Muchas iglesias, sobre todo las más antiguas, se construyeron siguiendo un eje este-oeste, de tal manera que el presbiterio quedaba situado en el lado oriental
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Muchas iglesias
antiguas están orientadas hacia el este. Esto tiene que ver con la simbología
del sol. ¿Se puede celebrar la misa ad orientem (hacia el
este) incluso cuando la iglesia está orientada en otra dirección?
La
orientación: no es solo un invento cristiano
La orientación
es una técnica arquitectónica que consiste en situar un edificio según los
puntos cardinales por motivos religiosos. Curiosamente, no se trata de un
invento cristiano. Los representantes de otras religiones también orientaban
sus lugares de culto, y a menudo precisamente hacia el este.
Algunos templos
egipcios dedicados al culto al sol se orientaban hacia esa dirección. De manera
similar se construyeron muchos edificios en la antigua Grecia. Por su parte, el
Templo de Jerusalén estaba orientado en el eje este-oeste de una forma ligeramente
diferente: al este se encontraban el altar de los holocaustos y la entrada,
mientras que al oeste se ubicaba el Lugar Santísimo.
Las iglesias
cristianas y la simbología de la luz
Cuando se
empezaron a construir las primeras iglesias cristianas, se estableció la
costumbre de que el presbiterio, con el altar, estuviera orientado hacia el
este. Esto tiene un profundo fundamento bíblico. Ya antes de su nacimiento,
Jesús es llamado "el Sol naciente que nos visitará desde lo alto" (Lc 1, 78) y "luz para iluminar a las naciones" (Lc 2, 32).
Su segunda
venida (Parusía) también se comparó con un fenómeno celestial: "Porque,
como el relámpago brilla desde el oriente y se ve hasta el occidente, así será
la venida del Hijo del Hombre" (Mt 24, 27).
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Por su parte, en el Libro de Ezequiel, que contiene la descripción del Nuevo Templo, leemos una profecía sobre la puerta oriental cerrada. Allí, el profeta oye una voz que dice: "Esta puerta debe permanecer cerrada. No debe abrirse y nadie debe entrar por ella, pues el Señor, Dios de Israel, ha entrado por ella" (Ez 44, 2).
El este se
asocia, por tanto, inequívocamente con el Salvador que viene. En la antigüedad,
los cristianos solían volverse hacia ese lado durante la oración, lo que
confirma, entre otros, Tertuliano: "Es bien sabido que durante la oración
nos volvemos hacia el este, o que nos regocijamos en el día del sol (es decir,
el domingo —nota del editor—)".
Misa ad
orientem
La misa en la
forma extraordinaria del rito romano (la llamada misa tridentina) se celebra en la
misma dirección en la que miran los fieles: el sacerdote se coloca de cara al
altar, situado junto a la pared. Esto se denomina celebración ad
orientem (hacia el este), aunque en muchas iglesias contemporáneas ya
no se debe a la disposición geográfica del edificio.
El verdadero
Oriente, el Sol que no conoce el ocaso y que venció las tinieblas de la muerte,
es, al fin y al cabo, el mismo Jesús. Es hacia Él hacia quien nos volvemos
durante la liturgia —lo que simboliza el altar, en el que se actualiza el
sacrificio del Cuerpo y la Sangre—.
Esto ocurre tanto en la forma extraordinaria, cuando el celebrante preside al Pueblo de Dios «caminando en una misma dirección», como en la forma ordinaria (posconciliar), cuando Cristo permanece en el centro y nosotros le rodeamos en oración común.
Dariusz Dudek
Fuente: Aleteia

