Tus talentos no son solo para tu beneficio personal. Están pensados para construir el Reino de Dios, ayudar a otros, transformar tu entorno y dar gloria a Dios con tu vida
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| Dominio público |
Cada uno de
nosotros ha sido creado de manera única. No somos un error, ni un accidente, ni
una copia mal hecha. Dios, en su infinito amor, nos pensó, nos soñó y nos
regaló talentos y dones concretos para una misión especial. La gran pregunta
es: ¿los conoces? ¿los estás usando?
Cuando hablamos
de talentos, solemos pensar en cantar, tocar un instrumento, hablar bien en
público o ser bueno en los deportes. Y sí, todo eso cuenta. Pero los talentos
van mucho más allá. También son talentos la capacidad de escuchar, la
paciencia, la empatía, la creatividad, el liderazgo, el servicio silencioso, la
alegría contagiosa.
Los dones, por
su parte, son regalos del Espíritu Santo que nos ayudan a vivir y anunciar el
Evangelio: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y
temor de Dios. No son solo para “personas muy santas”, sino para todo bautizado
que esté dispuesto a dejarse guiar por Dios. “A cada uno se le ha dado una
manifestación particular del Espíritu para el bien común” (1 Cor 12,7).
Dios no nos da
talentos para guardarlos, ni para presumirlos, sino para servir. Jesús mismo
nos lo enseña en la parábola de los talentos: al que los usa y los hace crecer,
se le confía más; al que los entierra por miedo o comodidad, se le reprocha no
haber hecho nada con ellos.
Tus talentos no
son solo para tu beneficio personal. Están pensados para construir el Reino de
Dios, ayudar a otros, transformar tu entorno y dar gloria a Dios con tu vida.
Muchas veces no
usamos nuestros talentos por miedo: miedo al qué dirán, miedo a equivocarnos,
miedo a no ser suficientes, miedo al compromiso…
Pero Dios no
llama a los perfectos, capacita a los que llama. Cuando ponemos nuestros dones
en sus manos, Él se encarga de multiplicarlos.
Algunas
preguntas pueden ayudarte: ¿Qué cosas hago con alegría y sin darme cuenta del
tiempo? ¿En qué me dicen los demás que soy bueno? ¿Dónde siento que puedo
servir mejor a los demás? ¿Qué me pide hoy Dios en mi comunidad, parroquia o en
mi grupo de amigos?
La oración es
clave. Pregúntale a Dios: “Señor, ¿qué me has regalado y cómo quieres que lo
use?” Escucha, confía y atrévete a dar el paso.
El mundo
necesita jóvenes que no entierren sus talentos. La Iglesia necesita tu voz, tus
manos, tu creatividad, tu fe. Dios cuenta contigo, tal como eres, hoy, no
“cuando estés listo”.
No tengas miedo
de usar lo que Dios te ha dado. Tus talentos son una respuesta de amor a Aquel
que te los regaló.
Y pregúntate en
la oración, ¿cuáles son mis talentos? ¿Qué estoy esperando para ponerlos al
servicio de Dios y de los demás?
Raúl M. Mir
Fuente: Jóvenes Católicos.es
