Los mártires que han ofrendado su vida por Dios son muy numeroso. Son testigos que no renegaron de Cristo, pero ¿por qué no sintieron miedo de morir? Leamos
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En una reciente conferencia le preguntaron a Jean
Mayer, historiador francés radicado en México y especialista en el tema de
la Cristiada, por qué los mártires no temían dar su
vida por Cristo, y sencillamente respondió " no lo sé". Lo cierto es
esta incógnita solo puede responderla el mismo Jesús.
Los perseguirán por mi causa
Nuestro Señor Jesucristo advirtió a sus discípulos que su vida no
sería sencilla. Incluso a sus Apóstoles les avisó sobre la clase de muerte que
sufrirían. El evangelio de san Mateo es una muestra de lo dicho por el Señor:
"Ustedes serán entregados a la tribulación y a la muerte, y
serán odiados por todas las naciones a causa de mi Nombre. Entonces muchos
sucumbirán; se traicionarán y se odiarán los unos a los otros. Aparecerá una
multitud de falsos profetas, que engañarán a mucha gente. Al aumentar la maldad
se enfriará el amor de muchos, pero el que persevere hasta el fin, se
salvará"
(Mt 24, 9-13).
La historia de la Iglesia y la vida de los mártires nos ilustran
sobre los tormentos sufridos por los primeros cristianos perseguidos. Su
ejemplo es inspirador y quien entiende que la vida eterna junto a Jesús vale
bien un momento de dolor, entrega la vida con gusto.
Mártires: testigos de Cristo
Leemos en la Enciclopedia católica esta definición de mártir:
"Mártir, o testigo de Cristo, es una persona que,
aunque no ha visto ni oído nunca al divino fundador de la
Iglesia, está no obstante tan firmemente convencida de las verdades de
la religión cristiana, que sufre de buen grado la muerte antes
que renegar de ella".
Encontramos tres puntos clave sobre el mártir:
1. Nunca ha visto ni oído a Cristo.
2. Está firmemente convencido de las verdades de la religión
cristiana y
3. Sufre de buen grado la muerte antes de renegar de ella.
Confirmados en la fe
¿Por qué un cristiano habría de preferir la muerte antes que
avergonzarse de su fe? Porque el mismo Jesús envió al Espíritu Santo en
Pentecostés para fortalecer la fe de sus testigos como consta en el capítulo
2 de los Hechos de los Apóstoles.
Y es por los dones recibidos en la Confirmación que el cristiano defiende su fe
con valentía, como afirma el Catecismo de la Iglesia católica.
"Nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para
difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos
testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no
sentir jamás vergüenza de la cruz"
(CEC 1303).
Además, hay que agregar algo muy importante: el martirio es una
gracia de Dios. No cualquier persona puede alcanzarla porque debe llevarse una
vida de mucha batalla espiritual, combatiendo a diario al demonio y al pecado,
dando testimonio de vida cristiana comprometida y ferviente.
Pero, aunque a nosotros no nos toque morir por Cristo, nos
corresponde esforzarnos todos los días para agradar a Dios, enfrentando penas y
gozando alegrías con la certeza de que algún día, podremos también llegar al
cielo junto a todos los santos y mártires de Dios.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
