Con la misa celebrada en el aeropuerto de Yaundé-Ville, León XIV se despidió de Camerún
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| La llegada del Papa León para la celebración de la santa misa (@Vatican Media) |
El Papa instó a
tener el valor de cambiar hábitos y estructuras, para superar “las
desigualdades y la marginación” y a afrontar juntos los problemas y los
desafíos, especialmente los relacionados con la pobreza y la justicia.
Que la
dimensión espiritual y ética del Evangelio sea integrada “en el corazón de las
instituciones y las estructuras” parar convertirlas “en instrumentos para el
bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en escenario de luchas
estériles”. Lo pidió el Papa León XIV esta mañana, 18 de abril, al presidir la
Misa votiva de María Virgen, Reina de los Apóstoles, en el aeropuerto de
Yaundé-Ville, ante unos 200 mil fieles. Antes de entrar en la sacristía, el
Pontífice saludó desde el papamóvil a la multitud de fieles que allí lo
esperaban. En la homilía, pronunciada en francés, el Santo Padre expresó, en
primer lugar, su gratitud por la bienvenida que le brindaron y “por los
momentos de alegría y fe que hemos vivido juntos”.
Lea
aquí el texto integral de la homilía del Papa en el aeropuerto de Yaundé-Ville
en Camerún
Jesús no nos
abandona
Seguidamente,
centrando su reflexión en capitulo 6 del Evangelio de Juan en el que Jesús
camina sobre las aguas, aseguró:
La fe no nos
libra del desasosiego y las tribulaciones, y en algunos momentos puede parecer
que el miedo nos venza. Sin embargo, nosotros sabemos que incluso en esos
momentos, tal como les sucedió a los discípulos en el mar de Galilea, Jesús no
nos abandona.
“Soy yo, no
teman”
El Obispo de
Roma observó que este episodio es relatado por tres evangelistas “cada uno a su
manera”, “con un mensaje diferente según los lectores a los que se dirigen”.
San Marcos presenta al Señor que alcanza a los discípulos mientras estos reman
con dificultad debido al viento en contra, el cual, sin embargo, se calma tan
pronto como Él sube con ellos a la barca. San Mateo añade un detalle: Pedro
quiere ir hacia el Maestro caminando sobre las olas. Sin embargo, una vez que
baja de la barca, se deja vencer por el miedo y comienza a hundirse. Cristo lo
toma de la mano, lo salva y lo reprende por su incredulidad. Y Juan relata que
el Salvador, caminando sobre las aguas, se acerca a los discípulos y les dice:
‘Soy yo, no teman’. El Papa explicó entonces el significado que tienen las
aguas para la tradición judía:
A causa de
su profundidad y su misterio, aluden a menudo al mundo de los infiernos, al
caos, al peligro, a la muerte. Evocan, junto con las tinieblas, las fuerzas del
mal, que el hombre por sí solo no puede dominar. Al mismo tiempo, sin embargo,
en el recuerdo de los prodigios del Éxodo, también se perciben como un lugar de
paso, un cruce a través del cual Dios, con poder, libera a su pueblo de la
esclavitud.
No estamos
solos
León notó que
la Iglesia a lo largo de los siglos ha experimentado tantas veces, “tormentas y
vientos contrarios”, y nosotros como los discípulos sentimos “miedo y duda”:
“Es lo que advertimos en los momentos en que parece que nos hundimos, abrumados
por fuerzas adversas, cuando todo se ve oscuro y nos sentimos solos y
frágiles”. Pero el Papa aseguró que “no es así”:
Jesús está
con nosotros, siempre, y más fuerte que cualquier poder del mal; en cada
tormenta nos alcanza y nos repite: “Yo estoy aquí contigo, no tengas miedo”.
Por eso nos levantamos de cada caída y no dejamos que ninguna tormenta nos
detenga, sino que proseguimos, siempre con valentía y confianza.
Nunca dejar
a nadie solo frente a las adversidades de la vida
Citando
al Papa Francisco recordó a los numerosos hombres y mujeres que honran
al pueblo y a la Iglesia, porque son “fuertes al llevar adelante su vida, su
familia, su trabajo, su fe”. Y detalló cómo Jesús se acerca a nosotros en
las tormentas: no las calma “inmediatamente” pero “viene a nuestro encuentro en
medio de los peligros y nos invita también a permanecer juntos y solidarios en
la misma barca, como los discípulos, en las alegrías y en los dolores; a no
mirar desde lejos a quienes sufren, sino a acercarnos a ellos, a unirnos unos a
otros”.
Nunca hay
que dejar a nadie solo frente a las adversidades de la vida; para ello cada
comunidad tiene el deber de crear y sostener estructuras de solidaridad y ayuda
mutua en las que, ante las crisis —sean sociales, políticas, sanitarias o
económicas—, todos puedan dar y recibir ayuda, según sus capacidades y
necesidades.
La
aportación de todos es importante
Según el
Pontífice, las palabras de Jesús, “soy yo”, nos recuerdan que, en una sociedad
basada en el respeto a la dignidad de la persona, la aportación de todos es
importante y tiene un valor único, independientemente del estatus o la posición
de cada uno a los ojos del mundo.
La
exhortación “no teman” adquiere, entonces, una dimensión amplia, incluso a
nivel social y político, como estímulo para afrontar juntos los problemas y los
desafíos —especialmente los relacionados con la pobreza y la justicia—, con
sentido cívico y responsabilidad civil. La fe no separa la vida espiritual de
la social; al contrario, da al cristiano la fuerza para interactuar con el
mundo, a fin de responder a las necesidades de los demás, especialmente de los
más débiles.
Instituciones
sean instrumentos para el bien común
Para salvar a
una comunidad no bastan esfuerzos individuales o aislados, afirmó el Papa e
indicó:
Se necesita
una decisión común, que integre la dimensión espiritual y ética del Evangelio
en el corazón de las instituciones y las estructuras, convirtiéndolas en
instrumentos para el bien común, y no en lugares de conflicto, de interés o en
escenario de luchas estériles.
El valor de
cambiar
A continuación,
León XIV se refirió a la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles
(capítulo 6), donde la Iglesia afronta su “primera crisis de crecimiento”. El
aumento del número de discípulos había traído consigo nuevas dificultades en el
ejercicio de la caridad: dejar atrás a alguien generaba quejas y una sensación
de injusticia que amenazaba la unidad. Los apóstoles, sin embargo, habían
encontrado una solución al elegir a “hombres de buena fama, llenos del Espíritu
Santo y de sabiduría”, destinados “a un servicio práctico que era también una
misión espiritual”. Una crisis se había transformado así en una oportunidad de
enriquecimiento y desarrollo para todos.
A veces, la
vida de una familia y de una sociedad también exige esto: el valor de cambiar
hábitos y estructuras, de modo que la dignidad de la persona siga siendo
fundamental y se superen las desigualdades y la marginación. Además, al hacerse
hombre, Dios se identificó con los más desfavorecidos, y esto hace que la
atención preferencial por los pobres sea una opción fundamental para nuestra
identidad cristiana.
Una Iglesia
viva, joven y rica de dones
“Hermanos y
hermanas, hoy nos despedimos”, dijo antes de concluir su homilía el Obispo de
Roma, recordando que “la barca de la Iglesia continúa su ruta hacia la meta”.
Invitó a mantener vivo en los corazones “el recuerdo de los hermosos momentos”
compartidos e instó a seguir “abriéndole espacio a Jesús” incluso en medio de
las dificultades.
La Iglesia
en Camerún está viva, es joven, rica en dones y entusiasmo, vibrante en su
diversidad y maravillosa en su armonía. Que, con la ayuda de la Virgen María,
nuestra Madre, puedan hacer florecer cada vez más la presencia alegre que
ustedes poseen, y que también los vientos contrarios, que nunca faltan en la
vida, sean ocasión de crecimiento en el servicio gozoso a Dios y a los
hermanos, en el compartir, en la escucha, en la oración y en el deseo de crecer
juntos.
María
Cecilia Mutual
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
