EL PAPA RECONOCE EL MARTIRIO DE 20 SACERDOTES ASESINADOS EN IBIZA EN 1936

También reconoce las virtudes heroicas de una monja de Mallorca que experimentaba éxtasis y tenía visiones místicas
El Papa León XIV, durante un encuentro este jueves. (Efe)
Dominio público

Este jueves, León XIV ha reconocido oficialmente que el asesinato de 20 sacerdotes en Ibiza al inicio de la guerra civil se cometió por motivos religiosos y no políticos, y que por tanto es un martirio. Además, ha reconocido como «venerable» a una mística española del siglo XVII que vivió en Mallorca y tuvo algunas «experiencias místicas».

Según informa la Oficina de prensa de la Santa Sede, el Papa ha autorizado al Dicasterio para las Causas de los Santos que promulgue el decreto de «martirio de los Siervos de Dios Juan Torres Torres y 19 compañeros, sacerdotes diocesanos, asesinados entre agosto y septiembre de 1936, por odio a la fe, en el territorio de la diócesis de Ibiza (España), en el contexto de dicha persecución». Se trataba de la mitad del clero que había en ese momento en la isla.

Como es habitual cuando reconoce un grupo de mártires asesinados en el mismo contexto, destaca el nombre de uno de ellos, en este caso el del sacerdote Juan Torres Torres y se refiere al resto como «compañeros». En este caso, fueron encerrados en el Castillo de Ibiza y ejecutados desde el 7 de agosto hasta el 13 de septiembre de 1936.

El Vaticano explica que cuando en verano de 1936 «las islas de Ibiza y Formentera cayeron bajo el control de las fuerzas republicanas, inició un período de treinta y siete días marcado por una violenta ola revolucionaria que tenía como objetivo la erradicación total de la identidad católica de las islas». Entre las medidas que entonces se tomaron, «se prohibió toda forma de culto, se desterraron los sacramentos y las iglesias sufrieron saqueos e incendios sistemáticos de mobiliario e imágenes sagradas». «Este desenlace culminó en la masacre que afectó a estos mártires», explica el Dicasterio para las Causas de los Santos.

Juan Torres Torres (1912-1936) tenía sólo 24 años cuando fue martirizado y llevaba dos meses como sacerdote. Según los testimonios que ha presentado la diócesis de Ibiza para solicitar la declaración del martirio «evitaba cualquier tema político y no pertenecía a ninguno de los bandos enfrentados». Lo asesinaron aquel 7 de agosto de 1936 sólo por ser «el cura del pueblo».

Junto a él fueron ejecutados durante ese mismo periodo otros 19. Uno de ellos, Antonio Tur Costa, tenía 32 años y fue torturado y desfigurado antes de fusilarlo. «Se le ofreció la posibilidad de salvar la vida si renegaba de su fe o blasfemaba, pero él se negó rotundamente, aceptando la muerte junto a sus familiares. Hoy en día, sus restos descansan en la catedral de Ibiza junto a los de sus compañeros mártires», dice la biografía que ha distribuido el Vaticano. Lo mismo le ocurrió a un párroco de Formentera, Antonio Roig Guasch, de 39 años, torturado e invitado a salvar la vida si blasfemaba.

Igual que en la mayoría de los casos de martirio de la ese periodo, el proceso de beatificación quedó suspendido tras la guerra civil, para evitar que sus historias fueran instrumentalizadas o para no despertar rencores, en este caso en un contexto reducido como el de esta isla. Años más tarde, la diócesis de Ibiza decidió proceder oficialmente en noviembre de 2008, y ya en 2015 envió toda la documentación a Roma.

Una monja con visiones místicas

Además, el Papa ha reconocido que la religiosa mallorquina Clara Andreu (1596 - 1628) vivió heroicamente las virtudes cristianas. En la práctica significa que la Iglesia católica no considera problemática su biografía y que puede ser propuesta como modelo de vida cristiana. Para proceder a su beatificación, sus promotores deberán presentar un milagro atribuido a su intercesión.

Ingresó muy joven en la Orden de San Jerónimo, en el monasterio de Sant Bartomeu de Inca, y sus biografías destacan que vivió con paciencia las «numerosas contrariedades de eclesiásticos que la censuraron por las experiencias espirituales de origen místico que decía tener y que había puesto por escrito a petición del obispo». Se trataba de éxtasis, de capacidad de conocer hechos distantes y de mensajes de santos.

Sus detractores le acusaban de profesar supuestos cultos populares. El obispo de Mallorca encargó a un religioso carmelita que llevara a cabo una investigación y más tarde el comisario de la Inquisición tuvo que intervenir para que no la criticaran. Cuenta su biografía que recibió la profecía sobre su inminente muerte. El 16 de junio de 1628 comunicó a su confesor que ella tendría una enfermedad breve y pidió confesarse como si fuera la última vez. Una semana más tarde entró en agonía, y falleció el 24 de junio.

«Vivió la obediencia de forma heroica: lo aceptó todo con profunda humildad y se sometió a las decisiones de la autoridad eclesiástica», destaca de ella el Vaticano.

Javier Martínez-Brocal Corresponsal en el Vaticano

Fuente: ABC