Lo que nos conecta con nuestro verdadero ser, con la esencia de nuestra existencia, está al alcance de nuestra mano
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| Crédito: Freedom Studio | Shutterstock |
C. S Lewis,
escribiendo como un demonio en Cartas del diablo a su sobrino, describió el
momento presente así:
“Los humanos
viven en el tiempo, pero nuestro Enemigo (Dios) los destina a la eternidad. Por
tanto, creo, quiere que se ocupen principalmente de dos cosas, de la eternidad
misma y de ese momento que llaman Presente. Porque el presente es el punto en
el que el tiempo toca la eternidad ".
Parece que C.S.
Lewis, intencionalmente, escribe Presente en mayúscula. Nos está haciendo saber
que, para los cristianos, una experiencia en el tiempo presente y una
experiencia de Dios es lo mismo.
Para el que
cree, todo en la realidad es lugar de encuentro con Dios y, este encuentro con
Dios, puede ocurrir en cualquier lugar donde le permitamos estar con nosotros.
Si dejamos de
preocuparnos por el futuro podremos ver mejor la alegría que experimentamos
juntos en el presente. Así podremos vislumbrar de qué se trata la eternidad con
Dios.
1. El aquí y
ahora
Se trata de
otorgar al aquí y ahora la dignidad de lo eterno. Si es cierto que lo que
hacemos ahora lo haremos innumerables veces, hemos de hacerlo de tal manera que
pueda volver a nosotros sin temor. Hemos de vivir cada instante como si fuera
eterno, pues retorna a nosotros eternamente.
El presente
contiene una parte de la felicidad del cielo. La vida está hecha para
desplegarse en el aquí y ahora. Se trata de bailar con la vida a cada momento y
en cada cosa que hacemos buscar a Dios y encontrarlo.
2. Yo
Vivir el
momento presente nos conecta con nuestro verdadero ser, que está más allá del
tiempo y que es la misma vida de Dios que reside en nuestro interior.
Muchas veces
quedamos “atrapados en el tiempo”, por lamentar el pasado o temer por el
futuro.
Vivir el
presente nos permite salir de esta trampa, nos permite “existir” en el sentido
pleno de la palabra (ex-stare: estar fuera) salir, para en este éxodo, volver a
lo esencial de nuestra existencia.
Vivir el
presente nos permite conectar con lo que hay en nosotros que permanece. Nos
permite encontrar la eternidad que habita en nosotros y que nos permite
encontrar a Dios.
3. El otro
El otro puede
ser Dios para mí en la medida en que permito que Dios empiece a tener rostros
concretos en mi vida.
Como somos
hombres y mujeres de "poca fe", Jesús continúa tendiéndonos su mano
para salvarnos y permitir que nos encontremos con Él.
Nos tiende la
mano cuando existen "otros" que llaman a nuestra puerta,
ofreciéndonos la oportunidad de superar nuestros miedos para encontrar, acoger
y ayudarlo a Él en persona.
“El encuentro
con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él
quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo
y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos. Y si todavía tuviéramos
alguna duda, esta es su clara palabra: «En verdad os digo, que cuanto hicisteis
a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»” (Mt 25,40).
(…) “Y aquellos que han tenido la fuerza de liberarse del miedo, los que han
experimentado la alegría de este encuentro hoy están llamados a anunciarlo
desde los tejados, abiertamente, para ayudar a otros a hacer lo mismo,
predisponiéndose al encuentro con Cristo y su salvación”.
Papa Francisco
Luisa Restrepo
Fuente: Aleteia
