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| Paula Fernández con un niño de Mama Koko. Foto: Paula Fernández. Dominio público |
Paula Fernández tiene 21 años. Es asturiana. De Avilés, para más señas.
Pese a su juventud, ha fundado el proyecto educativo ‘Puentes de Esperanza, del Congo a tu aula’, una iniciativa nacida tras su experiencia en Kinshasa con
niños sin recursos. En 'Ecclesia, es domingo', Paula ha compartido su historia marcada por
una enfermedad que cambió su vida y la llevó a dar un “sí” rotundo a la
voluntad de Dios y al servicio de los más pequeños.
El viaje de Paula Fernández hacia África comenzó en un
hospital. Con apenas 19 años, una operación inesperada sumió su vida en una amarga incertidumbre. “Me vi al espejo y me encontré un bulto. Al principio
pensé que no sería nada, pero los médicos me dijeron que quizás mi vida se
paraba por un tiempo. Estuve cuatro meses sin saber qué tenía y pensé que me
iba a morir. No llegó a ser cáncer, gracias a Dios, pero me vi en el
limbo”.
Esa
experiencia, asegura, le hizo comprender que estaba llamada a algo mayor. “Mi mayor miedo con 19 años no era la muerte,
era no cumplir la voluntad de Dios. Aquello lo cambió todo, porque me
hizo darme cuenta de que tenía un propósito al que debía responder”.
Su respuesta fue sencilla: “Mi propósito fue decir que sí. A veces
creemos que la voluntad de Dios es algo enorme, pero nace de lo pequeño: decir
perdón, te quiero y gracias. Desde ahí
se construye todo. Mi proyecto en el Congo empezó con ese sí”.
De Bélgica a Kinshasa:
"En medio de la pobreza veía la mirada de Dios"
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| Foto: Paula Fernández. Dominio público |
La decisión no fue fácil de digerir para la familia de Paula: “Mi madre me preguntó si estaba segura, y aunque no lo estaba
del todo, me animó a intentarlo. Mi padre, más práctico, me dijo que si yo
era una emprendedora de sueños y aquello no le costaba dinero, me apoyaba. Así
que me lancé”.
Ya
en Kinshasa, el choque fue inmediato. “Lo
que más me impactó fue la mirada de la gente. En medio de la pobreza veía la
mirada de Dios. Allí comprendí que la fe no se vive solo, se siente, y se
construye desde lo más sencillo: una sonrisa, un baile, un gesto de cariño”.
Una escuela de vida entre los
más pequeños: "lo normal en Kinsaha es trabajar o vivir en un
orfanato"
En
la capital congoleña, Paula se volcó en un orfanato con 800 niños. "Decir
que allí fui profesora sería engañarme. Hice lo que podía: ser hermana, madre,
referente. Te olvidas de ti y te centras en ellos. Les
das de comer, les enseñas a leer, juegas, cantas. Enseñas desde lo que eres, no
solo desde lo que sabes”.
La realidad de esos niños es dura: muchos trabajan desde los cuatro o
cinco años para sostener a sus familias. “Un
día le di un lápiz a un niño de cuatro años y no sabía qué hacer con él. Empezó
a usarlo como avión o balón. Cuando le enseñé a dibujar en el suelo,
se reía y pedía más. Esa inocencia me cambió por dentro”.
Para
Paula, cada cuaderno, cada clase, tiene un alcance transformador. “Cuando un
niño estudia en el Congo no cambia solo su vida, cambia la historia del país. Allí lo normal no es ir a la escuela, lo normal
es trabajar o vivir en un orfanato. Pero cuando uno de ellos aprende,
todo su entorno cambia con él”.
La reflexión de Paula en su
regreso del Congo: "en España hemos perdido la esperanza"
La experiencia en África dio nombre a su proyecto educativo: ‘Puentes de
Esperanza, del Congo a tu aula’. Su
objetivo es acercar a los colegios españoles la realidad que vivió en Kinshasa,
mostrando a los más jóvenes cómo la fe y la educación pueden transformar
vidas.
Lo que más le sorprende, explica Paula, es que volvió del
Congo más llena que cuando partió. “Aquí en España hemos perdido la esperanza. Allí nunca escuché a nadie decir ‘un día menos’, como solemos
decir aquí. Ellos dicen ‘un día más’. Aunque no vean resultados, siguen adelante,
convencidos de que vale la pena. Y si tu vida sirve para darla, aunque sea
corta, ya es suficiente”.
José Melero Campos
Fuente: ECCLESIA

