Jesús no nos dejó solos, nos envió al Espíritu Santo y fundó su Iglesia cuya maternidad, que descubrimos en sus actitudes, ha cuidado a la humanidad entera
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Quizá para
muchos resulte extraño que la Iglesia sea llamada "madre", porque se
trata de una institución milenaria. Pero no podemos soslayar que fue fundada
por Cristo y que tiene una misión concreta: llevar a la salvación a la
humanidad. Además, en las actitudes de sus miembros también podemos notar su
maternidad, como explicaremos a continuación.
Madre y
maestra
Que Jesús fundó
la Iglesia nos lo recuerda el evangelio de san Mateo:
"Y yo te
digo: 'Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de
la Muerte no prevalecerá contra ella'" (Mt 16,
18).
El Señor confió
su Iglesia a los hombres y la ha dirigido el Espíritu Santo a través de los
siglos. A pesar de los pecados de sus miembros, se ha cumplido la promesa de
Cristo y ha prevalecido desempeñando su misión y llevando el evangelio a los
confines del mundo.
El Papa san
Juan XXIII reiteró esta verdad en su carta encíclica Mater et Magistra:
"Madre y
Maestra de pueblos, la Iglesia católica fue fundada como tal por Jesucristo
para que, en el transcurso de los siglos, encontraran su salvación, con la
plenitud de una vida más excelente, todos cuantos habían de entrar en el seno
de aquella y recibir su abrazo" (n.
1).
Añade el Santo
Padre que la misión de la Iglesia es doble, ya que, como toda madre, engendra,
educa, dirige y vela por sus hijos:
"A esta
Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15),
confió su divino fundador una doble misión, la de engendrar hijos para sí, y la
de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los
individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad miró siempre la Iglesia con
el máximo respeto y defendió con la mayor vigilancia (n. 1)".
Se preocupa
por todas las necesidades
Otra actitud de
la Iglesia es la preocupación por solventar todas las necesidades temporales de
sus hijos, a ejemplo de Jesús, que sintió compasión de los hambrientos y les
dio de comer:
"Por
tanto, la santa Iglesia, aunque tiene como misión principal santificar las
almas y hacerlas partícipes de los bienes sobrenaturales, se preocupa, sin
embargo, de las necesidades que la vida diaria plantea a los hombres, no solo
de las que afectan a su decoroso sustento, sino de las relativas a su interés y
prosperidad, sin exceptuar bien alguno y a lo largo de las diferentes
épocas".
El Papa destaca
que la Iglesia ha mantenido "constantemente en alto la antorcha de la
caridad durante dos milenios", que une "armoniosamente las enseñanzas
y la práctica del mutuo amor," y "que compendia por entero la
doctrina y la acción social de la Iglesia".
Amonesta con
sabiduría
Finalmente,
también descubrimos la maternidad de la Iglesia en una actitud que a veces no
nos gusta: nos amonesta. Como una mamá que regaña a sus hijos cuando no están
actuando bien, la santa Madre Iglesia nos invita a reflexionar sobre las
decisiones que estamos tomando y nos ilumina con su doctrina, que es la misma
voz de Cristo:
"Se trata,
en efecto, de la doctrina de la Iglesia católica y apostólica, madre y maestra
de todos los pueblos, cuya luz ilumina, enciende, inflama; cuya voz
amonestadora, por estar llena de eterna sabiduría, sirve para todos los
tiempos; cuya virtud ofrece siempre remedios tan eficaces como adecuados para
las crecientes necesidades de la humanidad y para las preocupaciones y
ansiedades de la vida presente (n. 262)".
Demos gracias a
Dios por la existencia de la Iglesia católica.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
