Surgido para la contemplación del rostro de Cristo, este arte continúa vivo en la Iglesia Católica
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Del
griego "eikon" que significa imagen, los iconos
surgieron como un arte litúrgico para la contemplación del rostro de Cristo y
los santos. El Dios invisible del Antiguo Testamento se ha vuelto visible en la
encarnación de su hijo, se ha dignado a habitar en la materia, por tanto el
hombre ahora puede usar la materia para representarlo.
Los primeros
símbolos y el descubrimiento de la Verónica
En los primeros
siglos, cuando la liturgia fue celebrada clandestinamente en las catacumbas,
los cristianos pintaron o grabaron símbolos en las paredes para representar a
Jesús. Fueran abstractos o metafóricos, era un arte sacro muy elemental y
sencillo de reconocer. Por ejemplo, el alfa y omega (A y Ω)
y el crismón (XP).
Las
representaciones del rostro de Cristo comenzaron a partir del rumor de la
existencia de una Verónica, "veros icon", que significa "la
verdadera imagen de Cristo". Se trataba del lienzo sobre el que, según la
tradición, está impreso su rostro.
El gran
paso: los iconos bizantinos
El paso a la
expresión pública de la fe significó un giro. En el siglo IV, Teodosio I adoptó
al cristianismo como la religión oficial del Imperio romano, que poco después
se dividió en dos: el de Occidente con capital en Roma y el de Oriente con
capital en Constantinopla, también llamada Bizancio. En este último se
desarrollan los iconos, dado que el Imperio designó a los mejores artistas para
la liturgia.
Los iconos son
representaciones de Cristo, la Virgen, los santos; y de los misterios de fe: La
Resurrección, la Natividad de Cristo, La Transfiguración, etc. Poseen
inscripciones (letras y símbolos), algunas de ellas conservadas de las primeras
comunidades.
Son como una
ventana al infinito, porque a través de ellos se pueden ver las realidades de
Dios. Entre los siglos VII y VIII tomó forma el canon que hasta la fecha es
fundamento para los artistas. Se caracteriza por:
1. Beber de
la biblia y la patrística
Las escrituras
son la principal fuente, tienen su origen en la tradición y han sido
interpretadas por la misma, así que, el icono se fundamenta de ellas y de la
teología desarrollada por los primeros padres de la Iglesia.
2. Trabajar
con materiales orgánicos
Puesto que Dios
está vivo y se hace presente a través del icono, deben buscarse los materiales
más nobles para crearlo, los de naturaleza viva.
3. Estar
conectado con el momento histórico
Para la
teología del icono, este es presencia visible del invisible, pero solo puede
serlo si se parece al prototipo.
4. Parecerse
a la luz increada
A diferencia de
las pinturas que rebotan la luz del entorno, la técnica del icono da una
sensación transfigurada, así como de Cristo emana la luz.
El icono
concede una experiencia íntima. La inexpresividad del rostro, invita a
acercarse al Dios que está abierto a acoger y escuchar, sin importar el estado
de ánimo. Todas las luces son diseñadas para centrar la atención en el rostro
que mira de frente y en su mirada.
"El
icono es belleza que genera belleza interior” - Gianluca Busi
Iconos
contemporáneos
En la creación
de iconos contemporáneos, destaca la escuela desarrollada por Fray Gabriel Chávez de
la Mora, uno de los más importantes referentes de la iconografía y
arquitectura sacra en México.
Su obra combina
la iconografía cristiana tradicional con cualidades de abstracción y
figuración. Influenciado por Alejandro Rangel Hidalgo, utilizó colores más
brillantes y composiciones que conectan fuertemente con la cultura
mexicana.
Adoptó el estilo neobizantino e integró rasgos de arte naíf. El primero, desarrollado en el siglo XIX, busca traer de nuevo los estilos bizantinos para revitalizar el interés por las civilizaciones antiguas. El segundo, se caracteriza por la autenticidad expresiva al tratar temas de la vida cotidiana y dotarlos de imaginación.
Monserrat Martínez
Fuente: Aleteia
