"Como nos dijo San Agustín, si queremos cambiar los tiempos, si queremos que el mundo viva en paz, debemos empezar por nosotros mismos"
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| El Papa León XIV en la Piazza Vittoria en Pavía (Italia) | Crédito: Daniel Ibáñez / EWTN News. |
Hablando sobre
San Agustín, su maestro espiritual, el Papa León XIV aseguró que no se puede
creer sin pensar y tampoco se puede iluminar la razón sin la fe, en su discurso
a una multitud de personas reunidas en la Piazza Vittoria en la ciudad de
Pavía.
Antes de
encontrarse en este lugar, el Papa dejó la Basílica de San Pedro en Ciel d’Oro
y se dirigió a la Piazza Duomo para la adoración del Santísimo y la veneración
de las reliquias de San Siro, patrón de la ciudad.
Allí recibió un
homenaje de parte de un grupo de niños y saludó a la comunidad latinoamericana,
alentando a los presentes a “nunca perder la esperanza” y a aprender a ser
“constructores de paz”.
“Como nos dijo
San Agustín, si queremos cambiar los tiempos, si queremos que el mundo viva en
paz, debemos empezar por nosotros mismos. Esto significa basta ya de palabras
de odio, basta ya de insultos, de bullying, basta ya de todas esas
cosas que provocan la guerra entre las personas, entre las comunidades, entre
los países”, dijo el Pontífice.
Después caminó
a la Piazza Vittoria, donde pronunció un discurso ante unas 3.500 personas
presentes, según informó la Oficina de Prensa del Vaticano.
El necesario
diálogo entre fe y razón
La Universidad
de Pavía tiene unos 25.000 alumnos. De ellos unos 3.000 no son italianos. Este
centro cultural, dijo el Santo Padre en su discurso, tiene el desafío de
“promover las ciencias, que de hecho, significa promover al ser humano, que
debe seguir siendo siempre el protagonista de sus propias investigaciones”.
Hablando de la
filosofía, el Papa León resaltó que “todo lo que llegamos a saber del mundo nos
permite conocernos a nosotros mismos y nos lleva a cuestionarnos de nuevo
nuestra existencia, sedienta de verdad y justicia. El alma de San Agustín
estaba llena de esta sed”.
“Su figura, al
tiempo que encarna el diálogo arduo y constante entre la fe y la razón, da
testimonio de su recíproca pertenencia. De hecho, no se puede creer sin pensar,
ni es posible iluminar las cuestiones más elevadas de la razón sin fe”,
subrayó.
De ese modo,
continuó el Papa, “la razón humana se pregunta y proyecta: no se encierra en
lógicas de lucro o de dominio, sino que descubre nuevas formas de cuidar de sí
misma y del mundo” y “la fe nos recuerda que no somos súbditos de un destino
anónimo, sosteniendo en vez de eso la certeza de que Dios es creador y salvador
de la vida”.
Prueba de ello,
resaltó León, es la misma ciudad de Pavía, donde la Iglesia “acoge a todos,
generando una nueva humanidad”, especialmente con los más necesitados.
La ciudad y
el encuentro entre las personas
El Papa León
XIV también destacó que “al recorrer el centro histórico de Pavía, en sus
calles y plazas se respira una belleza cargada de historia, nada superficial”
que permite recordar que la ciudad no sólo es “un lugar, sino una condición
humana: la ciudad es una para todos, es singular y plural. El pueblo que la
habita constituye en ella una sociedad, es decir, un organismo que debe estar
bien ordenado en sus relaciones y en sus leyes”.
“Ser sociales
significa ser solidarios, comportándose como auténticos socios: motivados por
el bien común y no por intereses particulares. ¡Los ciudadanos son siempre
conciudadanos!”, destacó el Papa.
“Ante las
formas de deterioro y de analfabetismo cívico, estamos llamados a compartir un
lenguaje de dedicación y servicio, que preserve las plazas, los parques y las
calles como lugares de encuentro por excelencia. Esta buena ciudadanía sabe
cultivar la concordia a través del diálogo y el encuentro constructivo entre
las personas y las culturas que dan vida a Pavía”.
León XIV invitó
a todos a repetir: “¡Me interesa nuestra ciudad! Me interesa la salud de
quienes me rodean, me importa la belleza del lugar donde vivo, me importa la
calidad de vida en los entornos en los que trabajo y donde paso mi tiempo
libre”.
En la parte
final de su discurso, el Santo Padre resaltó que la cruz, que está en el escudo
de la ciudad “es mucho más que un símbolo heráldico, es una síntesis cultural:
nos recuerda que la historia de Pavía está anclada en el valor universal del
amor cristiano”.
Por Walter
Sánchez Silva
Fuente: ACI Prensa
