Los participantes en la asamblea condenaron todos los fundamentalismos, «todos debemos ser artesanos de paz»
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En la sesión informativa en la Oficina de Prensa del
Vaticano, el llamamiento a vivir la Asamblea sobre la sinodalidad como una
oportunidad para relanzar la paz y el respeto de los derechos humanos.
Conmovedor fue el testimonio de monseñor Khairallah desde un Líbano desgarrado,
doloroso y franco el de monseñor Saturné desde un Haití cada vez más inseguro:
«Los que deberían poner orden no han estado hasta ahora a la altura». Desde
Filipinas, la historia de una Iglesia misionera.
Un llamamiento urgente por la paz de todo el Sínodo. Surgió
ayer, 4 de octubre, durante los trabajos de la XVI Asamblea General Ordinaria
del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad. Los participantes en la
asamblea condenaron todos los fundamentalismos, «todos debemos ser artesanos de
paz». Al mismo tiempo, desde muchos sectores se planteó la necesidad de
denunciar las «principales causas de todo mal», es decir, el comercio de armas.
Así lo informaron hoy, 5 de octubre, el prefecto Paolo Ruffini, y Sheila
Leocadia Pires, presidente y secretaria, respectivamente, de la Comisión de
Información del Sínodo.
Desde el Líbano, el derecho de los pueblos oprimidos a
decidir su destino
«Desgraciadamente, el mundo calla o da luz verde a toda esta
violencia porque hay demasiados intereses políticos y económicos que no tienen
nada que ver con los valores cristianos": ésta es la amarga consideración
expresada por monseñor Mounir Khairallah, obispo de Batrun de los maronitas, al
ser preguntado por los periodistas en la sesión informativa de hoy, 5 de
octubre, en la Sala de Prensa del Vaticano para ponerse al día sobre los
trabajos de la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo
de los Obispos.
De un Líbano lacerado, sobre el que el testimonio del
prelado conmovió profundamente a todos los participantes, se desprende, sin
embargo, la esperanza de que, gracias también a la diplomacia vaticana, la
Tierra de los Cedros siga siendo un mensaje de paz. Así, en palabras del
obispo, que recordó cómo la Resolución sobre el reconocimiento de dos Estados y
dos pueblos (Israel y Palestina) ha sido siempre rechazada por los políticos de
Israel. «No quiero decir que todos los israelíes estén a favor de la violencia»,
señaló, »sólo que los intereses son lo primero y Occidente no nos apoya igual
que no apoya a los pueblos oprimidos. Que tengan derecho a decidir su propio
destino», subrayó. La asamblea sobre la sinodalidad es una buena oportunidad
para reafirmar la centralidad de los que más sufren la violencia y la pobreza,
reiteró a la prensa: «La mayor decisión que hay que tomar es que la Iglesia, a
través del Sínodo, sea mensajera de la convivencia, del respeto al otro y de la
necesidad de liberarnos del miedo al otro». Monseñor Khairallah concluyó:
«Sería un primer paso como una gran recomendación para la humanidad».
Al margen de la conferencia de prensa sobre el Sínodo, el
arzobispo de Cabo Haitiano se refirió a la colaboración con la Iglesia
latinoamericana y caribeña y ahondó en los desafíos ...
Desde Haití: «estamos desesperados», ¿quién es el
responsable de construir la paz?
En un estado de inseguridad crónica vive Haití, de donde
procede el testimonio de Monseñor Launay Saturné, Arzobispo de Cabo Haitiano.
«Aquellos que deberían poner orden y paz no han estado hasta ahora a la altura
de sus responsabilidades», dijo sin rodeos, hablando de un respeto por la
dignidad de la persona humana que “está lejos de ser una realidad aquí”.
Recordó la última «masacre», el 3 de octubre, que dejó setenta muertos, muchas
casas quemadas y muchos desplazados. Bandas armadas son los autores, incluso lo
habían anunciado, dijo el prelado, pero no se hizo nada para evitarlo. Estamos
desesperados», es también el desconsolado llamamiento. En la capital, el 70% de
la población se ve obligada a huir, denunció de nuevo monseñor Saturné,
subrayando el impacto negativo en la vida de los jóvenes y en la misión de la
Iglesia. Muchas parroquias han sido cerradas en el país, sin embargo la
reflexión sobre la sinodalidad ha continuado. El obispo explicó que, incluso
desde el punto de vista económico, no ha habido ningún progreso en los últimos
cinco años, que el país está cortado en dos sin posibilidad de comunicación
entre el norte y el sur, y que no hay suficiente estabilidad para preparar las
elecciones.
En este contexto, la misión, la comunión y la participación
son valores fundamentales que hay que reforzar. Muchos grupos religiosos
intentan transmitirlos a las nuevas generaciones, afirma, para que un día
puedan construir una sociedad que haga referencia a ellos. Mientras tanto, la
Conferencia Episcopal Haitiana ha pedido que el tiempo para la llamada
transición no sea demasiado largo y se ha hecho portavoz ante las «fuerzas
multinacionales» de la exigencia de asumir esta responsabilidad. Los obispos,
que agradecen al Papa la atención con la que sigue los acontecimientos en el
Estado caribeño, han hecho también un llamamiento a toda la población, porque
todos deben aportar su contribución.
Filipinas y la Iglesia misionera en el campo
Monseñor Pablo Virgilio S. David, obispo de Kalookan
(Filipinas), es miembro de la Comisión de Información de la XVI Asamblea
General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. En la reunión informativa, informó
sobre la consulta continental con los pastores que tuvo lugar entre las dos
asambleas sinodales. En particular, sobre la relación entre sinodalidad y
misión a la luz del fenómeno migratorio que afecta a Filipinas: un fenómeno no
sólo internacional sino, en los últimos tiempos, especialmente local, de las provincias
a las grandes ciudades. El prelado señaló algunos datos para poner de relieve
el aumento de los flujos procedentes del campo: de 1,5 millones de personas a 4
millones, en unos diez años, se han trasladado a Manila. Con la consecuencia de
que algunos residentes los veían como una amenaza. «Cuando vino el Papa en
2015, nos dijo que nos fuéramos a los suburbios. Y así lo hicimos. Creamos 20
estaciones de misión en mi diócesis», ahonda el obispo. Así que las parroquias
son cada vez más misioneras.
Una característica que, de alguna manera, habrá que poner en
práctica incluso en una sociedad completamente diferente como, por ejemplo, la
de Canadá, que Catherine Clifford, una de las testigos del proceso sinodal
(América del Norte), mencionó a los periodistas. «Vemos que el Sur global está
adquiriendo un papel cada vez más central en nuestras conversaciones», admitió.
Lo importante, añadió, es dejar claro -dijo que siempre lo hace con sus
alumnos- que, a pesar de los muchos retos demográficos y del proceso de vaciado
de las iglesias, «la Iglesia no está desapareciendo.
Pobres, jóvenes, mujeres, laicos: no receptores sino
sujetos
Debemos escuchar el clamor de los pobres, incluirlos como
sujetos y no como meros receptores. Este fue uno de los acentos que más se
repitió en la puesta en común de ayer. «El camino nos lo muestran los últimos,
debemos escuchar el grito de la tierra y de los pueblos». Y de nuevo, numerosas
intervenciones sobre el papel de las mujeres en la Iglesia: no debe seguir
ocurriendo, se dijo, que las mujeres que quieren servir a la Iglesia y lo hacen
con gran compromiso, se encuentren marginadas. Lo mismo ocurre con las personas
Lgbtq+. Una de las cuestiones que centró varias reflexiones se refería a los
jóvenes: ¿Qué les atrae de la Iglesia hoy en día? Varios participantes
respondieron «radicalismo evangélico». La idea más extendida es que «los
jóvenes deben respirar» y que los adultos deben respirar con ellos; esto dará
probablemente un sentido completo y comprensible a la llamada nueva
evangelización. El ecumenismo, los sínodos diocesanos, el papel del Papa en las
asambleas postsinodales fueron otros de los temas abordados. En general, se
puso de manifiesto que la sinodalidad es una forma de luchar contra el
clericalismo.
Antonella Palermo - Ciudad del Vaticano
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