En la misa celebrada en el estadio de Malabo, León XIV animó a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial a "continuar con alegría la misión de los primeros discípulos" y a dar "testimonio con sus vidas de la fe que salva"
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| El Papa León durante la Misa en el estadio de Malabo (@Vatican Media) |
Cuando impera
la "tristeza individualista", fruto de un corazón avaro, observó,
"es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso,
sobre todo al servicio de la justicia y la solidaridad".
“El anuncio de
la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón, en una palabra,
se hace Iglesia”. Fueron palabras del Papa León en la Santa Misa que presidió
en el Estadio de Malabo, en el último día de viaje apostólico a Guinea
Ecuatorial. Dirigiéndose a unos 30 mil fieles presentes en la instalación
deportiva, el Santo Padre inspiró su reflexión en la lectura de la liturgia del
día de los Hechos de los Apóstoles que relata el encuentro de Felipe con un
viajero que, desde Jerusalén, regresa a África.
“Las Escrituras
que acabamos de escuchar nos interpelan, preguntándonos a cada uno de nosotros
“si sabemos” y “cómo” leemos las páginas bíblicas que hoy compartimos”, expresa
el Pontífice abriendo su reflexión. Se trata – puntualiza – de una invitación
tan seria como providencial, porque nos prepara para leer juntos el libro de la
historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con
su sabiduría.
Lea
aquí la homilía integral del Papa
Felipe, relata
el Papa, viendo que aquel peregrino, un eunuco de la reina de Etiopía, leía las
Escrituras, le pregunta si comprendía lo que estaba leyendo. Y el viajero le
responde: “¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?” Su pregunta -
observa el Santo Padre - se convierte así no sólo en una apelación a la
verdad, sino en una expresión de curiosidad.
León nota que
este hombre tiene inteligencia y cultura y lo demuestra tanto en el trabajo
como en la oración, “pero no es plenamente libre”. Y esta condición está
grabada dolorosamente en su cuerpo ya que “no puede generar vida, todas sus
energías están al servicio de un poder que lo controla y lo domina”.
Un acto
personal y eclesial, no solitario
Mientras este
peregrino regresa a su patria, “el anuncio del Evangelio lo libera” y cuando
encuentra a Felipe, se convierte no sólo en lector o espectador sino en
“protagonista de un relato que lo involucra porque se refiere precisamente a
él” y el texto sagrado suscita “su pregunta sobre la verdad”, afirma el Papa.
“Entra en la historia de la salvación, que es ‘hospitalaria’ para con todo
hombre y mujer, especialmente para con los oprimidos, los marginados y los
últimos” renaciendo así a una vida nueva.
Como él,
también nosotros hemos sido hechos cristianos por el Bautismo, heredando la
misma luz, es decir, la misma fe, para leer la Palabra de Dios. Para
reflexionar sobre las profecías, para orar los salmos, para estudiar la Ley y
proclamar el Evangelio con nuestra vida. Todos los textos bíblicos, en efecto,
revelan en la fe su verdadero sentido, porque en la fe fueron escritos y
transmitidos hasta nosotros; por eso su lectura es siempre un acto personal y
también eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico.
El siervo
sufriente es Jesús que nos salva
Leemos juntos
la Escritura "como un bien común de la Iglesia, teniendo
como guía al Espíritu Santo", añade el Obispo de Roma, y como el
eunuco, "también nosotros podemos comprender la Palabra de Dios gracias a
una guía que nos acompaña en el camino de la fe".
El viajero
africano estaba leyendo una profecía que se cumplió para él en aquel entonces,
como se cumple hoy para nosotros: el siervo sufriente del que habla el profeta
Isaías es Jesús, aquel que, mediante su pasión, muerte y resurrección, nos
redime del pecado y de la muerte. Él es el Verbo hecho carne, en quien
encuentra cumplimiento toda palabra de Dios: revela su intención originaria, su
sentido pleno y su fin último.
Cristo
plenitud de vida y de sentido
Como afirma
Cristo, 'sólo el que viene de Dios ha visto al Padre'. En el Hijo, el Padre
mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los
gestos de Jesús - explica el Papa - el Redentor, el Padre da plenitud a
lo que hace desde siempre, esto es, dar vida. Crea el mundo, lo salva y lo ama
para siempre. Mientras celebramos este acontecimiento de salvación -
evidencia - el Señor nos llama a una elección decisiva: 'El que cree, tiene
Vida eterna'. El Papa plantea entonces una interrogación: “¿Confío en que su
amor es más fuerte que mi muerte? Al decidir creerle, cada uno de nosotros
elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible”. Y
dirigiéndose a los fieles ecuatoguineanos exclama:
“¡Cristo lo
es todo para nosotros! En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: «Si
estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de
ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas
el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz. Con la
compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así
como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de
nuestra vida encuentra sentido.
El anuncio
de la salvación se hace Iglesia
La palabra del
Señor “es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al
mundo y a través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace
gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace
Iglesia”. Como enseñaba el Papa Francisco, “verdaderamente «la alegría del
Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con
Jesús»”, afirma León XIV citando la Evangelii Gaudium. Y observa:
Al
mismo tiempo, cuando compartimos esta alegría, percibimos aún mejor el riesgo
de «una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la
búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando
la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para
los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se
goza la dulce alegría de su amor» (Ibíd., 2). Ante tal cerrazón, es
precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso,
especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad.
Continuar la
misión de los primeros discípulos
Al finalizar su
homilía el Santo Padre anima a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a
continuar "con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús”.
Leyendo
juntos el Evangelio, sean anunciadores apasionados, como lo fue el diácono
Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, den testimonio con sus vidas de la fe
que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos.
El recuerdo del
vicario general de Malabo
Antes de su
homilía, el Papa León recuerda a monseñor Fortunato Nsue Esono, vicario general
de la archidiócesis de Malabo, fallecido repentinamente.
Invito a
vivir con espíritu de fe este momento de dolor y confío que, sin dejarse Ilevar
por comentarios o conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las
circunstancias de su muerte.
"Llevo
conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad"
Al término de
la celebración eucarística, el Papa se despide de Guinea Ecuatorial y también
de África, “al finalizar el viaje apostólico que Dios me ha concedido realizar
durante estos diez días”.
“Agradezco al
Sr. Arzobispo, Monseñor Juan, y a los demás obispos, a los sacerdotes y a todos
vosotros, pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, Cristo la luz de Guinea
Ecuatorial y vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”, expresa el Santo
Padre.
Su gratitud se
extiende también “a las autoridades civiles del país y a cuantos, de distintas
maneras, han contribuido al éxito de mi visita”.
Me voy de
África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad;
es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y
sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de
Pedro.
“Hoy África
está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter
misionero del pueblo cristiano”, afirma a continuación, destacando el papel del
país en los primeros siglos de la Iglesia.
El Pontífice concluye encomendando de corazón al pueblo de Guinea Ecuatorial y a toda África a la Virgen María, “a vuestras familias, a vuestras comunidades, a vuestra nación y a todos los pueblos africanos”.
Fuente: Vatican News
