"La vitalidad de una nación depende del valor que atribuya a toda vida humana"
El Papa León XIV recibe la "Liberty Medal", en conexión con su tierra natal, los Estados Unidos de América. |
En vísperas de
las celebraciones del 250.º aniversario de la Declaración de Independencia de
Estados Unidos, el Sucesor de Pedro recibió la Medalla de la Libertad del
National Constitution Center de Filadelfia. En un discurso grabado en vídeo y
retransmitido en directo desde el Vaticano, elogió los ideales fundacionales de
Estados Unidos, al tiempo que hizo un llamamiento a la defensa de la dignidad
humana, la libertad religiosa y la unidad nacional.
Durante una
audiencia privada celebrada en abril, una delegación del Centro Nacional de la
Constitución viajó al Vaticano para entregar al Papa la Medalla de la Libertad
2026, en reconocimiento a su labor en la promoción de la libertad religiosa y
la libertad de conciencia y de expresión en todo el mundo -ideales
fundamentales para los fundadores de Estados Unidos, tal y como se recogen en
la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos-.
Tres meses más
tarde, en vísperas del 250.º aniversario de la fundación de Estados Unidos,
León XIV aceptó oficialmente la condecoración y pronunció un discurso en el que
reflexionó sobre los valores fundacionales del país, su papel en la actualidad
y lo que este galardón significa para él.
«Como hijo de
esta gran nación, fundada por hombres y mujeres valientes que soñaban con la
libertad y con una vida mejor para ellos y para sus hijos, me uno a ustedes
para pedir la bendición de Dios sobre el futuro de Estados Unidos, para que los
elevados ideales consagrados al comienzo de la Declaración de Independencia
sigan guiando el florecimiento de la nación en la unidad, la justicia y la
paz».
Con estas
palabras, el Obispo de Roma acogió el galardón este viernes 3 de julio de 2026.
Al intervenir por videoconferencia desde el Vaticano ante los participantes
reunidos en Filadelfia -en una ceremonia trasladada al interior del National
Constitution Center debido a la alerta por calor extremo-, el primer Pontífice
nacido en Estados Unidos agradeció el reconocimiento y, en la víspera del 250º
aniversario de la Declaración de Independencia, invitó a renovar el compromiso
con los ideales de dignidad humana, derecho a la vida, libertad religiosa,
justicia y unidad que marcaron el nacimiento de la nación. Cada año, la Liberty
Medal distingue a hombres y mujeres de coraje y convicción que trabajan para
promover las bendiciones de la libertad en todo el mundo.
La dignidad
humana como fundamento de los derechos
Al evocar el
significado de la Declaración de Independencia, el Pontífice destacó la
vigencia de sus principios fundacionales y afirmó que la célebre proclamación
de que todos los hombres y mujeres han sido creados iguales y dotados por el
Creador de derechos inalienables encuentra su fundamento más profundo en la
visión bíblica del ser humano creado a imagen de Dios.
De esa
convicción, explicó, nace una dignidad que precede a cualquier Estado y cuya
protección constituye precisamente la razón de ser de toda autoridad política.
El Papa recordó
además que, durante dos siglos y medio, Estados Unidos fue para muchos pueblos
un referente de libertad, al abrir sus puertas a sucesivas generaciones de
inmigrantes y defender ese ideal incluso más allá de sus fronteras en momentos
decisivos de la historia contemporánea. No obstante, reconoció que la
realización de los ideales de «libertad y justicia para todos» ha sido un
camino complejo que continúa siendo «una obra en progreso», llamada a renovarse
en cada generación.
El derecho a la
vida y la auténtica libertad
Uno de los ejes
centrales del discurso fue el derecho a la vida, que León XIV definió como el
primero de los derechos proclamados por los fundadores de la nación.
«Nadie que sea
privado de la vida puede disfrutar de la libertad ni buscar la felicidad»,
afirmó, al sostener que la vitalidad de una nación depende del valor que
atribuya a toda vida humana. En este sentido, invitó a cultivar una auténtica
reverencia por ese don, capaz de inspirar tanto las conciencias como las leyes
para proteger la vida «desde el momento de la concepción hasta la muerte
natural».
Asimismo,
aseguró que la verdadera grandeza moral de un país se manifiesta en su
capacidad para «apoyar, proteger y valorar la vida de todos, especialmente de
los más vulnerables y de aquellos cuya dignidad es cuestionada».
Al abordar el
significado de la libertad, el Pontífice advirtió que esta no puede reducirse a
la simple posibilidad de actuar según los propios deseos. La libertad
auténtica, explicó, consiste en la capacidad de conocer la verdad y adherirse
al bien, incluso cuando ello exige sacrificio.
La libertad
religiosa, garantía para la convivencia
En ese
contexto, León XIV elogió la tradición estadounidense de proteger la libertad
religiosa y la libertad de conciencia, permitiendo que cada persona pueda
buscar la verdad y vivir de acuerdo con sus convicciones sin miedo ni coacción.
Afirmó que esa
libertad protege el ámbito más íntimo de la persona, donde se forman las
convicciones y actúa la conciencia, al tiempo que garantiza el derecho de
individuos y comunidades a profesar y manifestar públicamente su fe.
“Esta misma
libertad garantiza también el derecho de toda persona a practicar su culto
según sus propias creencias, así como el derecho de los individuos, las
comunidades y las asociaciones a expresar públicamente su fe. De hecho, la
libertad religiosa dio origen a la tradición estadounidense de facilitar el
diálogo interconfesional y la cooperación interreligiosa para promover el bien
común y enriquecer los debates sobre las grandes cuestiones morales y éticas a
las que se ha enfrentado la nación y que han marcado el curso de su historia.”
"E
pluribus unum"
En la parte
final de su intervención, León XIV retomó el lema nacional de Estados
Unidos, E pluribus unum («De muchos, uno»), para subrayar que
una nación solo puede prosperar cuando permanece unida por ideales permanentes
y no por objetivos pasajeros.
Los principios
de la dignidad humana compartida, la igualdad y los derechos proclamados en la
Declaración de Independencia, afirmó, deben seguir siendo fuente de unidad e
inspiración para afrontar los desafíos del presente y del futuro.
Al agradecer la
concesión de la Liberty Medal, expresó su esperanza de que el 250.º
aniversario de la fundación de Estados Unidos sea una oportunidad para renovar
solemnemente el compromiso con los ideales que han caracterizado al país por su
búsqueda de la paz, la prosperidad, la generosidad y la nobleza de corazón.
Finalmente,
encomendó el futuro de la nación «a Aquel que es la fuente de la verdadera
libertad y de la paz duradera», antes de concluir con una invocación: «¡Que
Dios bendiga a Estados Unidos!».
Sebastián
Sansón Ferrari
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News