AMAR A DIOS SIGNIFICA ENTREGARTE A ÉL SIN RESERVAS

Después del pecado original, Dios no acabó con el hombre por el infinito amor que le profesaba. Y lo amó sin reservas, así como debemos amar nosotros al Señor

Deer worawut

Estamos tan acostumbrados a escuchar que Cristo murió por nosotros en la cruz y que con su sacrificio nos redimió de todos nuestros pecados, que ya no nos impacta. Sin embargo, un amor tan grande no puede pagarse mas que con la misma moneda: amar al Señor sin reservas, sin regateos, con confianza en que no hay nada mejor que Él.

Entenderlo sería agradecer sin cesar

Quizá ha mermado nuestra capacidad de asombro el hecho de vivir en un mundo que ya no se detiene para reflexionar. Pero, si entendiéramos por lo menos en su mínima expresión todo lo que conllevó que el mismo Dios decidiera hacerse como nosotros, depreciando su condición divina para poder pagar el precio de nuestros delitos, estaríamos extasiados.

La contemplación del sacrificio de Cristo en la cruz hizo a santa Teresa sentir un enorme dolor porque no había agradecido suficiente lo que Jesús había hecho por ella - y por cada uno de nosotros -

"Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle" (Libro de la Vida, cap. 9, párrafo 1).

Si lográramos entender la magnitud de su sacrificio, le agradeceríamos todo el tiempo y sin cesar ni un instante

La Preciosa Sangre es sinónimo de amor

El sacrificio de su cuerpo bendito maltrecho y desgarrado, todo el sufrimiento físico y moral, representan solamente el exterior de lo que realmente ocurría dentro de Él: su amor infinito que se desbordaba por cada uno de nosotros en cada gota de su Preciosa Sangre.

¿Cómo no amarlo? Él no dio a medias y pide de nosotros lo mismo: un amor completo para Él, sin reservas, en la misma medida en que el Señor nos dio todo lo que tenía.

Sin embargo, queremos quedarnos con algo siempre, como si temiéramos que, al entregarnos, solamente nos devolverá dolor. Es inaudito que alguien piense que, al ofrecer a Dios todo lo que tiene, recibirá a cambio sufrimiento.

Leemos en la primera carta del apóstol san Juan:

"No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor tiene que ver con el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor. Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero" (1 Jn 4, 18-20)

Tengamos la valentía de darle todo al Señor: nuestra vida, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros bienes... Él se encargará de todo y nos lo devolverá en abundancia.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia