El desarrollo de disciplinas como la arqueología ha reavivado el interés por el pasado, especialmente entre quienes buscan la verdad. Este impulso ha dado lugar a hallazgos cada vez más relevantes y prometedores
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| El fresco de Jesús, junto a los apóstoles, calmando la tormenta/Crédito: Renata Sedmakova-Shutterstock |
En el último
siglo y medio, investigadores tanto del ámbito científico como del religioso
han ampliado nuestro conocimiento sobre los orígenes de la Iglesia, en
particular sobre el primer impulso apostólico.
En este
contexto, el presente artículo repasa los lugares donde se situarían las tumbas
de los doce apóstoles. Los vestigios hallados, junto con las fuentes históricas
disponibles, contribuyen a esclarecer, confirmar y ampliar los datos
transmitidos por la tradición cristiana.
Los doce
apóstoles
¿Quiénes fueron
los doce apóstoles? Dice la Escritura: “Los nombres de los doce Apóstoles son:
en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego,
Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y
Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y
Judas Iscariote, el mismo que lo entregó” (Mt 10, 2-4).
San Pedro
El escritor
Thomas Craughwell, en un artículo publicado en el National Catholic
Register, subrayaba los progresos alcanzados por los arqueólogos en los
últimos cien años, los que habían permitido confirmar la ubicación de las
tumbas de San Pedro, San Pablo y San Juan.
Alrededor del
año 64, San Pedro fue ejecutado —crucificado cabeza abajo— por órdenes del
emperador Nerón en la colina romana donde hoy se encuentra el Vaticano.
Miembros de la comunidad cristiana pudieron rescatar su cuerpo y llevarlo a un
cementerio cercano.
En el año 326,
Constantino mandó nivelar dicha colina y erigió sobre ella una gran basílica
para honrar al apóstol Pedro, primer Papa. El altar mayor fue colocado sobre su
tumba, pero las continuas restauraciones y reconstrucciones hicieron que se
pierda de vista el lugar exacto del sepulcro. Por tradición se sabía que los
huesos de Pedro yacían debajo del altar mayor de su basílica, pero nadie había
visto sus restos en siglos.
En 1939, se le
encomendó a un grupo de trabajadores que cavaran un lugar para la tumba del
Papa Pío XI en las grutas debajo de la Basílica de San Pedro. Cuando se estaban
haciendo los trabajos, uno de los obreros sintió que se topó con algo
sorprendente. Su pala había dado con un espacio hueco, donde no había ni tierra
ni piedras. De inmediato, los hombres que lo acompañaban iluminaron el agujero
descubierto y dieron con una cámara subterránea. Se trataba de un mausoleo del
siglo II.
La posterior
excavación sacó a la luz una necrópolis romana completa que se hallaba en
perfecto estado de conservación, precisamente, el mausoleo cubierto por pedido
del emperador Constantino. Cuando se determinaron sus proporciones y ubicación
exacta, se descubrió que la necrópolis se hallaba exactamente debajo del altar
mayor de la Basílica vaticana.
Los arqueólogos
encontraron una tumba simple que contenía los huesos de un hombre robusto y
anciano. En uno de los lados de la tumba se encontraron incontables oraciones y
peticiones a San Pedro, así como una inscripción griega que decía: “Pedro está
dentro”. Tras varios años de estudio, el Papa San Pablo VI declaró en 1968 que
los restos óseos encontrados en la tumba pertenecían a San Pedro.
San Juan
La tradición
indica que San Juan Evangelista murió en Éfeso, en territorio que hoy pertenece
a Turquía, alrededor del año 100. En el siglo IV, después de que Constantino
pusiera fin a la persecución contra la Iglesia, los cristianos de Éfeso
construyeron una capilla sobre la tumba del apóstol. En el siglo VI, el
emperador Justiniano reemplazó la capilla por una gran basílica. Después de que
la región fuera conquistada por los turcos, la basílica fue convertida en una
mezquita, la que sería destruida por Tamerlán, conquistador y líder
político-militar turco-mongol, en el año 1402.
En la década de
1920, equipos de arqueólogos provenientes de Grecia y Austria encontraron entre
los restos de la basílica la tumba de San Juan. Lamentablemente, esta se
encontraba vacía, por lo que no se ha podido determinar hasta el momento dónde
fueron a parar los restos del apóstol.
San Andrés
San Andrés, el
primer hombre al que Cristo llamó a ser apóstol, era hermano de San Pedro. Se
dice que después de la ascensión de Cristo al Cielo, Andrés llevó el Evangelio
a las tierras donde ahora están Rusia y Ucrania. Ya mayor, se dirigió hacia
Grecia, a la ciudad de Patras, donde murió martirizado. Los cristianos locales
lo enterraron allí, pero sus restos serían trasladados a Constantinopla en el
año 357.
En 1204,
cruzados italianos saquearon el santuario de San Andrés en Constantinopla y se
llevaron casi todas sus reliquias a Amalfi (sur de Italia), donde permanecen
hasta hoy.
En 1964, San
Pablo VI devolvió la mayoría de las reliquias del apóstol Andrés a la Iglesia
ortodoxa griega, las que pueden ser encontradas hoy en la basílica consagrada
al apóstol. Este templo está construido sobre lo que se cree que es la tumba
original de San Andrés.
Santiago el
Mayor
En el año 44,
Santiago el Mayor, hermano de San Juan, murió martirizado en Jerusalén, siendo
el primero de los apóstoles en dar su vida por la fe católica. Según la
tradición, su cuerpo fue transportado milagrosamente al norte de España y
enterrado en un cementerio cristiano. De acuerdo a la tradición, Santiago llevó
el Evangelio a la península Ibérica en uno de sus viajes misioneros por el
Mediterráneo.
La leyenda
popular sostiene que las reliquias de este apóstol se quedaron allí, olvidadas,
hasta el 814, cuando un ermitaño de nombre Pelayo fue guiado por una estrella
hasta un campo abandonado en el que descubrió los restos del apóstol. Hoy,
dichos restos están en la Catedral de Santiago, en Santiago de Compostela.
Curiosamente, debajo de la catedral, los arqueólogos han encontrado un
cementerio cristiano del siglo primero.
Santiago el
Menor
Santiago el
Menor fue el primer obispo de Jerusalén y allí murió martirizado. Fue arrojado
desde la parte más alta del templo y, dado que sobrevivió a la caída, fue
golpeado y apedreado hasta la muerte. Según la tradición, Santiago fue
enterrado en el Monte de los Olivos, muy cerca de Jerusalén. En el siglo VI, el
emperador Justiniano II trasladó sus reliquias a Constantinopla.
En algún
momento, una parte o quizás la totalidad de las reliquias del santo fueron
trasladadas a la Iglesia de los Doce Apóstoles en Roma, donde se encuentran
hoy, en el mismo santuario donde están las reliquias de su compañero
apostólico, San Felipe.
San Felipe
En julio de
2011, un grupo de arqueólogos que trabajaban en Turquía anunciaron que habían
descubierto lo que creían que era la tumba original de San Felipe. El sarcófago
romano del siglo I fue encontrado entre las ruinas de una iglesia del siglo IV
o V, dedicada a este apóstol. De acuerdo a la tradición contenida en un
documento apócrifo del siglo IV, conocido como los Hechos de Felipe,
el apóstol fue arrestado en Hierápolis alrededor del año 80. Allí sería clavado
de pies al tronco de un árbol, en posición boca abajo. Tras desangrarse por
horas, fue decapitado para asegurar su muerte. El sitio donde fue enterrado el
santo se convertiría rápidamente en lugar de peregrinación.
Investigaciones
arqueológicas recientes han descubierto la ruta que conducía hacia el Martyrium o
‘santuario de los mártires’. El Martyrium era una edificación en la que se
preservaban los restos de quienes habían muerto dando testimonio de Cristo. El
santuario que albergaba los restos de Felipe quedó destruido en el siglo VII a
consecuencia de un violento terremoto y un incendio posterior. Por esa razón,
las reliquias de San Felipe fueron trasladadas a Constantinopla, y de allí a
Roma, donde fueron consagradas junto a las de Santiago el Menor, en la Iglesia
de los Doce Apóstoles.
Durante las
excavaciones realizadas por los arqueólogos décadas atrás, estos ubicaron el
sarcófago del santo en Hierápolis; sin embargo, al abrirlo, no encontraron
restos humanos de ningún tipo, con lo que se fortalece la tesis de que los
restos de Felipe se encuentran realmente en la cripta de los Doce Apóstoles en
Roma.
Santo Tomás
Una antigua
tradición sostiene que Santo Tomás viajó más lejos que cualquiera de los otros
apóstoles. Él habría llegado predicando el evangelio a la India, donde fue
martirizado por un órdenes de un sacerdote hindú, que lo remató atravesándolo
con una lanza. Hoy en día, una parte de los restos óseos de Santo Tomás son
venerados en la Basílica de Santo Tomás en Chennai (India).
De alguna
manera, sin que haya muchos datos precisos al respecto, la mayoría de los
restos de Tomás fueron transportados a Edessa, en Mesopotamia. En 1258 estas
reliquias fueron llevadas a Ortona (Italia), donde se encuentran hasta hoy, en
un cofre de oro ubicado dentro de uno de los altares de la Basílica de Santo
Tomás Apóstol.
San
Bartolomé
Después de
Pentecostés, San Bartolomé marchó a predicar a Armenia, donde sería desollado
vivo. En el año 809, sus reliquias fueron extraídas de su tumba en Armenia y
trasladadas a Lipari; luego, en 838, fueron llevadas a Benevento, también en el
sur de Italia. En 983, el emperador romano Otto III erigió en Roma una iglesia
en la isla Tiberina, sobre el cauce del río Tíber. Este templo sería dedicado a
San Bartolomé. Allí llegaron una parte de las reliquias del apóstol. Hoy, tanto
Roma como Benevento son los santuarios principales dedicados a San Bartolomé.
San Mateo
San Mateo, el
recaudador de impuestos convertido en evangelista, predicó en lo que hoy es
Etiopía. Allí entregó la vida en martirio. En 954, sus reliquias fueron
trasladadas desde su tumba en África a la ciudad de Salerno en Italia. Estas
son veneradas hoy en la cripta de la catedral de San Mateo de Salerno.
San Judas
Tadeo y San Simón
Cada año,
millones de peregrinos visitan la Basílica de San Pedro de Roma, y la mayoría de
ellos camina frente al altar que alberga las reliquias del muy querido San
Judas Tadeo y de San Simón, menos conocido y venerado.
La tradición
dice que estos dos apóstoles viajaron juntos para predicar el Evangelio en
Persia, donde encontraron el martirio: Judas fue golpeado hasta la muerte con
una vara y Simón fue cercenado por la mitad. Es incierto cuándo sus restos
mortales fueron llevados a Roma.
San Matías
Como señala el
Nuevo Testamento, los once apóstoles eligieron a San Matías para reemplazar a
Judas Iscariote, el traidor que se quitó la vida. Se dice que alrededor del año
326, la emperatriz Santa Elena encontró la tumba de San Matías en Jerusalén y
envió sus reliquias a los cristianos de Tréveris (Alemania). Sus restos hoy son
venerados en la Basílica de San Matías de Trier.
San Pablo
Aunque Saulo de
Tarso —posteriormente llamado Pablo— no fue parte del grupo inicial al que
llamó Jesús, él mismo es conocido como el “Apóstol de los gentiles”.
Según la
tradición, San Pablo murió decapitado el mismo día que San Pedro fue
crucificado.
Fue el
emperador Constantino, quien no olvidó a San Pablo, el que construyó una
basílica sobre el lugar donde se encuentra la tumba del apóstol en la Vía
Ostiense en Roma. En 2009, el Papa Benedicto XVI hizo el anuncio de que,
después de varios años de estudio, los arqueólogos del Vaticano estaban
bastante seguros de que los restos hallados en un sarcófago bajo el altar mayor
de la Basílica de San Pablo Extramuros (Roma) eran, efectivamente, reliquias de
San Pablo.
“Fragmentos de
hueso fueron sometidos a la prueba de carbono por expertos que no sabían nada
sobre su procedencia, y los resultados de la prueba han mostrado que [tales
huesos] eran de alguien que vivió entre el siglo I y II. Esto parece confirmar
la tradición unánime e indiscutible de que estos son los restos mortales de
Pablo el Apóstol”, dijo Benedicto XVI en esa oportunidad.
Traducido y
adaptado por ACI Prensa. Publicado originalmente en National
Catholic Register
Fuente: ACI Prensa
