Iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia, podemos precisar que el fiel laico, dado que tiene una vocación y misión particulares, también tiene una espiritualidad propia y auténtica
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La palabra
‘espiritualidad’ es utilizada por muy diversas personas, y con muy diversos
significados, orientaciones y fines. A primera vista, pareciera que no existe
una definición formal y universal; pero mirando más al fondo es fácil encontrar
un elemento común y constitutivo: La espiritualidad es la manera en que vivimos
la vida a partir de la experiencia con Dios (para los teístas) o con el-lo
trascendente (para los ateos).
Entre el
universo de espiritualidades, la cristiana es fuente inagotable, auténtica y
segura de espiritualidad toda vez que tiene a Dios Hijo como origen y meta. De
ella han surgido muchas experiencias de encuentro y seguimiento de Jesucristo
que han dado origen a diferentes escuelas y tradiciones de espiritualidad.
La
espiritualidad laical
Hablar de una
‘espiritualidad laical’ conlleva una precisión particular que identifica la
manera en que los laicos se encuentran con Jesucristo y lo testifican en el
mundo; es decir, en la sociedad secular en la que viven, definida esta como
‘índole secular’.
La
espiritualidad laical, enseña el Compendio
de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), “(...) edifica el mundo según
el Espíritu de Jesús: hace capaces de mirar más allá de la historia, sin
alejarse de ella; de cultivar un amor apasionado por Dios, sin apartar la
mirada de los hermanos, a quienes más bien se logra mirar como los ve el Señor
y amar como Él los ama” (n. 545).
Características
de la espiritualidad laical
La
espiritualidad laical, enraizada en la Divina persona y Evangelio de nuestro
Señor Jesucristo; posee las siguientes características:
1. Íntima y
activa
“Es una
espiritualidad que rehúye tanto el espiritualismo intimista como el activismo
social” (CDSI, n. 545).
En efecto, la
espiritualidad laical evita la tentación del intimismo que aísla; así como del
activismo que priva de la raíz cristiana. La síntesis saludable se puede
resumir en una espiritualidad íntima (no intimista) y activa (no activista).
Son como las dos alas de un ave que, de manera conjunta y sincronizada, le
permiten remontar altos vuelos.
2. Integral
e integradora
Es una
espiritualidad que “sabe expresarse en una síntesis vital que confiere unidad,
significado y esperanza a la existencia, por tantas y diversas razones
contradictoria y fragmentada” (CDSI, n. 545).
En medio de
tantas contradicciones por las que transita el laico –que amenazan con
fragmentarlo y dispersarlo–, el laico está equipado para una experiencia
espiritual integral e integradora que lo une, lo concentra, lo llena de
significado y de esperanza.
3. Testimonio
de vida
Contribuye,
desde su índole secular, a la santificación del mundo a modo de fermento que
trabaja desde adentro. Para ello es esencial el testimonio de vida como
acto primordial que cimenta el anuncio de la Buena Nueva (Cf. Lumen Gentium, 31).
4. Itinerario
cristiano
Se fortalece en
el itinerario cristiano: “La adhesión a la Palabra de Dios; la celebración
litúrgica del misterio cristiano; la oración personal; la experiencia eclesial
auténtica, enriquecida por el particular servicio formativo de prudentes guías
espirituales; el ejercicio de las virtudes sociales y el perseverante
compromiso de formación cultural y profesional” (CDSI, n. 546).
5. Armoniza
sus diferentes dimensiones
Es una
espiritualidad que armoniza la vida personal, familiar y social con la fe: “En
la experiencia del creyente, en efecto, ‘no puede haber dos vidas paralelas:
por una parte, la denominada vida espiritual, con sus valores y exigencias; y
por otra, la denominada vida secular, es decir, la vida de familia, del
trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura”
(CDSI, n. 546, citando Christifideles laici, 59).
Hasta aquí
podría decirse que las características señaladas son más o menos comunes a toda
espiritualidad cristiana, lo cual es cierto; pero entonces, ¿qué característica
es particular e identitaria de los laicos? Es fácil identificarlo:
6. mundo
como lugar de encuentro con Jesús
Es una
espiritualidad ‘a ras del suelo’ pues tiene al mundo –su mundo: sociedad– como
lugar teológico de encuentro y experiencia con Jesús. Por ello, esta forma de
vida cristiana es perfectamente compatible con la vida social, económica,
política, familiar y cultural en la que vive el laico; y, aún más, no solo
compatible sino necesaria y natural a su estado de vida.
En conclusión,
se trata de una espiritualidad que se particularmente se identifica con la
Iglesia que vive en el mundo sin ser del mundo (cf. Jn
17,14-16). Ahí, justamente, se realiza el encuentro con Cristo y ahí, también,
se testimonia tal encuentro: “a los laicos corresponde, por propia vocación,
tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y
ordenándolos según Dios” (Lumen Gentium, n. 31).
Esta relación
tan íntima entre el ser laico y ser Iglesia queda manifiesto en el magisterio
con aquella audaz y profética palabra del Papa Pio XII:
“Los fieles, y
más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida
de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad
humana. Por tanto ellos, ellos especialmente, deben tener conciencia, cada vez
más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es
decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común,
el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (...)”
(Discurso a los
nuevos Cardenales, 20 febrero 1946).
Luís Carlos
Frías
Fuente: Aleteia
