El por entonces fraile agustino vio una gran roca y decidió estrellarse contra ella. «Esa piedra en el fondo era Cristo», dice otro hermano agustino
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Estaban en Apurimac, Cuzco, en la zona alta, y era la temporada de lluvias. Imagen de archivo |
Conocida es la
afición de León XIV por los automóviles. Como sus amigos bien recuerdan, a
Prevost le encantaba desarmar coches y, prácticamente, volverlos a armar. De
hecho, fue profesor de autoescuela cuando era joven y conocidos son,
también, sus viajes interminables en coche de país en país.
En el
documental recién estrenado sobre los años del Papa viviendo en Roma,
titulado Leone a Roma, un fraile agustino cuenta un episodio
desconocido hasta ahora que sirve como metáfora de lo que luego llegaría a ser
el Papa León XIV.
Una vuelta
sobre sí mismos
Gianfranco
Casagrande era director de los agustinos en Italia cuando tuvo que viajar a
Perú para animar la misión, y allí se encontró con Robert Prevost. Estaban
en Apurimac, Cuzco, en la zona alta, y era la temporada de lluvias.
Prevost
conducía un minibús lleno de gente y tomó la curva, pero, con el barro
debajo, el coche dio una vuelta sobre sí mismo. Se salió de la ruta y
empezó a caer por el barranco. "Ahí todos gritaban", recuerda el
fraile.
Prevost,
conduciendo con sangre fría, trataba de controlar el minibus, y,
entonces, vio una roca que sobresalía e intentó impactar allí.
"Gracias a Dios quedó atascado allí, y luego empezó a decirnos a todos:
'poco a poco, no se muevan, movimientos mínimos, bajen de uno en uno,
despacio'", recuerda Casagrande.
"Estábamos
todos sucios, embarrados. La Providencia había visto desde arriba que el
conductor de ese minibus tenía que ser el sucesor de Pedro, esa piedra
en el fondo era Cristo", concluye.
Fuente: ReligiónenLibertad
