Sus once meditaciones, de domingo a viernes, han servido de reflexiones para la Cuaresma de la Curia romana, con la asistencia del Papa
![]() |
| Vatican News |
Este viernes
concluyó el ciclo de meditaciones cuaresmales, designadas por la
propia Santa Sede como unos ejercicios espirituales, que ha
predicado a la Curia, encabezada por el Papa León XIV, el trapense Erik Varden, obispo
de Trondheim (Noruega).
Han sido once,
iniciadas el domingo por la tarde, y seguidas luego a lo largo de los cinco
días de la semana en predicaciones matutina y vespertina que
escucharon los cardenales presentes en Roma y los jefes de los dicasterios
vaticanos. Llevaban como título Iluminados por una gloria escondida,
y han tenido todas ellas como hilo conductor la visión de fe, esperanza y
caridad de San Bernardo de Claraval (1090-1153), pero en
particular dos de ellas se centraron en el monje como "idealista" y
como "realista".
De la amplitud
pero unidad temáticas de las que han gozado todas esas intervenciones
hemos seleccionado una veintena de reflexiones que pueden servir de forma
individual para aquello para lo que fueron concebidas: servir de reflexión
cuaresmal para preparar, en pocas semanas, la celebración litúrgica y
devocional de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
Por qué la
guía de San Bernardo
- "[San Bernardo es] un excelente compañero para
cualquiera que emprenda un éxodo cuaresmal del egocentrismo y el
orgullo con el deseo de perseguir la verdad de sí mismo,
manteniendo los ojos fijos en el amor de Dios que todo lo ilumina" (San
Bernardo idealista, 23 de febrero).
El papel de
los ángeles
- "Las intervenciones angélicas no siempre son
tranquilizadoras. Los ángeles no están para complacernos en
nuestros caprichos. En una oración popular atribuida a un
contemporáneo de San Bernardo, Reginaldo de Canterbury,
pedimos a nuestro ángel custodio que nos 'ilumine, guarde, rija y
gobierne'. Son verbos fuertes. El ángel es guardián de la santidad"
(Los ángeles de Dios, 26 de febrero).
- "San Bernardo subraya el papel de los ángeles
como mediadores de la providencia de Dios. La mediación no
siempre es necesaria: Dios puede tocarnos directamente, pero se complace
en permitir que sus criaturas sean canales de gracia unas para
otras" (Los ángeles de Dios, 26 de febrero).
La Cuaresma,
momento privilegiado para la reflexión
- "[La Cuaresma] nos lleva a un espacio material
y simbólico liberado de lo superfluo. Las cosas que nos
distraen, incluso las buenas, quedan temporalmente de lado" (Entrar
en la Cuaresma, 22 de febrero).
Con la ayuda
de Dios en las tentaciones
- "La idea de que Dios puede y quiere ayudarnos
en nuestras dificultades es un axioma de la fe bíblica.
Distingue al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios que
en Cristo Jesús se hizo compasión encarnada, del Motor
Inmóvil de la filosofía" (La ayuda de Dios, 23 de febrero).
- "Debemos cultivar el equilibrio correcto
entre la seguridad en la ayuda de Dios y la desconfianza en
nuestra fragilidad, temiendo las tentaciones mientras
aceptamos su inevitabilidad, recordando que Dios nos somete a ellas porque
son útiles. ¿Útiles en qué sentido? Al resistir las flechas lanzadas por
el Padre de las Mentiras, nuestro compromiso con la verdad se
fortalece" (El esplendor de la verdad, 24 de febrero).
La vida
monástica
- "La vida monástica fue entendida desde muy
pronto y presentada como angélica por su finalidad de alabanza;
pero también porque el monje está llamado a arder en el amor de
Dios y a ser un enviado que lleve ese amor a los demás" (Los
ángeles de Dios, 26 de febrero).
La
cualidades del buen prelado
- "Según Bernardo, un prelado debe estar dotado
de principios, debe ser santo y austero, pero también debe ser amigo
del Esposo y alegrarse de compartir esa amistad con los demás. (…) Aunque
la carga pastoral tiene un aspecto aterrador, solo es aterradora si no
somos capaces de ver quién nos la pone sobre los hombros.
Porque no es más que una participación en el dulce yugo de Cristo mismo,
que nos hace descubrir que la cruz que se nos ha confiado es luminosa y
ligera, y que poder compartirla es motivo de alegría" (Sobre
la consideración, 27 de febrero).
- "Al considerar los problemas de la Iglesia,
Bernardo no ofrece remedios institucionales, sino que aconseja a Eugenio
[el Papa Eugenio III] que se rodee de buenas personas: cuanto
mejor se gestionen las oficinas centrales de la Iglesia, mayor será el
beneficio para la Iglesia en todo el mundo. Las cualidades que Bernardo le
pide que busque y cultive son válidas en todo momento: se necesitan
colaboradores «de probada integridad, dispuestos a la obediencia,
pacientes y mansos; [...] de fe católica segura, fieles en el ministerio;
amantes de la concordia, la paz y la unidad; [...] prudentes en el
consejo, [...] sagaces en la administración, [...] modestos en el hablar».
Estas personas «aman y disfrutan de la oración y confían en ella su
esperanza más que en su sagacidad o en su trabajo; su entrada es
sin estruendo, su despedida sin pompa». En la medida en que la Iglesia
actúe en estos términos, reflejará la organización de las jerarquías
angélicas. Quien la considere así verá inmediatamente su misión principal:
dar gloria a Dios" (Sobre la consideración, 27 de febrero).
Virtudes del
sacerdote
- "La Iglesia comunica la 'gloria oculta' en sus
sacramentos. Todo sacerdote, todo católico, conoce la luz que puede
irrumpir en el confesionario, durante una unción, una ordenación o
un matrimonio. La más espléndida, y en cierto modo la más velada, es
la gloria de la Santa Eucaristía. ¿Qué sacerdote no podría
decir, después de celebrar los santos misterios, lo que una gran música
expresó una vez sobre la experiencia de ser instrumento de una
luminosa comunicación de belleza, sanación y verdad: 'La muerte no
sería realmente una tragedia: [porque] lo mejor de lo que está en el
centro de la vida humana ha sido visto y vivido', con su corazón ardiendo
de gloriosa maravilla? (Yo lo glorificaré, 25 de febrero).
- "El sacerdote se siente en casa en este mundo,
sin temor a adentrarse en bosques oscuros en busca de los extraviados. Al
mismo tiempo, mantiene los ojos de su mente elevados hacia el
rostro del Padre, dejando que su resplandor ilumine toda la realidad
presente. La iluminación es siempre un proceso doble: intelectual y
esencial, sacramental y pedagógico" (Los ángeles de Dios, 26
de febrero).
Vencer al
pecado
- "Para San Bernardo es evidente que la
verdadera libertad no es 'natural' al hombre caído. Lo que nos parece
natural es hacer las cosas a nuestra manera, satisfacer nuestros deseos y
realizar nuestros planes sin interferencias, exhibir nuestras propias
luces brillantes y ser alabados por ellas. (…) El hecho de que
tropecemos con tanta facilidad, de que sigamos cayendo en las mismas
trampas de siempre, aun sabiendo perfectamente dónde están, es para
él prueba suficiente de que no somos libres, incapaces por
nosotros mismos de avanzar con firmeza hacia la verdadera meta de nuestra
vida, entregados más bien a todo tipo de obstáculos y distracciones” (Llegar
a ser libres, 24 de febrero).
- "La ambición brota de una 'alienación de la
mente'. Es una locura que surge cuando se olvida la verdad. El
hecho de que la ambición sea una forma de locura la hace ridícula en
cualquier instancia, pero especialmente cuando ocurre en personas
dedicadas al servicio desinteresado. No es casualidad que la figura
del clérigo ambicioso persiga a la literatura y al cine
como un tropo cómico, pero poco gracioso" (El esplendor de la
verdad, 24 de febrero).
- “Las caídas pueden humillarnos
cuando estamos hinchados de orgullo, mostrando el poder de
Dios para salvar. Pueden convertirse en hitos en un itinerario personal de
salvación, que recordemos con gratitud. Sin embargo, no podemos
permitirnos ser ingenuos. No toda caída termina en exaltación. Hay
caídas que exhalan un hedor infernal, que traen destrucción al
culpable y arrastran ruina a su paso” (Caerán mil, 25 de
febrero).
- “El progreso en la vida espiritual exige configurar
nuestra dimensión física y afectiva en sintonía con la maduración
contemplativa; de lo contrario, existe el peligro de que la exposición
espiritual busque una descarga física o afectiva, y que tales descargas
sean racionalizadas como si fueran, de algún modo, ‘espirituales’, más
elevadas que las faltas de los mortales ordinarios” (Caerán mil, 25
de febrero).
Los riesgos
para la Iglesia
- “Es tentador pensar que debemos seguir las
modas del mundo. Es, diría yo, un procedimiento dudoso. La Iglesia, un
cuerpo lento, siempre correrá el riesgo de parecer y sonar pasada de
temporada. Pero si habla bien su propio lenguaje, el de las Escrituras y
la liturgia, de sus padres y madres, poetas y santos pasados y presentes,
será original y fresca, lista para expresar verdades antiguas de
nuevas maneras, teniendo la posibilidad, como lo ha hecho antes, de
orientar la cultura” (El esplendor de la verdad, 24 de febrero).
- “Nada ha causado a la Iglesia un daño más trágico,
ni ha comprometido más nuestro testimonio, que la corrupción surgida
dentro de nuestra propia casa. La peor crisis de la Iglesia no
ha sido provocada por la oposición secular, sino por la corrupción
eclesiástica. Las heridas infligidas necesitarán tiempo para sanar.
Claman por justicia y por lágrimas” (Caerán mil, 25 de febrero).
La esperanza
no es optimismo mundano
- “Cristo nos llama a comunicar esperanza al
mundo. Tener esperanza cristiana no significa necesariamente ser
optimista: un cristiano renuncia a los deseos ilusorios, eligiendo con
determinación la realidad” (Comunicar esperanza, 27 de febrero).
- “La Cruz nos permite abrazar la realidad afirmando
al mismo tiempo el carácter no definitivo de las heridas, que pueden ser
sanadas y convertirse en fuentes de sanación. (…) La Pasión de Cristo nos
permite lamentarnos sin ira. Nos abre a la compasión, que es una categoría
epistemológica capaz de preparar una visión bendecida. (…) El
Evangelio afirma que las heridas de Cristo, después de su
resurrección, no fueron eliminadas, sino glorificadas. También las
heridas del mundo pueden serlo, cuando el aceite y el vino de
Cristo son derramados sobre ellas” (Comunicar esperanza, 27 de
febrero).
La gloria:
ver el rostro de Dios
- “La glorificación, dice Bernardo,
ocurre cuando, al completar nuestro viaje terrenal, finalmente contemplamos aquello
que en esta vida hemos esperado con firmeza, poniendo nuestra confianza en
el nombre de Jesús: ‘Spes in nomine, res in facie est’. No hay
forma de expresar el sentido de esta fórmula concisa y hermosa más que con
una paráfrasis algo ampulosa: «Nuestra esperanza está en el nombre del
Señor; la realidad esperada está en verlo cara a cara»” (Yo
lo glorificaré, 25 de febrero).
- “La sublime perspectiva de nuestra fe se fundamenta
en realidades que han sucedido y que, en la comunión del cuerpo
místico de Cristo, siguen sucediendo. Profesamos que una Benevolencia
transformadora ha saturado el sufrimiento humano incluso en sus
manifestaciones más extremas. (…) La gracia de Cristo (…)
puede renovar y transformar nuestras vidas” (Comunicar esperanza,
27 de febrero).
Fuente: ReligiónenLibertad
