¿TRATAS CON REVERENCIA EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS?

Jesús es nuestro Dios y Señor. Y aunque somos hijos del Padre celestial, no olvidemos que siempre hay que tratar su Santísimo Nombre con toda reverencia

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La confianza nos hace sentirnos cercanos a las personas, por eso es muy normal aplicar diminutivos al tratarlas. Eso puede pasar con el Señor Jesús, pero recordemos que es Dios y su Santísimo Nombre debe tomarse con suma reverencia.

Confianza y respeto

Hubo un tiempo en el que, con el afán de mostrar a los jóvenes un Dios cercano y amoroso, algunos guías -sacerdotes y laicos, hay que decirlo - intentaron "familiarizar" el nombre de Jesús usando hipocorísticos como "Chuy", "Chuchín" y algunos otros nombres semejantes.

Cabe aclarar que con el Señor debemos sentir la confianza de un hijo con su padre, o en el caso del Señor Jesucristo, como con un hermano mayor. Sin embargo, es importante no perder de vista que se trata de Dios y que, en el contexto de una pastoral juvenil en la que se trata acercarlo a los jóvenes, es conveniente que recuerden constantemente su grandeza y que no podemos compararlo con un amigo cualquiera.

Lo que nos recuerda su Santísimo Nombre

La Enciclopedia católica nos enseña que :

"Honramos el Nombre de Jesús no porque creamos que exista un poder intrínseco escondido en las letras que lo componen, sino porque el nombre de Jesús nos recuerda todas las bendiciones que recibimos a través de Nuestro Santo Redentor. Para agradecer estas bendiciones reverenciamos el Santo Nombre, así como honramos la Pasión de Cristo honrando su Cruz". 

A través de Él recibimos muchas gracias, nos da consuelo en las pruebas espirituales, nos brinda ayuda en las necesidades corporales porque es totalmente poderoso. Si lo invocamos con confianza, todo lo que hagamos estará bendecido por Él. Hagamos como dice la Enciclopedia que hacía el "emperador Justiniano I en su libro de leyes: "En el Nombre de Nuestro Señor Jesús empezamos todas nuestras deliberaciones".

Toda rodilla se doble ante su Nombre

En el amor no hay distinción, por supuesto. Es muy seguro que nuestro Señor Jesús no se sentirá ofendido, se trata más bien de nosotros. Entre más nos acostumbremos a respetar su Santísimo Nombre, más seremos conscientes de nuestra dependencia hacia Él.

Además, cumpliremos aquello que san Pablo escribió a los Filipenses:

"Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos." (Flp. 2,10).

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia