El Pontífice ha perfilado una acción concreta para promover la virtud de la esperanza en múltiples frentes sociales
«Esperanza» es la palabra con la que empieza
el Jubileo. Pero no basta solo con proclamarla a través de lemas; también se
necesita facilitar los medios para poder creer en ello. La apertura de las
Puertas Santas es un buen ejemplo de ello. Estas no son un simple formalismo ni
un gesto que simboliza la renovación de la fe al ser cruzadas.
Interior de una cárcel.
Si se
cumplen las condiciones establecidas por la Iglesia, atravesar una Puerta Santa
concede la indulgencia plenaria a
los fieles, es decir, una remisión completa que borra toda pena causada por los
pecados cometidos y confesados hasta ese momento. Esta práctica abre una puerta
de esperanza para el pecador, ofreciendo la oportunidad de recomenzar de nuevo
en su vida de fe.
La expiación de los pecados puede lograrse no solo en vida, a
través del sufrimiento o la realización de buenas obras, sino también, después
de la muerte, al atravesar el purgatorio. Es un camino hacia la reconciliación
que transforma el peso del arrepentimiento en una posibilidad de redención.
En
esta vigilia de Navidad, esa promesa de renovación espiritual toma forma de
manera simbólica y grandiosa con la apertura de la Puerta
Santa de la basílica de San Pedro. Este gesto, que ocurre solo una vez
cada 25 años, marca el inicio de un Año Santo extraordinario y llama a más de
30 millones de fieles de todo el mundo a emprender una peregrinación hacia la
Ciudad Eterna.
«Garantizar la esperanza es nuestra
tarea»
En los
próximos días también se abrirán Puertas Santas en las otras tres basílicas
papales: Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán. Pero,
¿cuál es además la novedad de este Año Jubilar? Por primera vez en la historia
y por deseo expreso del Papa, el próximo 26 de diciembre se abrirá una Puerta
Santa en una prisión, concretamente en la cárcel
romana de Rebibbia.
Francisco,
en la bula de convocación al Año Santo Spes non confundit (La esperanza no
defrauda), habla de una esperanza que se hace acción, que se convierte en
«signo tangible» para quienes más lo necesitan. Esto, para el Pontífice,
también incluye a los presos, que no solo enfrentan «la dureza del
encarcelamiento», sino también «el vacío afectivo, las restricciones impuestas
y, en no pocos casos, la falta de respeto».
Sarah
Brunetti, comandante de la Policía Penitenciaria de Rebibbia,
compartió con Vatican News su
emoción por el próximo 26 de diciembre. «Agradezco al Santo Padre su constante
atención, porque pone siempre el mundo penitenciario en el centro de la
misericordia», declaró.
El
lema de la Policía Penitenciaria, Despondere
spem est munus nostrum –garantizar la esperanza es nuestra tarea–
encaja perfectamente con el espíritu del Año Santo. Para Brunetti, la misión va
más allá de las rejas: «A menudo, quienes están en prisión se encuentran allí
porque nunca han conocido la ternura o porque no han recibido esperanza.
Nuestra tarea es dar esperanza también a la sociedad exterior, devolviéndole
personas nuevas y rehabilitadas. La esperanza es un concepto que se refiere al
futuro, pero debe construirse en el presente», expuso Brunetti.
Un recuerdo especial a los condenados a
muerte
El Pontífice ha subrayado en varias ocasiones la importancia de
ofrecer a los presos la posibilidad de cambiar sus vidas. Además, siempre
recuerda con especial atención aquellos que están condenados a muerte.
Recientemente, en el Ángelus que rezó el pasado 8 de diciembre, expresó una
petición por los condenados a muerte en Estados Unidos.
«Hoy, me nace del corazón pediros que recéis por los detenidos
que están en el corredor de la muerte. Creo que son 13 o 15. Recemos para que
su pena sea conmutada, cambiada. Pensemos en estos hermanos y hermanas nuestros
y pidamos al Señor la gracia de salvarlos de la muerte», pidió a los fieles.
Otro
ejemplo de ello fue cuando escribió el prólogo del libro Un cristiano en el corredor de la muerte, de Dale Recinella. En el prólogo,
Francisco reitera su firme oposición a la pena capital, calificándola como inadmisible
y contraria a la dignidad humana, y subraya que las ejecuciones solo alimentan
la sed de venganza, alejándose de toda noción de justicia.
Si hay algo que ha
destacado en el pontificado de Francisco hasta ahora, es su incansable llamada
a recordar a todos los miembros de la Iglesia la
Misericordia de Dios. Cuando el Papa exhorta continuamente a los fieles y
al clero a acoger a «todos, todos, todos», lo hace sobre todo para recordar que
«nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de
Dios queda sin el abrazo de su perdón».
Por este motivo, el
Santo Padre, con la apertura de esta Puerta Santa, vuelve a poner en el centro
«la libertad del amor con el cual Dios entra en la vida de las personas». El
Papa no solo quiere recordar a los cristianos más comprometidos que fortalezcan
su fe, sino también extender una invitación abierta para aquellos que se han
distanciado de Dios a encontrar su camino de vuelta, enfocando su atención en
las periferias y los marginados, un compromiso que ha sido el corazón de su
pontificado desde el principio.
María Rabell García, Corresponsal en Roma y El Vaticano
Fuente: El Debate