«Recordad que habéis sido creados para grandes cosas y que el mundo entero no basta para saciar vuestra sed de sentido y felicidad»
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León XIV
participa en el encuentro de oración y fraternidad «Cántico de Paz» en Borgo
Laudato si’, en los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, junto a Andrea
Bocelli y el coro ABF Voices: «El mundo entero no basta para saciar vuestra sed
de sentido y de felicidad».
La música puede
llevarnos más allá del umbral del misterio. Porque, al igual que quien bordea
un arroyo llega a su manantial, así la belleza del canto puede acompañarnos
hacia Dios, saciando la sed de sentido y felicidad que el mundo no logra
calmar. Es la imagen que propuso el papa León XIV en su reflexión durante el
encuentro «Cántico de Paz», celebrado esta tarde, 29 de julio, en
Borgo Laudato si’, en los Jardines Pontificios de Castel
Gandolfo, a la sombra de la gran encina centenaria llamada «Matusalém».
Al evocar los
«coros de ángeles y santos» de las Escrituras, el Pontífice señala que estos no
«cantan literalmente todo el tiempo»: su verdadera armonía nace de la
contemplación común de Dios, a la que también puede conducir la música
terrenal.
Desde Tierra
Santa, Uganda e Italia, juntos
La iniciativa,
promovida por el Centro de Alta Formación Laudato si’ y por la Fundación Andrea Bocelli, representada por el propio
tenor, se enmarca en las celebraciones del octavo centenario del fallecimiento
de san Francisco de Asís. Las lecturas propuestas durante el acto recogen
algunas de sus composiciones, como el Cántico de las Criaturas,
además de pasajes bíblicos y las palabras de varios pontífices, desde san Pablo
VI hasta san Juan Pablo II, pasando por el Papa Francisco.
Un momento de
oración, definido por el Papa como una ocasión de «alegría», acompañado por la
voz de Bocelli y por el coro ABF Voices, formado por 164 niños y
jóvenes procedentes de Tierra Santa, Uganda e Italia. Voces unidas por la misma
pasión, pero también por historias a menudo marcadas por la guerra, la pobreza
y el sufrimiento.
León XIV señala
que su «precioso canto», junto con la oración final leída en varios idiomas, da
testimonio de cómo la música sabe unir diferentes tonalidades en una armonía en
la que cada uno aporta una contribución única al conjunto: «En este sentido,
el coro se convierte en símbolo de concordia y cooperación».
Algo más
grande que el individuo
Remitiéndose
así a los «coros» descritos en las Sagradas Escrituras, el Papa señala cómo su
unión nace de encontrar en Dios la «plenitud de la felicidad».
«Al cantar,
¿habéis notado cómo la música nos ha involucrado a todos en una experiencia
nueva, algo que era más grande de lo que cada uno de nosotros habría podido
crear por sí solo? Esta es la experiencia de la belleza. Nos abre un nuevo
horizonte y despierta en nosotros el deseo de ir a su encuentro».
Como un
arroyo que fluye hacia su manantial
Avanzar hacia
esa apertura significa descubrir no solo «algo», sino «a Alguien»: «Del
mismo modo que podemos seguir un arroyo hasta su manantial, así la belleza de
la música nos invita a encontrarnos con Aquel que es la Belleza misma. En este
sentido, seguid cultivando los dones que Dios os ha dado y dejad que os guíen
hacia Él».
El mundo no
sacia la sed de sentido
El Sumo
Pontífice reconoce los «corazones inquietos» que laten en el pecho de los
jóvenes, a los que solo el Señor, «todo lo que buscamos en la vida», puede dar
consuelo.
«Recordad
que habéis sido creados para grandes cosas y que el mundo entero no basta para
saciar vuestra sed de sentido y felicidad».
«El Santo
Padre os ama y reza por vosotros»
A las nuevas
generaciones, León les ofrece además una palabra de consuelo: «El Santo
Padre os ama y reza por vosotros, por vuestras familias y por vuestros países».
Un pensamiento
que se convierte también en una invocación por la paz, para que reine «en todos
aquellos lugares del mundo que siguen sufriendo a causa de la violencia».
Para los
jóvenes participantes, la oración coral con el Papa representa la culminación
de un recorrido de diez días, durante el cual coristas y educadores han
compartido una experiencia de formación y fraternidad a través del arte del
canto.
El
compromiso de la Fundación Andrea Bocelli
El pensamiento
final del Pontífice se dirige a la Fundación Andrea Bocelli,
comprometida con los jóvenes que se enfrentan a desventajas educativas y
sociales.
«A través
del poder de la música, estáis contribuyendo a la misión de la Iglesia de
promover el desarrollo integral de cada persona, al servicio del bien común.
Que Dios bendiga vuestros esfuerzos».
La oración de
los niños
Tras la
reflexión del Papa, los niños presentes recitan una oración en varios idiomas:
«Padre,
somos niños, solo pedimos poder jugar; por eso has creado para nosotros un
jardín espléndido donde vivir felices, inmersos en tu amor, en armonía con
todas tus criaturas, a las que san Francisco nos ha enseñado a llamar hermanos
y hermanas. No hemos sabido cuidar el jardín y la alegría de habitarlo se ha
convertido en miedo a Ti, y nos hemos escondido. Pero tu amor, como cuando
jugamos al escondite, nos ha encontrado: Jesús, con su ofrenda en la cruz, nos
ha hecho hacer las paces, ha restablecido la comunión contigo, entre nosotros y
con todas las criaturas. Te pedimos que nos ayudes a cuidar el jardín para
vivir felices».
El encuentro
continúa con la recitación del Padrenuestro, el intercambio del signo de la paz
y la bendición apostólica. Concluye con la interpretación de «Amazing
Grace» a cargo de Bocelli y el coro, y la entrega al Sumo Pontífice de
algunos obsequios preparados por los niños y procedentes de sus respectivas
tierras.
Edoardo
Giribaldi
Castel
Gandolfo
Fuente: Vatican News