Entrevistan en profundidad sobre la confesión a 25 sacerdotes de distintos movimientos, edades y lugares: consejos sencillos desde la psicología
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| Una peregrina en la JMJ de 2011 de Madrid se confiesa |
Se ha publicado
a finales de 2025 una Guía práctica para confesores, de 36 páginas,
gratuita, con el subtítulo Claves psicológicas y pastorales para el
Sacramento de la Reconciliación.
Explora ideas
para mejorar las confesiones con algunas recetas sencillas de escucha,
paciencia, acogida y palabras adecuadas.
Es resultado de
un trabajo a largo plazo que impulsan la Universidad de Navarra y la Fundación
John Templeton y que estudia "la dimensión psicológica de la
experiencia del perdón divino".
La Fundación Templeton apoya
10 equipos que estudian este fenómeno, y uno se ha centrado en la confesión
sacramental de los católicos, entrevistando en profundidad a 25
sacerdotes de distintos movimientos, ambientes y países pero que
ejercen en España.
El equipo,
liderado desde la Universidad de Navarra por los doctores Martiño Rodríguez-González y María
Calatrava, estudia las cosas que ayudan o dificultan la experiencia del
perdón en el sacramento de la reconciliación. "La manera de acoger,
escuchar y acompañar puede abrir o cerrar el corazón del fiel a la experiencia
del perdón de Dios", constata esta investigación.
Aprender a
confesar bien, ¡confesándose uno!
Muchos
confesores coinciden en que el hecho de confesarse ellos mismos les ayuda a ser
mejores ministros de la misericordia. “Mi experiencia como penitente ha
sido el fundamento de mi ser confesor”, declaran. Confesarse con
regularidad les permite descubrir, de manera vivencial, qué actitudes ayudan
verdaderamente al penitente.
Ellos han
vivido "acogida incondicional, una actitud positiva y animante,
un trato que permita presentarse ante Dios sin necesidad de disimular el mal
cometido". Eso les ayuda a confesar así. Tienen reverencia al
sacramento: la acción de Dios, y la intimidad del penitente, lo hacen
tierra sagrada.
Privacidad,
no siempre anonimato
Los sacerdotes
destacan que para muchos penitentes es importante el anonimato, confesarse tras
la rejilla. Si el sacerdote reconoce la voz, debe evitar hacer referencias a la
identificación. “Cuando la persona se confiesa a través del confesionario, no ayuda
que se sienta reconocida. El confesionario garantiza habitualmente el
anonimato, y es importante que eso se respete”, detalla un sacerdote.
Algunos
confesores señalan que el contacto visual puede ser un apoyo para generar
cercanía, aunque otros consideran que la rejilla protege la intimidad y
facilita que el penitente se abra. En cada caso, el sacerdote debe discernir.
Mostrar
disponibilidad, entregar tiempo
Otro aspecto
decisivo para favorecer la experiencia del perdón es la disponibilidad del
confesor y el tiempo que dedica al penitente. La vivencia del perdón en la
confesión se ve favorecida cuando el sacerdote se muestra realmente
accesible y disponible. Un primer signo es que el sacerdote
cumpla los horarios de confesión, que acuda y esté disponible.
Después, el
confesor está llamado a contener la urgencia personal y transmitir serenidad.
Como expresaba un entrevistado: “Yo puedo tener mucha prisa, pero me la
aguanto. Estoy ahí, y sin que se note, no miro el reloj. El penitente
debe sentir: Estoy aquí para ti, te escucho con toda mi atención”
Acogida,
incluso fuera del confesionario
Un elemento aún
más decisivo es la acogida cálida e incondicional. Así el penitente puede abrir
su corazón con confianza y experimentar el perdón de Dios.
Esta actitud de
acogida comienza incluso antes de entrar al confesionario, como indican los
entrevistados. El sacerdote que fuera de él se muestra cercano, amable,
sonriente y disponible ya despierta en el penitente una confianza inicial.
Muchos
sacerdotes empiezan a confesar con una oración que recuerda que quien acoge y
escucha es Jesús. “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados”,
rezan. O “dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.
Estos recursos ayudan a situar el encuentro en la presencia de Dios.
Mantener la
serenidad
A veces el
penitente cuenta cosas terribles, o con gran emotividad e inquietud. El
confesor debe mantener la serenidad y confiar en Dios. Muchos sacerdotes
destacan la importancia de invocar al Espíritu Santo antes y durante la
confesión, pidiendo luces para saber orientar a cada persona.
La oración
ayuda al sacerdote a mantener la calma: recordará que Cristo es quien
actúa en el sacramento. El confesor puede decir al penitente inquieto
que "no hay nada que puedas presentar a Dios que Él no pueda
perdonar". Eso ayuda a calmar su ansiedad y facilitar que la
persona se abra.
Foco en la
misericordia de Dios, no en el pecado
El penitente
confiesa sus pecados, pero el confesor debe poner el foco en Dios y en su
misericordia. Para eso pondrá ejemplos de los Evangelios, e insistirá en
que Dios acoge, abraza y restaura la amistad con el
penitente. "El penitente debe sentir que, en ese mismo momento,
Dios le perdona y le acoge tal como es", pide el informe.
Proponer penitencias
pequeñas puede reforzar esta experiencia de misericordia, evitando que
la persona se sienta desanimada o abrumada. La misericordia no significa
relativizar el pecado ni minimizar su gravedad. El penitente entiende que pecó
y el confesor le acompaña a la vez en el reconocimiento del mal cometido y en
la aceptación del perdón divino, sin que esto se convierta en un reproche.
Del mismo modo,
la misericordia no debe transformarse en sobreprotección; el confesor
debe también acompañar al penitente hacia la conversión y el crecimiento,
señalando, cuando es necesario, cambios concretos en la vida, siempre con
respeto y empatía.
Evitar
críticas duras
La psicología
muestra que, frente a críticas duras en estados de vulnerabilidad, la
reacción más común es de huida. Dichas reacciones no favorecen el
aprendizaje ni la reconciliación, sino que refuerzan sentimientos de
vergüenza y resistencia. Por eso, los confesores deben preferir comentarios
y preguntas orientadoras sin carácter acusatorio.
Por ejemplo, si
dicen “usted siempre cae en lo mismo, parece que no quiere cambiar”, sonará
como un reproche y eso desanima. Pero se puede plantear así: “Veo que este
pecado le pesa y vuelve a aparecer en su vida con cierta constancia; ¿qué
podría ayudarle a afrontarlo de otro modo?”.
¿Dar
consejos prácticos?
Pueden ser
útiles los consejos prácticos del confesor, como recomendar lecturas o libros,
o sugerir estrategias concretas para superar pecados específicos.
Sin embargo, conviene tener cuidado de no imponer soluciones cerradas
que limiten la libertad del penitente, ni saturar con demasiadas
palabras o sermones. Los sacerdotes consultados consideran que lo más efectivo
suele ser centrarse en lo esencial, en la reconciliación con Dios y su
alegría.
Aspectos
psíquicos del penitente que bloquean el sentirse perdonado
Los sacerdotes
quieren transmitir el perdón de Cristo, pero hay penitentes que no consiguen
experimentarlo a nivel psicológico y eso limita su poder transformador y
sanador.
- Los que tienen mala autoimagen: "Si
a una persona desde pequeño le han repetido 'eres malo, eres malo, eres
malo' le va a costar mucho aceptar el perdón. La historia personal influye
un montón, las heridas…', señala un sacerdote. Una persona que lleva
muchos años sin confesarse puede reforzar su idea de ser, ante todo, una
sede del pecado. Los confesores pueden ayudar a estas personas separando
su identidad profunda (ser hijos de Dios) de sus acciones. “No soy solo
pecado, no soy solo pecador”, debe entender. "Dios, con lo mucho
que te quiere, ¿cómo no te va a perdonar, cuando estás de rodillas
diciéndole perdóname?", se le puede decir.
- El Dios castigador y distante. Muchos
ven a Dios como castigador y distante, quizá porque también sus
progenitores o educadores lo fueron. También lo ven como un juez
implacable. Todo eso "dificulta profundamente la vivencia
del perdón" y "refuerza el miedo, la desconfianza y la
autoacusación", dicen los responsables del estudio. "La
confesión puede convertirse en una experiencia liberadora cuando el
penitente descubre que Dios no es ante todo un juez, sino un Padre
cercano y misericordioso, siempre dispuesto a acoger y
perdonar". Los confesores deben repetir una idea a estas
personas: “Dios no te ama por lo que haces, sino que te ama
siempre por lo que eres, su hijo”.
- El penitente perfeccionista. Es el que
sobredimensiona cada error cometido y lo vive con dureza excesiva. El
informe da algunas ideas a los confesores para estas personas. Pueden
centrarse en logros alcanzables, evitar expectativas poco
realistas, entender las limitaciones humanas, ofrecer pequeños
pasos concretos para tener sensación de mejora y distinguir entre
errores ocasionales y defectos de carácter que son estables.
- El penitente frívolo, que no piensa en
consecuencias. El confesor puede plantear preguntas reflexivas sobre el
impacto que tiene su conducta. Más que reprocharle, consiste en
hacerle pensar. Puede ayudar poner ejemplos concretos, quizá ya
vividos, para que tome conciencia.
Cosas que
ayudan a confesarse
Los sacerdotes
constatan que ver a otros confesarse o escuchar testimonios de reconciliación
puede animar a dar el paso a los que se confiesan poco. La “alegría del
penitente” tiene un efecto contagioso. Las peregrinaciones, retiros, el
Adviento, la Cuaresma, la preparación para algunos eventos (primera
comunión, matrimonio, confirmación, unción de los enfermos) puede animar a
muchos a confesarse.
Confesarse,
¿con qué frecuencia?
Cada persona
tiene su propio ritmo espiritual: semanal, mensual, sólo en Cuaresma... Muchos
confesores recomiendan la confesión mensual o quincenal, pero siempre depende
del penitente. No quieren un calendario rígido que no respete la madurez
espiritual del penitente.
Los sacerdotes
entrevistados dicen que la confesión frecuente a veces se convierte en
una rutina vacía, experimentada como una “descarga de conciencia” y no
como un encuentro con Dios. Cuando se pierde la reflexión y el sentido
espiritual, la confesión deja de ser un momento de gracia y comunión,
avisan. Es importante que sea una relación con Dios, y no un hábito vacío.
Ayudar a
penitentes que tuvieron malas experiencias confesándose
A veces el
penitente explica al confesor que en cierta ocasión tuvo una mala
experiencia al confesarse. Desde entonces, asocia la confesión con el
miedo y la desconfianza. El informe recoge algunos consejos para los confesores
que se encuentran con esto.
Deben ofrecer
una escucha atenta, sin interrupciones, impaciencia ni emitir juicios. Deben
reconocer la validez de las emociones del penitente con frases como "entiendo
que esto pueda resultar difícil después de lo que viviste". Han
de evitar minimizar esos sentimientos. Deben seguir manteniendo un tono
tranquilo y palabras cálidas. Permitirán al penitente explicar sus
recuerdos, sin forzar detalles.
El confesor
dirá cosas como: “Entiendo que esto te afectó profundamente, tiene sentido
que te sientas así”. Y reconducirá el tema hacia la relación con Dios hoy:
“Lo que ocurrió entonces no debe definir ni bloquear tu relación con Dios
ahora, nada impide Su perdón hoy”.
Cuando uno
recuerda un pecado con placer
A veces, un
penitente se confiesa de algo que le causó placer... ¡e incluso recordarlo se
lo causa! Quizá fue una venganza, o un pecado sexual, o de gula, o de
vanidad. Sabe que estuvo mal, pero al recordarlo, puede sentir algo de
satisfacción aún. Puede preguntarse: “Si todavía lo recuerdo con gozo, ¿significa
que no estoy arrepentido de verdad?”.
Algún confesor
respondería, simplemente, "no haga caso a las emociones". Pero este
informe cree que eso no ayudará a este tipo de penitentes, porque "las
emociones no se apagan por mandato". Proponen que el penitente
reconozca esa contradicción: se arrepiente, y es sincero, a pesar de ese resto
emocional.
El confesor
puede decir: "Entiendo que al recordarlo le vuelva la sensación de placer,
y eso puede confundirle; pero lo importante es que hoy reconoce que
estuvo mal y desea vivir de otra manera".
El caso
peculiar de las personas escrupulosas
No hay muchos
cristianos escrupulosos. Pero los que hay, ¡acuden mucho a confesarse y
lo hacen con poco fruto! El informe dedica varias páginas sobre ellos
y da algunos consejos a los confesores.
Proponen
"romper la idea de perfección absoluta, suavizando la rigidez y liberando
de exigencias imposibles. Un sacerdote emplea una metáfora que puede ser de
ayuda: 'Animo a estos penitentes a descubrir que su vida espiritual no
necesita la asepsia de un quirófano, sino la limpieza de una casa de campo'".
El confesor centrará la confesión en la misericordia de Dios, no en buscar una
perfección personal absoluta.
Proponen confesar
a los escrupulosos con una periodicidad fija y clara, para evitar la compulsión
de confesarse con demasiada frecuencia. También animan a comulgar si
no hay certeza de pecado mortal, y recurrir a formas de oración que
evitan rumiar demasiado en la propia mente; recomiendan la lectura
espiritual o la oración vocal. También animan a compartir la fe con
otros cristianos, en oraciones, adoraciones o voluntariados, para
salir del individualismo y el foco excesivo en uno mismo. Algunos casos pueden
necesitar ayuda psicológica.
El estudio
también distingue entre la culpa sana (que ayuda a mejorar) y la culpa
crónica (que hunde y desanima), y también la doble dimensión
de la vergüenza al confesarse, que por un lado ayuda a reconocer lo
malo de los hechos, pero puede dificultar el expresarlos y afrontarlos. Dedica
al tema varias páginas y matices.
La confianza
hacia el confesor habitual
Uno puede
confesarse con cualquier cura perfectamente desconocido, y el sacramento
actuará. Pero la psicología constata que hay un factor terapéutico
eficaz en confesarse con regularidad con un mismo sacerdote que nos
conoce y acompaña y con el cual tenemos confianza.
"La
dimensión psicológica del sacramento pone de relieve que la confesión no solo
toca lo espiritual, sino también la salud emocional del penitente. La
experiencia de ser perdonado facilita el perdón hacia uno mismo y hacia los
demás, mientras que la fidelidad y periodicidad en la confesión
consolidan la reconciliación interior.
El
acompañamiento espiritual prolongado y basado en confianza y escucha atenta
potencia la aceptación personal, el autoconocimiento y la sanación de
heridas", constata el estudio. Advierte, eso sí, de posibles
desviaciones, cuando se dan exagerados paternalismos o dependencias emocionales
del penitente.
El informe sólo
menciona a un santo, San Josemaría (por animar al penitente a seguir
confesándose) y recomienda un libro tanto para penitentes como para
confesores: Dioses rotos, los siete anhelos del corazón humano,
de Gregory K. Popcak, que ayudan a conocer los propios anhelos y usarlos para
servir a Dios.
Pablo J.
Ginés
Fuente: ReligiónenLibertad
