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| Pedro Ballester podría convertirse en el primer santo de la Generación Z Crédito: Cortesía Jack Valero. Dominio público |
En 2014, con 18 años y recién matriculado en el Imperial College de Londres —una de las universidades más prestigiosas del mundo— para estudiar Ingeniería Química, comenzó a experimentar intensos dolores punzantes en la espalda que lo dejaban postrado durante horas.
Los exámenes médicos revelaron algo devastador: padecía un cáncer óseo en la pelvis que podía tratarse, pero no operarse.
Una injusticia para cualquiera, pero más si cabe para un chico que tiene toda la vida por delante. Sin embargo, Pedro no se enfadó para siempre con el mundo. Tampoco se encerró en sus propios lamentos. Tomó una decisión admirable: aceptó la enfermedad con una fortaleza asombrosa que dejó también perplejos a sus médicos y a todos los que le querían.
La agonía duró tres años. Durante la enfermedad, su habitación en la residencia Greygarth Hall se convirtió en un auténtico centro de peregrinación al que acudían por igual amigos de toda la vida y personas a las que acababa de conocer. Tenía don de gentes. Una simpatía natural que no amainó con la enfermedad. Al contrario: a pesar de haber perdido 20 kilos y de sufrir dolores insoportables que le obligaban a utilizar silla de ruedas, Pedro solía reunir entre bromas alrededor de él a familiares y amigos, a los que hablaba de Dios con gran esperanza.
Pudo conocer al Papa Francisco gracias a una organización benéfica que ayuda a jóvenes con cáncer a cumplir sus sueños. Y antes de llegar al Vaticano, procuró que todos los pacientes del hospital oncológico Christie donde estuvo ingresado —ya fueran creyentes o no— le firmaran una tarjeta en la que expresaban su cariño al Pontífice.
“Irradiaba felicidad y la razón última era su cercanía con Dios. Es un ejemplo impresionante, especialmente para los jóvenes”, explica a EWTN Radio Jack Valero, que lo conoció desde niño y hoy impulsa su causa de canonización.
Un funeral multitudinario
Cuando falleció, tuvo un funeral multitudinario. Algo completamente inesperado para su su familia. Más de 500 personas llenaron la iglesia del Santo Nombre en Oxford Road para despedirlo. El futuro Cardenal Arthur Roche voló desde el Vaticano para celebrar las exequias.
Su tumba, en el Cementerio del Sur de Mánchester — a pocos metros de la de Sir Matt Busby, el legendario entrenador escocés que transformó al Manchester United en un gigante europeo— sigue recibiendo cada día visitantes de todo el mundo.
La Diócesis de Salford (Reino Unidos) anunció esta semana la apertura de su causa de beatificación, un proceso que en unos años podría llevar por primera vez a los altares a un joven de la generación Z. El Obispo de la diócesis, Mons. John Arnold, invitó formalmente a los fieles a colaborar aportando testimonios, recuerdos y escritos que permitan completar el perfil de sus virtudes y su reputación de santidad.
Su testimonio dejó una huella profunda, hasta el punto de que una de sus enfermeras, tras atenderle, llegó a confesarle: “Yo también soy creyente, pero quiero ser católica como tú”.
Los tres años de tratamiento fueron extremadamente duros. Sin embargo, “durante ese tiempo, no solo estaba muy cerca de Dios sino que era notable lo generoso que era, siempre pensando en los demás”, explica Valero.
“Cuando estoy enfermo, suelo pensar en mí mismo y en lo mal que lo paso. En su caso fue lo contrario: dejó de pensar en sí mismo y pensaba solo en los demás. Cuando lo visitabas, siempre preguntaba por ti”, añade.
Valero recuerda como si fuera ayer el día en que Pedro murió. “Yo me ofrecí a hacer la estampa del funeral. Elegí una cita del Evangelio: ‘Bien, siervo bueno y fiel’. Pero el sacerdote me llamó y me pidió añadir otra cita sobre la felicidad, porque era una persona inmensamente feliz incluso en medio del sufrimiento”, observa.
Una semana antes de morir, muchos jóvenes lo visitaron: “Él les preguntaba a todos: ‘¿Eres feliz?’. Finalmente uno de ellos le preguntó: ‘¿Y tú, Pedro, eres feliz?’. Una semana antes de morir, respondió: ‘Nunca he sido tan feliz’”, relata Valero.
La huella de Pedro Ballester no fue solo espiritual, sino también académica. La Universidad de Manchester le concedió de forma póstuma el título de Ingeniero Químico, siendo la primera vez que otorgaba una distinción de este tipo, en reconocimiento a su esfuerzo y al impacto dejado en la institución.
Miembro del Opus Dei
Pero la vida de Pedro Ballester comenzó a brillar antes de la enfermedad. Nacido en Manchester en 1996, en el seno de una familia profundamente católica —de padres españoles—, a los 16 años decidió entregar plenamente su vida a Dios como numerario del Opus Dei, comprometiéndose con el apostolado en medio del mundo.
“Lo hermoso es que, como miembro del Opus Dei no solo vivía virtuosamente, sino que se había consagrado al celibato laical con una entrega profunda a Cristo”, destaca Valero.
Solo que fue su muerte lo que generó espontáneamente una notable devoción en torno a su figura. “Un amigo suyo de la universidad creó hace algunos años una página web pedroballester.org.uk. Esa página recibe correos y mensajes sobre favores que Dios concede por intercesión de Pedro, y hasta ahora se han recibido más de 200”, explica Valero.
El postulador de la causa, el P. Paul Hayward, fue quien solicitó formalmente la apertura del proceso ante el crecimiento constante de esa devoción privada. Posteriormente, la Diócesis de Salford nombró a un notario y a varios entrevistadores.
“Se realizaron entrevistas, y al ver la solidez del caso el obispo decidió abrir formalmente la causa este mes. Ahora las entrevistas deben continuar y documentarse para enviar el material a Roma”, añade.
“Hay gran alegría por la apertura de la causa, porque ahora podemos conocer más sobre él y la Iglesia puede estudiar su vida para ver si puede ser canonizado. Se necesita un milagro por su intercesión, pero ya hay tantos favores atribuidos a él, que pensamos que es cuestión de tiempo que llegue un milagro médico”, explica.
La expansión de esa devoción ha sido notable. Existe incluso un documental en YouTube titulado “A Friend in Heaven”, que muestra cómo su figura se ha difundido en pocos años por todo el mundo. “Este fenómeno es otro indicio de lo que llamamos un ‘culto de santidad’ es decir, un interés creciente por conocer la vida virtuosa de este joven y pedir su intercesión”, subraya Valero.
Por Victoria Cardiel
Fuente: ACI
