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| Monseñor Jesús Moliné, obispo emérito de Chiclayo. Dominio público |
En esta última campaña nos muestran
dos misioneros españoles que compartieron la misión de Robert Prevost en Perú
antes de ser elegido Papa.
Cada mes de octubre, el Domund se convierte en
un altavoz global para recordar que la misión no es un recuerdo lejano, sino
una realidad viva que necesita apoyo constante. Y si algo caracteriza a las
campañas de Obras Misionales Pontificias (OMP) es su capacidad de visibilizar lo invisible:
rostros concretos, testimonios que conmueven y recursos creativos que hacen
tangible la grandeza de la misión.
Este año, la pieza central es un vídeo en el que
dos misioneros españoles —Jesús
Moliné y Eduardo
Martín Clemens— rememoran sus años de misión junto a Robert
Prevost en Chiclayo, Perú, hoy Papa
León XIV. El impacto es inmediato: el Pontífice actual no es
presentado como una figura distante, sino como alguien que recorrió pueblos a
caballo, que fue formador en seminarios y que encarnó, desde su juventud, el
espíritu misionero. Ese relato convierte al Papa en espejo y símbolo de lo que
significa la misión: salir, servir y acompañar.
El Domund ha
sabido reinventarse sin perder esencia. Este 2025 no solo ofrece
un vídeo-testimonio, sino también carteles en parroquias, guías de oración,
materiales pedagógicos —como el proyecto “Domund
en el cole”— y hasta recursos adaptados para niños con TEA. Esa
amplitud creativa convierte la campaña en una herramienta que llega a
todos: desde escolares hasta mayores, desde las parroquias
urbanas hasta las rurales.
Es un ejercicio de comunicación eficaz, no para
adornar un mensaje, sino para hacer
cercano lo lejano. Porque cuando vemos el rostro de un
misionero que ha entregado su vida en África, Asia o América Latina,
comprendemos que el Domund no es teoría: es realidad concreta que se sostiene
gracias a la oración y a los donativos.
Hay un dato que siempre sorprende y que merece
destacarse: España es el segundo país del mundo que más
colabora económicamente con el Domund, solo por detrás de Estados Unidos. Y
no es un hecho aislado: España también lidera el número de misioneros enviados
a los territorios de misión. En una sociedad marcada por la secularización,
esta respuesta solidaria revela una reserva de fe y generosidad que no se
apaga.
Cada año, millones de euros salen de parroquias,
colegios y hogares españoles rumbo a proyectos misioneros en los cinco
continentes. No son cifras anónimas: detrás hay escuelas
que se levantan, hospitales que se mantienen abiertos,
comunidades que tienen agua potable o jóvenes que acceden a formación.
El Domund es, en el fondo, un recordatorio
incómodo para una sociedad instalada en la comodidad: nos confronta con la
pregunta de hasta dónde llega nuestra capacidad de compartir. Pero también
es un espejo esperanzador: demuestra que aún en un mundo que relativiza la fe,
hay millones de personas que entienden que el Evangelio se traduce en
compromiso, servicio y ayuda concreta.
Por eso, cuando el 19 de octubre escuchemos hablar
de colectas y de campañas, conviene no reducirlo a un rito anual. El Domund es
mucho más: es la expresión de una Iglesia en salida, que con creatividad,
testimonio y cercanía sigue tendiendo puentes donde parece imposible.
En un mundo cada vez más secularizado, bien merece
un aplauso que el Domund no solo se mantenga, sino que crezca en creatividad,
visibilidad y generosidad. Porque mientras haya alguien capaz de dar y alguien
dispuesto a salir en misión, la esperanza seguirá teniendo futuro.
Les dejo el vídeo.
Zenón de Elea
Fuente: Religión Confidencial
