“La Iglesia vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo”
![]() |
| Miles de fieles y peregrinos asistieron a la Audiencia General de este miércoles 6 de mayo de 2026 (@Vatican Media) |
En su
catequesis en la audiencia general, el Papa recordó que la Iglesia, no se
anuncia a sí misma, sino el camino de salvación en Cristo, y no obstante las
dinámicas visibles y concretas de la vida de los cristianos, no hay que
minimizar que su dimensión esencial está orientada hacia la meta final, que es
el Reino de Dios.
El Papa, en su
catequesis de este miércoles en la Plaza de San Pedro, reiteró, como lo
hicieron los Padres conciliares en la Lumen Gentium, que la Iglesia
custodia la esperanza que ilumina el camino hacia la “meta final”, el
anuncio del Reino, de amor, de justicia y de paz, la patria celeste y, para
ello, está llamada a una conversión y renovación constantes, acompañando al
pueblo peregrino de Dios, denunciando el mal en todas sus formas y anunciando,
con palabras y obras, la salvación que Cristo quiere realizar para toda la
humanidad.
El Reino de
Dios es el horizonte final
Siguiendo su
serie de catequesis dedicada a la Constitución del Concilio Vaticano II sobre
la Iglesia, León XIV se detiene en el capítulo VII para destacar su dimensión
escatológica, para aclarar que, a pesar de ser un aspecto muchas veces
descuidado o minimizado, la dimensión esencial del camino de la Iglesia en el
plano terrenal está siempre orientado hacia la meta final, que es la patria
celeste.
La Iglesia
es el pueblo de Dios en camino en la historia; el fin de todo su obrar es el
Reino de Dios. Jesús dio comienzo a la Iglesia precisamente anunciando este
Reino de amor, de justicia y de paz. Por ello, estamos llamados a considerar la
dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo, y a dirigir la
mirada a ese horizonte final, para medir y evaluar todo desde esa perspectiva.
“La Iglesia
vive en la historia al servicio de la llegada del Reino de Dios al mundo”
Una promesa de
plenitud de vida y paz
Una Iglesia al
servicio de la llegada de Reino de Dios al mundo, explica el Pontífice, anuncia
esa promesa y la anticipa en la celebración de los Sacramentos, especialmente,
de la Eucaristía, que es lugar y medio donde la unión con Cristo se realiza
“más estrechamente”, así como la salvación es donada por Dios en el Espíritu
Santo. De allí, la afirmación de la Lumen Gentium: la Iglesia es
“sacramento universal de salvación”, es decir, signo e instrumento,
germen e inicio, de esa plenitud de vida y de paz prometida por Dios.
Por eso, los
creyentes en Cristo caminan por esta historia terrena, marcada por la
maduración del bien, pero también por injusticias y sufrimientos, sin caer en
ilusiones ni en la desesperanza: viven orientados por la promesa recibida de
«Aquel que hace nuevas todas las cosas»
La esperanza
entre el “ya y el “aún no” de la promesa
En esta
perspectiva, León XVI insiste en que la Iglesia realiza su misión entre el “ya”
del inicio del Reino de Dios en Jesús, y el “aún no” del cumplimiento prometido
y esperado, su mensaje de esperanza, su proximidad al sufrimiento humano
La
Iglesia custodia una esperanza que ilumina el camino, y tiene también la misión
de pronunciar palabras claras para rechazar todo lo que mortifica la vida e
impide su desarrollo, y para tomar posición a favor de los pobres, los
explotados, las víctimas de la violencia y de la guerra y de todos los que
sufren en el cuerpo y en el espíritu.
Una Iglesia en
constante conversión y renovación
Al denunciar el
mal en todas sus formas y anunciando con obras y palabras la salvación de
Cristo, puntualiza el Santo Padre, la Iglesia no se anuncia a sí misma, al
contrario, en ella todo debe remitir a la promesa de salvación, reconociendo
“humildemente” la fragilidad humana y la caducidad de sus propias
instituciones.
Ninguna de
las instituciones eclesiales puede ser absolutizada; es más, como viven en la
historia y en el tiempo, están llamadas a una conversión constante, a la
renovación de las formas y a la reforma de las estructuras, a la continua
regeneración de las relaciones, de modo que puedan responder verdaderamente a
su misión.
De la
existencia terrena al Reino en el horizonte
El Papa, al
concluir, recuerda que en el horizonte del Reino de Dios, los cristianos deben
comprender que tanto los que hoy están cumpliendo su misión y todos los que ya
han concluido su existencia terrenal, “están en un estadio de purificación o de
bienaventuranza”, forman una única Iglesia, en comunión de los bienes
espirituales, unidos en Cristo.
Rezando por
los difuntos y siguiendo las huellas de quienes ya vivieron como discípulos de
Jesús, también nosotros recibimos ayuda en nuestro camino y reforzamos la
adoración a Dios: marcados por el único Espíritu y unidos en la única liturgia,
junto con aquellos que nos han precedido en la fe, alabamos y damos gloria a la
Santísima Trinidad.
Alina Tufani Díaz
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
