas que no agradarán a
muchos, y que encontrará sufrimientos, incomprensiones y burlas. Pero "el
amor lo impulsa a actuar por el bien de su pueblo, sin compromisos, hasta el
final", explicó León XIV.
Es lo que enseña también Jesús en el Evangelio. Poco antes,
había alimentado a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces y, después, a
otros cuatro mil con siete panes y unos pocos peces. Pero, más allá del éxito
de aquellos gestos, Jesús explica a los discípulos el sentido mesiánico de lo
que ha realizado.
Les anuncia que deberá ir a Jerusalén, sufrir mucho, ser llevado
a la muerte y resucitar al tercer día. Después de los milagros, Jesús
manifestará definitivamente su gloria "sacrificando libremente su
vida" y ofreciéndose en la cruz "como pan partido".
Y precisa que el mismo camino deberá recorrer quien quiera
continuar su misión: "Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a
sí mismo, tome su cruz y me siga". Jesús revela así que "solo el amor
salva".
Es el amor que Dios ha mostrado haciéndose hombre, muriendo y
resucitando por nosotros, y también el amor con el que los cristianos se
ofrecen humildemente a Dios y a los hermanos: en la perseverancia de la caridad
cotidiana y en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, como sucede
todavía hoy a muchos cristianos en distintas partes del mundo.
Las semillas de la caridad
León XIV citó después a san Agustín: "La alegría del
segador demuestra la intención del sembrador".
"Con la ayuda de Dios, queremos esparcir por todas partes
en el mundo las semillas de su caridad infinita, sin cansarnos, sin
medida", afirmó el Papa, para que hoy y siempre alguien pueda alegrarse
recogiendo sus frutos. Pero no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción
de este designio del Creador. Muchos piensan que es una utopía.
Poner la otra mejilla, dicen, es de perdedores; dar ante el
rechazo, de ingenuos; perdonar sin límites, de débiles. "No hay de qué
sorprenderse", señaló León XIV. Incluso para Pedro fue difícil aceptar
este modo nuevo y diferente de razonar. Pero Jesús permanece categórico:
"Solo la vía del amor es la vía de la vida". El Papa advirtió también
contra el odio y la violencia.
"No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada
bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a
injusticias sufridas". Es algo que, señaló, puede verse cada día
"desde lo pequeño de nuestra experiencia doméstica hasta la gran escena
del mundo".
Todo confirma lo que Jesús enseñó: "Quien quiera salvar su
vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la encontrará".
"Tenemos
tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros
mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones", afirmó
León XIV.
Por eso pidió: "Cualquiera que sea la herida, cualquiera
que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos
corrompa el corazón!".
El Papa exhortó a no conformarse con la mentalidad del mundo y a
continuar amando, dando y perdonando, ofreciéndose "como sacrificio vivo,
santo y agradable a Dios", para preservar y hacer crecer, en cada persona,
la dignidad infinita de la imagen divina que lleva en el alma.
Y ante las dificultades, invitó a no desanimarse: "Nuestra
fuerza está en el Señor, y con su ayuda todo es posible".
La procesión sobre el lago
León XIV relacionó después la procesión de la Madonna del Lago
con otro episodio del Evangelio. En el lago de Tiberíades, Jesús alcanzó a sus
discípulos, que estaban asustados, caminando sobre las aguas. En medio de los
vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a rezar para recuperar la paz y
continuar con Él navegando hacia la meta.
"Con esta fe", explicó el Papa, la comunidad participa
en la Eucaristía.
Sobre el altar, los fieles ofrecen su propia vida junto con el
pan y el vino. El Señor une esas ofrendas a la suya, las consagra y las
devuelve transformadas en su Cuerpo y en su Sangre, para que sean compartidas
como alimento para el camino.
Después, como los discípulos, la comunidad deja la orilla
llevando consigo la imagen de María, "nuestro modelo y guía", para
llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición recibida. Son gestos
sencillos, dijo León XIV, con los que se renueva la confianza en Dios y la
devoción filial a su Santísima Madre.
Una comunidad que custodia
El Sucesor de Pedro destacó también el cuidado de la pequeña
comunidad que vive en este lugar y que durante todo el año lo custodia como un
lugar de paz, para que en los momentos solemnes pueda reunirse aquí todo el
pueblo de Dios.
Recordó en este sentido a san Pablo VI y explicó que esta
realidad evoca a María, que acogió en su seno y en la casa de Nazaret al Hijo
de Dios hecho hombre, para que su salvación pudiera llegar a todos.
"Este lugar de devoción mariana se convierte también en un
signo de cómo la Iglesia se esfuerza, día tras día, por hacer de todos nosotros
un solo cuerpo", explicó León XIV. Un solo cuerpo en la oración, en
los sentimientos, en los propósitos y en el desarrollo ordenado y unánime de la
vida compartida.
El Papa recordó también el amor con el que el Señor, por medio
de su Santísima Madre, quiso acercarse a nosotros "como uno de
nosotros", hasta confundirse con la gran multitud de nuestra humanidad.
"En
todas las noches del mundo"
Al final de la homilía, León XIV invitó a los fieles a
permanecer unidos a Jesús y a María. "Abracémonos, entonces, esta tarde, a
Jesús y a María, al Hijo y a la Madre", pidió.
Y concluyó con una imagen que amplía la celebración más allá del
lago: ser, unidos, "no solo en el lago, sino en todas las noches del
mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su
amor que invita a amar".
El compromiso de los Salesianos en Castel Gandolfo
La Misa es concelebrada, entre otros, por el obispo de la
diócesis suburbicaria de Albano, monseñor Vincenzo Viva; por el párroco de la
iglesia de Santo Tomás de Villanueva, en Castel Gandolfo, el padre Tadeuz
Rozmus; y por los miembros de la Casa Generalicia de los Salesianos, los padres
Gabriel Cruz y Pedro André, en representación del rector mayor, el padre Fabio
Attard.
Se cumple, en efecto, el centenario de la presencia de la
congregación fundada por Don Bosco, llamada a Castel Gandolfo en 1926 por el
Papa Pío XI para abrir el oratorio y dedicarse a la pastoral parroquial, con
especial atención a la educación de los jóvenes y a su crecimiento humano y
cristiano.
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LO HUMANO Y DIVINO
Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Génesis, 1,26-27)