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David, uno de los jóvenes que participa en el proyecto de la asociación Shejiná |
En 'Ecclesia'
hemos conocido este proyecto tan especial; una casa que acoge a jóvenes que
luchan contra las adicciones, depresiones y situaciones difíciles en familia.
La casa de acogida ya ha cambiado la vida a más de 200
jóvenes: "Shejiná quiere decir 'presencia
del Señor'; el pueblo de Israel pasó por el desierto y el Señor hacía
su presencia para la llegada a la tierra prometida. En este contexto es salir
de las adicciones, de las preocupaciones y conocer un mundo nuevo".
A una edad temprana, a los 11 años,
David comenzó a probar diferentes drogas. Poco a poco, su adicción fue
creciendo y a los 16 años abandonó la vivienda familiar. Fue un amigo el
que lo acogió en su casa y junto a su novia, se convirtió en padre de un hijo.
Envuelto en una espiral de malos hábitos, fue su propia madre la que contactó
con él y le habló sobre Shejiná. Fue en ese momento cuando conoció a Pedro y este le prometió que le iban a ayudar a través
de la asociación.
El padre Pedro nos ha contado en qué consiste el proyecto
que tiene sede en la ciudad murciana: "Es
un regalo de la Virgen de Fátima, viene de una experiencia en el Seminario de
Murcia. En esos años viajé a Ecuador y allí conocí una realidad de
adicciones y de pobreza. Fue entonces cuando a mi regreso, junto al corazón misionero, decidí ponernos
manos a la obra y ayudar a muchos jóvenes que nos pedían mucha ayuda. El mensaje era que Jesucristo era el que les
ayudaría. Entonces comencé a escuchar historias que me pedían 'salir del
infierno", nos contaba Pedro.
"Poco a poco, comenzaron a llegar chicos
no solamente de Murcia si no del resto de España. Ese un punto de inflexión
porque comencé a preguntarme para qué me quería realmente el Señor, fue una
especie de "vocación dentro de la
vocación". El 13 de mayo fue cuando obtuvimos una casa para poder
hospedar a todos los jóvenes y ellos mismos empezaron a empaparse el amor de
Dios" continuaba Pedro.
En la casa, también participan voluntarios,
psicólogos, psiquiatras y un equipo humano entero que se dedica a trabajar
junto a los chicos para que puedan ser protagonistas de una realidad diferente,
mejor a la que ahora están experimentando, algo que a David también le ha
costado: "Lo más duro ha sido la
obediencia, nunca había obedecido a nadie. Eso fue muy difícil. Lo bueno es
que siempre tuvo a alguien al lado, siempre tuve alguien en quien apoyarme,
alguien con quien compartir el sufrimiento".
Además, la esfera
espiritual en la vida de David también se ha transformado: "Quien te
quiere te corrige y eso es lo que ha hecho Dios conmigo. Me ha cambiado la
manera de ver las cosas. Me ha puesto en
mi realidad, me ha acompañado desde que comencé este proceso" afirmaba
David al explicar su experiencia.
Pedro, para finalizar, ha puesto los puntos claves sobre los
que más ayuda necesitan los jóvenes en la casa:
"ser escuchados, no ser juzgados, la misericordia es lo más importante.
Los chicos que llegan no son diferentes al resto, son
valientes, vienen se forma voluntaria a enfrentarse con su cruz"
finalizaba Pedro.
Fuente: ECCLESIA