"Aquí no trabajamos con números ni con estadísticas, sino con personas concretas, con historias de dolor, de ruptura y también de esperanza"
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| Crédito: Vatican Media |
Hace veinticinco años, la Diócesis de Granada y la de Guadix
(España) pusieron la primera piedra de un proyecto nacido para no dejar solos a
quienes habían caído en la drogodependencia. Aunque Proyecto Hombre llevaba
años operando en el país, su implantación en la ciudad andaluza supuso un
refugio para decenas de personas enganchadas a las drogas o el alcohol.
“En el año 2000 no existía la información ni la sensibilidad que
hay ahora. Había mucha heroína, mucho alcohol y mucha soledad. Llegaban
personas que lo habían perdido todo: la familia, el trabajo, la autoestima”,
recuerda el P. José María Tortosa, uno de los impulsores históricos de esta
iniciativa.
El sacerdote, que actualmente reside en Roma, conoce de primera
mano cómo el miedo, la ansiedad por la siguiente dosis y la dependencia
destruyen matrimonios, separan a los padres de sus hijos y erosionan hasta el
último resto de dignidad personal. Por eso insiste en que la rehabilitación no
puede reducirse a la simple abstinencia.
“Una persona no se cura
sólo dejando de consumir"
“Una persona no se cura sólo dejando de consumir. También tiene
que reconstruir su vida: volver a trabajar, a confiar, a relacionarse. Si no se
potencia eso, la recaída es casi inevitable”, afirma, convencido de que uno de
los grandes logros de Proyecto Hombre ha sido demostrar que salir de una
adicción implica rehacer la propia existencia.
Inspirado en un modelo nacido en Italia, esta iniciativa nunca se
limitó a proporcionar herramientas para abandonar una sustancia o una conducta,
sino que buscó devolver a las personas un sentido para vivir. “La persona no es
un problema que hay que eliminar, sino alguien que hay que acompañar para que
pueda volver a trabajar, a relacionarse, a vivir”, subraya el P. Tortosa.
Encuentro con el Papa
El pasado miércoles 14 de enero, tras la Audiencia General del
Papa en el Vaticano, el sacerdote pudo presentar a León XIV la trayectoria y
los nuevos desafíos de una iniciativa que, desde hace un cuarto de siglo,
acompaña a personas atrapadas en distintas formas de adicción.
En el breve encuentro también estuvo presente una amplia
representación de la Iglesia granadina. Junto al Santo Padre se encontraban
miembros del Consejo Pastoral de la diócesis de Guadix, acompañados por su
obispo, Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar, así como una delegación de la
Fundación Granadina de Solidaridad Virgen de las Angustias – Proyecto Hombre
Granada.
Por parte de la institución acudió su actual director, el
presbítero y médico Manuel Mingorance, así como tres terapeutas del Programa
Educativo-Terapéutico para la rehabilitación y reinserción social de personas
con problemas de adicciones.
El Pontífice expresó su cercanía y su respaldo a una obra que, en
palabras del propio P. Tortosa, “representa una de las respuestas más concretas
de la Iglesia al sufrimiento humano”.
“El Papa nos animó a seguir adelante, especialmente en todos los
ámbitos donde hay dolor, exclusión y pérdida de esperanza”, explica el
sacerdote que durante el encuentro entregó al Papa un retrato suyo de la
pintora de Valencia (España), Charo Marín.
El encuentro, subraya, ha sido un estímulo para toda la
organización. “Que el Santo Padre conozca esta realidad, la valore y la anime
es un impulso enorme. Nos recuerda que este trabajo forma parte del corazón
mismo de la Iglesia”.
De la heroína a las pantallas
Los inicios de Proyecto Hombre en Granada coincidieron con un
momento marcado por la heroína y el alcohol, pero también por la aparición de
nuevas dependencias. “La heroína nunca desapareció del todo, pero ya entonces
empezaban a aparecer otras adicciones: el juego patológico, las primeras redes
sociales, nuevas formas de evasión”, recuerda Tortosa.
Hoy en día, uno de los frentes más preocupantes es el de las
adicciones tecnológicas que afectan a los adolescentes. Para responder a esta
realidad, Proyecto Hombre ha desarrollado un modelo de intervención
especializado, basado en equipos interdisciplinares de trabajadores sociales,
psicólogos y pedagogos.
Aunque ya no ejerce la dirección, el P. Tortosa sigue
estrechamente vinculado al proyecto. “Esto no se abandona: es una misión”,
afirma. El sacerdote insiste en que, hoy como ayer, el corazón del método sigue
siendo el mismo: poner a la persona en el centro.
“Aquí no trabajamos con números ni con estadísticas, sino con
personas concretas, con historias de dolor, de ruptura y también de esperanza.
Nuestro trabajo empieza cuando alguien vuelve a sentirse mirado y escuchado”,
concluye.
Por Victoria Cardiel
Fuente: ACI Prensa
