¿ES POSIBLE DAR GRACIAS A DIOS POR PERDER LA SALUD?

Nadie quiere sufrir, pero cuando se presenta la enfermedad pareciera imposible dar gracias a Dios por la desgracia de perder la salud, sin embargo, se puede

Elena Shishkina

La salud es el bien más preciado que puede poseer el ser humano. Con ella, todo puede alcanzarse porque el cuerpo está en óptimas condiciones para luchar y lograr sus objetivos, por eso, cuando llega la enfermedad puede ser menos que imposible que alguien en su sano juicio dé gracias a Dios por ella.

Sin embargo, se puede y tiene una razón muy profunda que nos conviene entender para cuando llegue el momento.

Una oportunidad divina

En la actualidad, la ciencia busca la manera de evitar el sufrimiento a toda costa. Los cuidados paliativos buscan que el enfermo no sienta dolor. Por supuesto, Dios no quiere que el hombre sufra, por eso Jesús curaba a los enfermos. Además, la ciencia ha sido un remedio maravilloso para mitigar los efectos de las enfermedades graves.

Pero también debemos considerar que, cuando llega la enfermedad y la persona la acepta como parte del plan divino para su salvación, obtiene una enorme oportunidad de hacer el bien a través de sus padecimientos.

Basta con recordar que muchos grandes santos y místicos pasaron parte de sus vidas en medio de sufrimientos y dolores corporales.

Dice el Catecismo de la Iglesia católica:

"[La enfermedad] Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él" (CEC 1501).

Unirnos a su pasión

El plan original de Dios era que el hombre y la mujer no murieran, por lo tanto, la enfermedad es solo una consecuencia del pecado (CEC 1505).

Así es que no es un castigo de Dios. El cuerpo se deteriora y va perdiendo fuerza. Y si le agregamos la edad, entenderemos que es parte del fin natural de la persona.

Pero para quien tiene fe y cree en las promesas del Señor, entiende que es la oportunidad propicia para unirse a su pasión, como leemos en el Catecismo:

"Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora" (CEC 1505).

En el dolor y la enfermedad, es posible agradecer a Dios por permitirnos adelantar algo de nuestro purgatorio en vida, además, podemos ofrecer nuestros padecimientos por alguna intención especial.

Que Dios nos ayude a aceptar las enfermedades y tener paciencia en los sufrimientos.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia