Este domingo, el Papa Francisco ofreció una profunda reflexión durante el Ángelus en la Plaza de San Pedro, centrada en tres gestos esenciales que todo católico debe tener durante la Misa: ofrecer, dar gracias y compartir.
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Dominio público |
El Papa comenzó su reflexión hablando del primer gesto: ofrecer.
Recordando al muchacho que ofreció sus cinco panes y dos peces, señaló: “Es el
gesto con el que reconocemos que tenemos algo bueno que dar, y decimos nuestro
‘sí’ incluso si lo que tenemos es demasiado poco con respecto a lo que se
necesita”. Durante la Misa, este gesto se observa cuando el sacerdote ofrece
sobre el altar el pan y el vino, y cada fiel se ofrece a sí mismo y su propia
vida.
El Santo Padre enfatizó que, aunque nuestros dones puedan
“parecer poca cosa”, en manos de Dios pueden convertirse en la “materia para el
milagro más grande”: “Aquel en el que Él mismo, ¡Él mismo!, se hace presente
entre nosotros, para la salvación del mundo”.
2. Dar Gracias
El segundo gesto es dar gracias. En el Evangelio, Jesús toma los
panes y da gracias antes de compartilos. El Papa explicó que dar gracias es
reconocer que todo lo que tenemos es un don de Dios: “Todo lo que tengo es don
tuyo, Señor, y para agradecértelo solamente puedo devolverte lo que Tú me has
dado primero, junto con tu Hijo Jesucristo, añadiendo lo que puedo”.
Además, subrayó que cada uno de nosotros puede dar algo, incluso
si es pequeño: “Quien es pequeño, ¿qué puede dar? Su pobre amor. Puede decir:
‘Señor, te amo’. ¡Nosotros somos pobres, nuestro amor es tan pequeño! Pero
podemos dárselo al Señor, y Él lo acoge”.
El tercer gesto es compartir, que se manifiesta plenamente en la
Comunión durante la Misa. “En la Misa es la Comunión, cuando juntos nos
acercamos al altar para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo: fruto del don
de todos transformado por el Señor en alimento para todos”, explicó el Papa.
Este momento, agregó, “nos enseña a vivir cada gesto de amor como un don de la
gracia, tanto para quien da como para quien recibe”.
El Papa Francisco concluyó su reflexión invitando a todos a
preguntarse sobre su propia disposición a ofrecer, dar gracias y compartir:
“¿Yo creo verdaderamente, por gracia de Dios, que tengo algo único que
donar a los hermanos, o me siento anónimo, ‘uno entre muchos’? ¿Poseo un bien
que puedo donar? ¿Agradezco al Señor los dones con los que continuamente me
manifiesta su amor? ¿Vivo el compartir con los demás como un momento de
encuentro y enriquecimiento recíproco?”
Finalmente, pidió la intercesión de la Virgen María para vivir
con fe cada Eucaristía y reconocer los “milagros” de la gracia de Dios en
nuestra vida diaria.
Por Diego López Marina
Fuente: ACI