Diagnosticado con leucemia desde bebé, su historia estuvo marcada por una promesa y un encuentro con Dios que transformó su vocación hacía la música
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| Courtesy of Jesús Cabello |
Hay historias
que permiten percibir el amor de Dios de forma casi tangible, especialmente
cuando, en medio del dolor, aparece una luz que transforma todo alrededor.
Así sucedió en
la vida de Jesús Cabello, un músico español que
apenas con 18 meses de nacido le detectaron una leucemia linfoblástica y un
linfoma leucemizado. Esta noticia marcaría un antes y un después.
En 1985, se
sometió a un tratamiento en Europa que, en ese momento, era experimental y no
había sido probado en niños. Él mismo relata que varios de sus compañeros
sufrieron reacciones severas e incluso algunos fallecieron años después. Sin
embargo, aunque recibió el mismo medicamento, no perdió el cabello ni la
vitalidad.
A pesar de
ello, el tratamiento no era suficiente para su condición, por lo que los
médicos sugirieron un trasplante de médula. Su hermano era el único posible
donante, pero tenía apenas 10 años, así que la familia decidió no asumir ese
riesgo.
El milagro
que cambió su historia
“A los 4 años
ocurrió el milagro. En julio me hicieron una analítica de rutina y nos fuimos
de vacaciones a la playa. Dos días después, el hospital llamó a mis padres
diciendo que los resultados habían salido muy mal y que debían regresar de
inmediato. Mi madre cuenta que, hasta ese momento, su oración había sido de
reproche. Pero en ese instante de desesperación, cambió su forma de orar y
dijo: ‘Mira, Señor, acepto tu voluntad, pero si sobrevive, te lo entrego’. De
camino a Córdoba, pasaron por la aldea de Almonte, donde está la Virgen del
Rocío. Allí mi madre se puso de rodillas ante el sagrario y la Virgen, y
repitió su promesa”.
Cuando llegaron
al hospital, tres horas más tarde, le repitieron los estudios. Esta vez, el
resultado fue sorprendente: la enfermedad prácticamente había desaparecido.
Años después,
cuando tenía ocho años, su madre notó una protuberancia en su cuello mientras
lo peinaba. Acudieron al médico de inmediato, donde le extirparon un linfoma
del tamaño de una cereza que había permanecido enquistado durante todo ese
tiempo. A partir de ahí, su recuperación fue inmediata.
Jesús confiesa
que, al haber vivido con esta enfermedad desde tan pequeño, nunca percibió algo
fuera de lo normal. Incluso llegó a pensar que todos los niños pasaban por
estudios médicos similares. No fue sino hasta que su hermana mayor le contó la
verdad que comenzó a cuestionarse su propia historia:
“¿Por qué estoy
aquí? ¿Por qué otros compañeros del hospital han muerto? Al hacerte esas
preguntas, terminas encontrándote con Dios”.
El encuentro
que le dio sentido a todo
Por esos mismos
años, comenzó a tocar la guitarra mientras su hermano le enseñaba algunas
canciones. Aunque reconoce que al inicio no cantaba bien, la música despertó en
él una alegría profunda.
Asistía a Misa
con regularidad y, a los 17 años, participó en unos ejercicios espirituales que
marcarían su vida. El 18 de agosto de 2001, mientras oraba en un jardín, rompió
en llanto al experimentar un abrazo, un calor y un amor que nunca antes había sentido.
En ese momento comprendió el rumbo de su vida: no quería nada que no fuera
Jesucristo.
Durante esos
mismos ejercicios, recibió el don de la inspiración y comenzó a escribir
canciones que expresaban lo que llevaba dentro. Grababa estas composiciones en
CDs para amigos y familiares, pero pronto notó que comenzaban a difundirse con
rapidez.
Al año
siguiente, regresó planteándose la vocación sacerdotal, influido también por el
camino de su hermano, que se había ido al sacerdocio. Sin embargo, fue ahí
donde conoció a Paloma, quien se convertiría en su esposa. Tras siete años de
noviazgo, se casaron en esa misma casa de espiritualidad en La Zubia (Granada),
porque —como él mismo dice— “allí conocimos a Dios y nos conocimos nosotros”.
Una fe
sostenida por la Virgen
Jesús también
compartió un momento especialmente doloroso en su vida matrimonial. En 2010, él
y su esposa atravesaron un aborto. Tiempo después, su esposa comenzó a acudir
con frecuencia a una iglesia con adoración al Santísimo, donde solía detenerse
ante la imagen de la Virgen de Guadalupe para rezarle “de madre a madre”.
Poco tiempo
después, quedó embarazada nuevamente. Su hijo nació el 12 de diciembre de 2012,
justamente el día de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, esta advocación
ocupa un lugar muy especial en su familia.
Una vocación
que se vive en lo cotidiano
La música es una parte esencial de su vocación, aunque no la
única. También es maestro de literatura para jóvenes y padre de familia. Aunque
ha tenido la oportunidad de presentarse en países como Panamá, Estados Unidos,
Italia o Polonia, compartiendo escenario con músicos de talla internacional, ha
comprendido que el don recibido implica también una responsabilidad.
“En 2017 me
propusieron mudarme a Estados Unidos para vivir de la música, con todas las
facilidades, pero dije que no. Por mi forma de ser, no podría vivir solo de los
focos, los aplausos y los viajes, desarraigándome de mi familia. Necesito tener
los pies en el suelo, y la rutina del día a día con mis alumnos me aporta
muchísimo”.
Jesús vive tres
vocaciones que se integran y dan forma a la persona que es hoy. Busca compartir
aquello que ha recibido:
“Cuando canto o
pongo al servicio mis talentos, siento una profunda misericordia. Siento que
tengo una deuda con Dios, porque me ha regalado dos vidas (al nacer y al
sanarme), algo que otros compañeros no tuvieron. La música y los conciertos son
solo una forma de corresponder, aunque sea mínimamente, a lo que Dios ha hecho
por mí”.
Así,
testimonios como este muestran cómo Dios toca el corazón de quienes se abren a
Él y los acompaña en sus dones. Jesús adelantó que su nuevo disco saldrá el 17
de junio, en el que busca narrar todo lo que Dios ha hecho en su vida,
convirtiéndolo en alabanza.
“Estamos
aquí de paso y, como decía San Felipe Neri: ‘Yo prefiero el paraíso’”.
Yohana Rodríguez
Fuente: Aleteia
