Pensamos en todo porque comienza el Año Nuevo 2026, pero ¿y si en esta ocasión incluimos a Dios en nuestros planes? ¡Anímate a hacer un cambio real en tu vida!
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| Paul shuang |
Por gracia de
Dios, llegamos a la meta del año 2025 y estamos a punto de comenzar uno nuevo.
"El 2026 pinta bien", pensamos. Y hacemos planes para transformar
nuestra vida en algún punto que consideramos que hemos aplazado. Ojalá también
contemplemos incluir al Señor entre ellos.
Un cambio
auténtico
No es de
extrañar que, previamente a la fiesta de Año Nuevo, decidamos implementar algún
cambio en nuestra vida. Llega a la mente todo lo que hemos ido aplazando, desde
bajar de peso, quitarnos algún mal hábito, hacer ejercicio, aprender un idioma,
estudiar algo, ahorrar más, conocer un país nuevo, ir más seguido al médico; en
fin, que si nos ponemos creativos sacaremos infinidad de ideas que se han
quedado en el camino a lo largo de los meses.
Y no es que
esté mal hacer planes, todo lo contrario. En la vida hay que tener orden y
cultivar nuestros talentos, además es completamente lícito trabajar para
alcanzar nuestros sueños. Dios no se opone a ello. Lo único que echaría por
tierra la bondad de nuestros deseos sería que, para conseguirlos, cometiéramos
injusticias en contra de nuestros semejantes. Por lo demás, nada hay que impida
su cumplimiento.
Sin embargo, es
necesario que aterricemos en la realidad y comencemos a construir un cambio
auténtico en nuestra manera de vivir y pensar a futuro - que no sabemos qué tan
lejano sea, pero llegará sin que podamos remediarlo -. Esa reflexión nos
conducirá al final de este peregrinar en donde veremos a Dios y nos preguntará
sobre lo que hicimos o dejamos de hacer en la vida.
¿Qué le
responderemos? ¿Nos encontrará preparados? Por eso es de suma importancia que
entre los planes de Año Nuevo incluyamos a Dios.
Decídete a
vivir de la mano de Cristo
A veces no es
necesario ahondar tanto. El pecado o
defecto más notorio salen a flote a diario. ¿Por qué no comenzar con
combatirlos? Y la manera más eficaz será con la Confesión frecuente y la Eucaristía dominical, por supuesto, pero también
algunos días entre semana. Ese sería un excelente propósito de Año Nuevo.
Así como nos
proponemos ser constantes en lo material, pidamos a Dios la perseverancia
necesaria para deshacernos de lo que nos separa de Él y comencemos a caminar de
la mano de Cristo. Nada será más provechoso y productivo que trabajar en
nuestra alma para prepararnos a la vida eterna.
Y de paso,
mejorará nuestra relación con nuestros seres queridos y personas con quienes
tenemos contacto a diario. Dejar de ser una piedra en el zapato de los demás y
pensar más en ellos que en nosotros también conformarán un buen proyecto de
vida.
No dejemos
pasar la oportunidad de comenzar bien el año y dejemos que sea Dios quien
conduzca la barca para que, al llegar a puerto en diciembre, estemos más llenos
de su gracia y listos para participar de la gloria que nos tiene preparada en
el cielo, así se cumplirá lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica:
"Los que
mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados,
viven para siempre con Cristo. Son para siempre semejantes a Dios, porque lo
ven 'tal cual es'" (CEC 1023).
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
