Si el alma se enferma también presentara síntomas, al igual que el cuerpo. Entonces, ¿cómo puedes detectar si sufres de una anemia espiritual leve o aguda?
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| Mehes Daniel |
1. Los primeros
síntomas
Para entender
un tanto la analogía, recordemos que la anemia es una baja en los glóbulos rojos de la
sangre, encargados de transportar el oxígeno a los tejidos. Su ausencia provoca
fatiga, palidez y mareos. Y si se descuida, puede provocar la muerte.
Bueno.
Entonces, ¿qué ocurre cuando una persona se aleja de Dios? Puede ir de lo leve
a lo agudo. Si tenía una buena relación con Él comenzará a enfriarse su amor.
Por lo tanto, no deseará saber nada de Él ni de sus asuntos. Sufrirá
"fatiga" o "abulia" espiritual, en pocas palabras, la pereza lo
hará su rehén.
Palidecerá su
amor y la voluntad para hacer buenas obras y sentirá "mareos" con
solo escuchar la palabra "Iglesia". El domingo será presa del hastío y
aburrimiento, pero no entenderá por qué. Se sentirá débil ante los embates de
la vida y no encontrará solución posible a los problemas.
En casos graves
perderá la capacidad para reconocer que está en pecado mortal porque su alma
también estará muerta. Sin embargo, mientras tenga vida, podrá recuperarse.
¿De dónde
vienen estos síntomas? Veamos algunas causas de la enfermedad y su tratamiento.
2. Causa de
la anemia espiritual
La primera
causa de la anemia es el desconocimiento del Evangelio y las enseñanzas de
nuestro Señor Jesucristo. Tal vez el paciente se conformó con las catequesis
presacramentales y nunca procuró abundar en la doctrina de la Iglesia. Por eso
ha perdido fortaleza en la musculatura que sostiene su fe.
Muy
probablemente no va a Misa, no se confiesa y menos hace oración, fuentes de
energía para mantener sana su alma. Además se alimenta de la chatarra que ve en
las redes sociales, de actividades inútiles, de doctrinas extrañas y tal vez
acude a consultas esotéricas o de la Nueva Era, lo que complica más el mal.
A pesar de que
hay expertos en esas enfermedades prefiere evitarlos para no comprometerse.
3. Los
remedios poderosos
Gracias a Dios
existen muchos y poderosos remedios para el enfermo de anemia espiritual. Cada
quien tome el que le haga falta:
- Un alimento sustancioso: Palabra de Dios y
Eucaristía en dosis ilimitadas. Si puede asistir a Misa entre semana el
efecto será más eficaz y rápido. Pero por lo menos hágalo cada domingo, no
importa la hora.
- En caso de recaídas o pérdida de fuerzas:
adminístrese la confesión frecuente.
- Para tener una red de apoyo segura: intégrese a
algún grupo parroquial.
- Medicamento para mantener la fe encendida y la
generosidad en movimiento: tome una buena cantidad diaria de servicio al
prójimo.
- Si quiere resolver dudas, pedir consejos y
solicitar más remedios: acuda a consulta con su director espiritual.
- Para curar heridas y recibir consuelo y cariño,
nadie más adecuada que la mejor enfermera del universo: la Santísima
Virgen María.
Recomendaciones
preventivas: no haga caso omiso de los síntomas y advertencias si desea
conservar la salud de su espíritu, porque en caso de muerte, puede perder el
cielo y será irremediable.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
