“Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador”
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El Papa ha
celebrado la tarde del jueves, 11 de junio, la primera misa en las Islas
Canarias, en el Estadio de Gran Canaria, en la ciudad de Las Palmas, durante la
tercera etapa de su viaje a España. Desde allí ha hecho un llamamiento a
construir una sociedad reconciliada en el amor, donde la caridad promueva la
dignidad y el desarrollo integral de cada persona. Y ha invitado a “esparcir
semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor”.
La celebración
de la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en el Estadio de
Gran Canaria de la ciudad de Las Palmas se convirtió este jueves en una
profunda catequesis sobre el amor cristiano y la caridad como motor de
transformación de las personas y de las sociedades. Ante cerca de cincuenta mil
fieles, el Papa invitó a contemplar el Corazón de Cristo como modelo de
humanidad, misericordia, compasión, gratuidad y humildad, al tiempo que pidió
rezar por quienes han perdido la vida en el mar y por el fin de las guerras.
Humanidad,
misericordia y compasión
“Pidamos al
Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de
humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador”, exhortó,
recordando que toda España está consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.
Al inicio de la
celebración, desde el archipiélago canario, el Papa quiso agradecer al Señor
“por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y
al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo”, recordando
los encuentros significativos con migrantes y representantes de obras sociales
y de acogida, así como con los obispos y otros responsables eclesiales, en los
que había participado por la mañana. También invitó al inicio de la misa “a
rezar juntos por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el
mar”.
La gratuidad
del amor divino
En su homilía,
el Pontífice reflexionó sobre la gratuidad del amor divino. Comentando la
primera lectura, recordó que Dios eligió a Israel “no porque tuvieran
privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor”. Y subrayó: “Y
seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no
correspondan a sus sentimientos”. Ese amor, explicó, es el fundamento de la
vocación humana y no puede reducirse ni al sentimiento ni a la filantropía.
“Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al
amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es
reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el
alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo
tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones,
involucrando a toda la persona”, señaló el Papa. Y destacó: “Amar es
connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma
existencia”.
Uno de los ejes
centrales de la homilía fue la defensa de una caridad que no se limite a
atender necesidades inmediatas, sino que ayude a las personas a recuperar
plenamente su dignidad.
Caridad más
allá del asistencialismo
Citando a
Francisco y a Benedicto XVI, León XIV insistió en que la caridad auténtica
impulsa el desarrollo integral de la persona. “Nuestra caridad no debe ser mero
asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización
—espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la
comunidad”, recordó el Papa. Y agregó: “Sólo así nuestros encuentros, aun
frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para
esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro
mejor”.
Hablando de la
caridad de Cristo, el Pontífice reflexionó sobre el hecho de “devolver amor por
amor”, ese “intercambio maravilloso” al que nos invita el Evangelio,
“traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que
lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en
nuestro camino”, como señaló el Papa, que puntualizó: “Especialmente en
aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio”.
Una tierra
de acogida y don desinteresado
Las palabras
del Pontífice resonaron de manera especial en las Islas Canarias, un territorio
marcado por los flujos migratorios y por la labor de numerosas instituciones
eclesiales dedicadas a la acogida y la integración. De hecho, León XIV destacó
expresamente la experiencia de la isla como ejemplo de “acogida, compartir y
don desinteresado”.
La parte final
de la homilía estuvo dedicada a la humildad, presentada como una característica
esencial del Corazón de Jesús. “El Corazón de Jesús es humilde, y por eso
no sienten sus latidos los ‘doctos’ y los ‘sapientes’, es decir, aquellos que tienen
la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a
Dios ni a los demás”, apuntó el Papa. Y frente a la autosuficiencia y el
individualismo, defendió la necesidad de reconocer la propia fragilidad para
abrirse a Dios y a los demás: “No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos,
hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si
logramos prescindir de los demás. Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario:
para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es
necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para
encontrarnos en la humildad que nos hermana”.
“Donde está
la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad”
Recordando las
enseñanzas de san Agustín, recordó que “donde está la caridad está la paz, y
donde está la humildad, allí está la caridad”, estableciendo así un vínculo
directo entre humildad, amor y reconciliación. “Donde hay auténtica humildad
hay amor, y donde hay amor hay paz, porque sólo en la humildad conocemos
realmente quiénes somos y, por tanto, podemos amarnos, encontrarnos,
entregarnos y perdonarnos en la verdad”, dijo el Papa.
Portadores
de misericordia y paz
En la
conclusión de la celebración, León XIV invitó a los cristianos a convertirse en
presencia viva de Cristo en medio del mundo y a renovar su compromiso con la
misericordia y la fraternidad. “Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos
portadores de su misericordia y de su paz”, exhortó. Desde esa llamada al
testimonio cristiano, concluyó la misa con un llamamiento significativo: “Que
en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad,
reconciliada en el amor”. Una petición que enlaza la devoción al Sagrado
Corazón con los grandes desafíos de nuestro tiempo y que sitúa la paz, la
acogida y la dignidad humana en el centro del mensaje que León XIV ha llevado a
Iglesia en Canarias.
Lorena Pacho
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican
News
