Pero… ¿hay 2 san Blas?
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Toda nuestra
iglesia está vestida de rojo porque… ¡celebramos a san Blas! Y, como cada año,
la Madre Priora ha tenido que avisar al predicador de que se trata de san Blas
de Oreto, no de Sebaste. Porque, claro, a todos les surge la misma iniciativa:
buscar en internet algo sobre san Blas, y el primero que aparece es el más
conocido, pero no es el mismo.
La verdad es
que nos hace gracia, porque no hay nada como haberle avisado para que, sin
darse ni cuenta, lo primero que comente al comenzar la Eucaristía sea decir que
fue un mártir de Armenia. Y entonces todas las monjas comienzan a moverse y a
mirarse, pensando: “ya lo ha vuelto a confundir”.
Tengo que
reconocer que yo misma llegué a pensar si esta “confusión” entre dos santos con
vidas tan parecidas y el mismo nombre no hablaría, en realidad, de que tan solo
hay un san Blas. Pero una de las hermanas archiveras me dijo con toda paz: la
historia del nuestro está escrita y muy documentada, solo que no tan publicada
en internet. Así que, al leer los documentos que tenemos, me resultó muy
interesante y la evidencia me sacó de dudas.
San Blas de
Oreto (obispo oretano), nuestro san Blas y del que guardamos sus reliquias, fue
mártir del siglo I en España, durante la persecución de Nerón. Es más, me
atrevería a pensar que, si se investigara, en muchos de nuestros pueblos y
ciudades que veneran a este santo, posiblemente se llegaría hasta san Blas de
Oreto.
Me encantó
descubrir que la verdad está escrita, solo hay que buscarla. Y ahora le tengo
mucho más cariño a nuestro san Blas. Al fin y al cabo, esta “confusión” entre
santos es hasta graciosa, ¿y a quién no le gustaría que le confundieran con un
gran santo?
Así que cada
año san Blas me recuerda que el Señor no nos confunde: Él nos conoce a cada uno
de forma única, no solo por nuestro nombre, sino por el corazón, porque Él
mismo lo creó. ¡Nuestra historia está escrita en el Corazón del Señor! Mi
historia no es lo que yo pienso de mí, ni tampoco lo que se publique en redes,
o la imagen que me gustaría dar, sino que, mirando en el espejo del Señor, es
donde puedo leer mi Verdad más auténtica: ¡que soy amado! Y es que, para Él,
cada uno es único y a Él nadie le pasa desapercibido. Si aún no tenemos del
todo claro el mañana, no es porque haya “confusión” con nosotros, sino porque
desde siempre ha querido valerse del instrumento de la fe, para que, esperando
todo de Él, aprendamos a confiar.
Hoy el reto del
amor es confiar en el Señor. Esto mismo fue lo que movió a ambos san Blas a
entregarse hasta el martirio. Si los demás nos confunden, que no nos convenzan:
solo hay una Verdad sobre nosotros, ¡somos Suyos!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
03 febrero 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
