Bendecir es una acción que pareciera trivial, sin embargo ayuda a conservar la salud espiritual y derrama gracias que no vemos pero que actúan en nuestra vida
![]() |
| CartoonMini |
Todo lo que
hacemos en la vida deja marcas en las personas que nos tratan. Por eso, aunque
no lo percibamos, bendecir es una acción que derrama toda clase de bienes en
las personas, lugares y objetos porque les deseamos que Dios esté con ellos,
por eso, la salud espiritual de quienes las reciben se ve afectada
positivamente.
Ser
bendición
El Catecismo de
la Iglesia católica afirma que "todo bautizado es llamado a ser una
"bendición" y a bendecir" (CEC 1669). Por eso, nuestra presencia y palabras
deben coincidir con nuestro ser de cristianos.
Así mismo,
cuando hablamos de las palabras que salen de nuestra boca, es importante que
observemos el efecto que tiene sobre aquellos que nos tratan. Por un lado, la
imagen que damos a lo además y por otro, que nuestros labios se acostumbren a
desear el bien, como aconseja san Pablo a los efesios:
No profieran
palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas,
para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que
las escuchan (Ef 4, 29).
Bendecir a
la familia
Ahora, si
hablamos de salud espiritual - porque el que bendice se mantiene sano de
espíritu y agradable a Dios - , recordemos que la Sagrada Escritura hace
referencia a la bendición en muchos pasajes. Por ejemplo, en la bendición de
los sacerdotes sobre el pueblo es Dios mismo quien la otorga.
Leamos en el
libro de los Números lo que Dios dice a Moisés:
Habla en
estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes
les dirán:
Que el Señor te
bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su
gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.
Que ellos
invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré (Núm 6,
26-27).
Y la bendición
de los padres también es muy importante porque recibirla es signo de abundancia
en todos los aspectos, por eso, para Esaú fue una desgracia habérsela vendido a
Jacob por un plato de lentejas (Gén 27).
En nuestros
días sigue siendo invaluable, ojalá que los hijos no salgan sin la bendición de
sus padres y que los padres bendigan en todo momento a sus hijos - y los
padrinos a sus ahijados, los abuelos a los nietos, los tíos a los sobrinos,
etc. -
Los que no
amamos
Pero lo que más
nos cuesta - porque somos seres humanos - es bendecir a nuestros adversarios.
Aquellos que no están de acuerdo con nosotros o que nos han dañado de alguna
manera.
Esa es la
prueba de que verdaderamente amamos como Cristo nos pide que lo hagamos:
deseando el bien a los que no nos agradan, por amor a Dios. Por eso, Jesús y
los apóstoles son insistentes en otorgar bendiciones:
Bendigan a los
que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca (Romanos
12, 14).
No devuelvan
mal por mal, ni injuria por injuria: al contrario, retribuyan con bendiciones,
porque ustedes mismos están llamados a heredar una bendición (1 Pe,
3, 9).
Pero yo
les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los
que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman
(Lc
6, 27-28).
De la misma
boca salen la bendición y la maldición. Pero no debe ser así, hermanos (Sant
3, 10).
Hagamos el
propósito de bendecir a todos y a todo para que Dios siempre esté presente en
nuestra vida y en la de los que nos rodean.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
