La santidad es un don que hay que acoger con alegría y compromiso
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| Vatican News |
Continuando con las reflexiones sobre la Lumen gentium, en la
audiencia general el Pontífice se detiene en la vocación universal a la
santidad: “La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos
los creyentes están llamados”
La Plaza de San Pedro resplandece. Peregrinos de todas partes del
mundo la llenan de entusiasmo y devoción. El Papa se concede un largo recorrido
en el papamóvil por los pasillos acordonados, bendiciendo a la multitud,
saludando a los niños y a todos los fieles con afecto.
En su catequesis de hoy, 8 de abril, durante la audiencia general,
vuelve a abordar los temas de la constitución conciliar Lumen gentium, donde se habla de la vocación universal a la
santidad, y reitera que la santidad es un don que hay que acoger con alegría y
compromiso. De hecho, el camino hacia la santidad se ofrece a todos, subraya el
Sucesor de Pedro, consciente de que no se trata solo de un compromiso ético,
sino de la esencia misma de la vida cristiana.
No es un privilegio para unos pocos
Todos los creyentes, por tanto, están llamados a la santidad,
recuerda el Papa, y a su núcleo más profundo y constitutivo: la caridad. No es
algo reservado a unas élites, sino a todo el pueblo de Dios: “La santidad,
según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un
don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad,
es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de
hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”.
Listos para confesar a Cristo, hasta la sangre
El Pontífice precisa, siempre a la luz del documento conciliar,
cuán importante es el martirio, culmen de la santidad. Un horizonte que no es
ajeno a nuestros días, ni mucho menos, como se recuerda: “Todo creyente debe
estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y
sigue sucediendo hoy. Esta disposición al testimonio se hace realidad cada vez
que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad,
comprometiéndose con la justicia”.
No solo compromiso ético, sino esencia de la vida cristiana
Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a
la plena conformación a Cristo, “modelo y medida de la santidad”. Acertada la
cita de San Carlos Acutis, que el Papa hizo al saludar a los peregrinos de
lengua portuguesa: “Ante el sol uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía uno se
vuelve santo!”. La santidad, añade León, es una misión cotidiana que hay que
llevar a cabo con una conversión continua.
El Papa también quiere destacar la dimensión de la santidad que va
más allá de la mera adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad,
se podría decir, constituye el ADN del ser cristiano: “La santidad no tiene
solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por
grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana,
personal y comunitaria”.
Pobreza, obediencia, castidad: no son cadenas, sino dones
liberadores
León XIV cita a San Pablo VI cuando afirma que todos los
bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos,
fuertes y fieles”. Y luego ensalza la vida consagrada, que tiene un “papel
decisivo”. Recomienda, a este respecto, considerar la pobreza, la castidad y la
obediencia no como prisiones: “Estas tres virtudes no son prescripciones que
encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de
los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios”.
Explica el sentido de cada una de estas virtudes: la pobreza
libera “del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera “de la
desconfianza y del dominio”; la castidad “es la entrega de un corazón íntegro y
puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia”.
El sufrimiento como camino de santidad
A pocos días de la Pascua de la Resurrección del Señor, el Obispo
de Roma invita a contemplar de nuevo el sacrificio del Crucificado, a través
del cual “¡todos somos redimidos y santificados!”.
Y asegura: “No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso
el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino
de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece así en
cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con
Dios, que se hizo hombre por amor”.
Antonella Palermo
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
